#CRITERIOALAMESA

Lindy, o cómo la Condesa aprendió a cocinar en serio

Lindy es lo que la Condesa necesitaba sin saberlo: un restaurante de barrio con técnica real, no "cocina de autor" con montaje ridículo, no "experiencia gastronómica" con discurso vacío; cocina y punto. | Yoab Samaniego

Créditos: Miguel Salamanca
Escrito en OPINIÓN el

Llegué a Lindy con el codo destruido. Una lesión que me obligaba a pelear con cada mejillón como si estuviera desarmando una bomba con una sola mano. No es la mejor forma de evaluar un restaurante. Pero resultó ser la prueba perfecta.

Porque cuando un lugar cocina bien, cocina tan bien que ni siquiera tu propia torpeza física puede arruinarlo.

Lindy es lo que la Condesa necesitaba sin saberlo: un restaurante de barrio con técnica real. No "cocina de autor" con montaje ridículo. No "experiencia gastronómica" con discurso vacío. Cocina. Punto.

Alan Feldman, el chef, salió del Culinary Institute of America y armó un menú que no intenta impresionar a nadie. Mejillones en salsa XO. Camarones tatemados con arroz basmati. Un ribeye inspirado en Peter Luger. Ostiones de Santomar. Pan de masa madre con mantequilla compuesta.

Todo suena sencillo. Nada lo es.

Foto: Miguel Salamanca

Los mejillones —380 pesos la ración— son de los mejores de la ciudad. Y lo digo después de haber probado los que cobran el doble en lugares que se creen más importantes. La cocción es exacta: ni sobrecocidos ni crudos, sabor oceánico sin exceso, salsa XO con reducción inteligente. Las papas que acompañan están bien, aunque hubiera preferido menos dorado.

Pero el mejillón en sí es una declaración de principios: se puede hacer comfort food sin bajar la guardia técnica.

Los ostiones llegaron en fuente fría. Ese detalle —que en otros lugares se omite por pereza— habla de un equipo que sí entiende higiene y etiqueta. Los camarones, cocción casi perfecta. El ribeye, bien ejecutado aunque sin salamandra (se glasea en sartén, a la rústica). El pan de masa madre, espectacular.

¿Qué falla? Nada grave. Quizás el precio del ribeye —960 pesos— es alto para lo que es, pero estamos en la Condesa. Aquí pagar casi mil pesos por un corte ya es rutina, aunque no siempre esté justificado.

Lo que me queda claro después de tres tiempos y dos postres es que Lindy no es un restaurante "de moda". Es un restaurante que se puso de moda porque hace las cosas bien. Hay diferencia.

El servicio lee al comensal. No ahogan, no atropellan tiempos. La terraza tiene pérgola cómoda, muebles de calidad. Se nota que pensaron en cada detalle.

Y aquí viene lo incómodo: ¿por qué lugares así son la excepción y no la regla en la Condesa?

Porque la mayoría de los restaurantes de barrio en esta colonia cobran como si fueran Lindy pero cocinan como si estuvieran apurados. Lindy hace lo contrario: cocina como si tuviera algo que demostrar, aunque ya no lo necesite.

97/100. Referencia obligada.

Lindy
Av México 31, Colonia Condesa, Cuauhtémoc, CDMX
Imprescindibles: Mejillones | Sólido: Ostiones | Puede mejorar: Rib eye | Servicio: profesional
Rango de precio: $$$

Yoab Samaniego

@yoabsabe