Llegas a Gardela y lo primero que te golpea no es el letrero. Es el olor. Humo e incienso desde la entrada, carbón encendido, proteína madurando. No es sutil. Tampoco intenta serlo. Es una declaración: aquí se cocina con fuego real.
Desde 2016 fue de los primeros en apostar seriamente por la carne dry aged en México. Esa decisión sigue definiendo su identidad. Mientras otros restaurantes de carne vendían humo con narrativa, Gardela instaló cámaras de añejamiento, marcó fechas de maduración en cada corte y se puso a trabajar.
El espacio está calibrado para que la carne sea protagonista. Luz contenida, estética de bodegón sin caricatura, hospitalidad correcta desde la recepción. No hay teatralidad excesiva. Solo intención clara. El discurso no es "fine dining argentino con concepto". Es parrilla entendida como técnica, no como nostalgia.
Te podría interesar
Lo sabes desde el display de entrada: cortes con fecha exacta de entrada a dry age. New York con 28 días. Ribeye con 35. No es decoración. Es trazabilidad. Y eso separa una parrilla seria de parrilla decorativa.
La cocina confirma la tesis. Asador argentino de manivela. Horno de carbón. Espacio impecable.
La ensalada Gardela parece un gesto lateral hasta que la pruebas. Carpaccio de jitomate, queso de cabra, balsámico, aceituna. Dulzor vegetal que limpia el paladar y prepara terreno para una proteína seria. Funciona porque está pensada como estructura, no como relleno para que el mesero tarde menos en traer tu corte.
Luego llega lo que realmente define al lugar: carne tratada como materia viva. El dry age rompe colágeno, suaviza fibras, intensifica sabor. No es un gusto inmediato para todos; el paladar mexicano a veces lo percibe agresivo. Pero cuando está bien ejecutado, es profundidad, no intensidad gratuita.
Para cuando llega el Denver uno piensa que ya no puede sorprenderse. Pero estimado lector, sucederá. Aparece un corte delgado, brasa y una parrilla en la mesa, ideal para hacer sellado rápido, reacción de Maillard controlada, jugo retenido. La magia ocurre, literalmente frente al comensal. El mesero no tiene que contarte la historia del corte. El corte te la cuenta solo.
¿Hay puntos débiles? Despreciables. Un cuchillo de carne con la punta un poco chueca, pero nada que espante y aquí está la diferencia: Gardela no intenta venderte una experiencia. Te vende carne bien cocinada. Y en una ciudad donde muchos lugares cobran como Gardela pero cocinan como si estuvieran apurados, esa honestidad vale más que el hype.
¿Es barato? No. ¿Es honesto? Sí. No es un lugar para "ir a ver qué tal". Es un lugar para gastar con intención. La promesa es simple: comer bien, sin coreografía innecesaria.
Y aquí viene lo incómodo: ¿por qué lugares así son la excepción y no la regla en la escena de los cortes de carne en CDMX?
Porque la mayoría vende narrativa antes que ejecución. Gardela hace lo contrario: cocina como si tuviera algo que demostrar, aunque ya no lo necesite.
Gardela (92/100. Referencia sólida)
Ubicación: Álvaro Obregón 31, Roma Nte, CDMX
Imprescindibles: Denver, cortes dry aged | Sólido: Ensalada Gardela | Puede mejorar: Detalles mínimos
Servicio: profesional y atento
Rango de precio: $$$$
Reservaciones: Recomendadas
