#CRITERIOALAMESA

El taquero no necesita que le notifiques nada

Cuando una app de reservación de restaurantes avisa que hay mesa, no está alertando que hay comida buena esperando, está notificando que alguien ganó algo que otros perdieron. | Yoab Samaniego

Escrito en OPINIÓN el

Son las nueve de la noche en la esquina de Aguascalientes y Medellín, y el taquero de la esquina no tiene lista de espera. Tampoco aplicación, ni notificación, ni una hostess con tablet preguntando el nombre de la reservación. El comensal pide, paga, come parado, se va. Todo el trámite dura menos de lo que tarda en cargar la pantalla de OpenTable en el teléfono de alguien, tres cuadras más allá, que acaba de activar una alerta “Notifícame” para una mesa en Contramar.

Ese gesto —activar la alerta y esperar— se volvió, según el más reciente reporte de tendencias de OpenTable, un ritual generalizado: las alertas de este tipo crecieron 78% en un año, concentradas sobre todo en un puñado de direcciones: Contramar, Handshake Speakeasy, Cocina del Mar. El comensal más dedicado, dice el mismo estudio, está dispuesto a esperar hasta 33 minutos por una mesa. No por el mejor plato de la noche. Por la mesa.

Ahí está la diferencia con el puesto de la esquina, que nunca tuvo mesa que ofrecer y por eso nunca tuvo que fabricar el deseo de una. El taquero no necesita generar expectativa: tiene comal, tiene clientela que regresa porque el taco de ayer estuvo bueno, y tiene una lógica de servicio que no depende de que nadie se sienta elegido al conseguir lugar.

La reservación difícil, en cambio, funciona como lo hace la ropa de edición limitada: el valor no está solo en la prenda, está en haberla conseguido antes que otro. Cuando la app avisa que hay mesa, no está alertando que hay comida buena esperando, está notificando que alguien ganó algo que otros perdieron.

Y ahí entra el comensal, no como víctima del sistema sino como su combustible. Nadie obliga a nadie a programar una alerta para una mesa de speakeasy. Se hace porque conseguirla se volvió, en sí misma, la experiencia que se va a presumir, antes incluso de que llegue el primer trago.

Mientras tanto, la señora de los tacos de canasta sigue sirviendo sin drama, sin lista, sin la coreografía de la escasez fabricada. Su producto no necesita ser difícil de conseguir para ser bueno. Solo necesita ser bueno.

¿Cuánto de lo que perseguimos en esta ciudad es comida, y cuánto es la notificación de que por fin la conseguimos?

Yoab Samaniego

@yoabsabe