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Comer bajo la lluvia

La lluvia no sólo inunda calles, también pone a prueba el sustento de quienes atienden, por ejemplo, el puesto de quesadillas de la esquina ¿a quién eliges apoyar cuando cambia el clima? | Yoab Samaniego

Escrito en OPINIÓN el

El puesto de quesadillas de la esquina tenía una lona azul amarrada con cordel a un poste de luz, y bajo esa lona, la señora seguía sirviendo. El agua le llegaba a los tobillos. Los comales seguían prendidos. Nadie del otro lado de la calle —donde un restaurante con terraza techada y valet parking recibía comensales sin que una sola gota les tocara el saco— parecía notar que a media cuadra alguien sostenía su negocio con una cubeta y las dos manos.

Julio nos ha recordado algo que preferimos olvidar entre comida de autor y reseñas de aniversario: la ciudad no distribuye la lluvia de forma pareja. Este mes ya hubo alerta roja en tres alcaldías en una sola noche, inundaciones que colapsaron el sur de la capital, autos varados en Tlalpan, coladeras que dejaron de desalojar agua con normalidad. La Secretaría de Gestión Integral del Agua (Segiagua) identificó 56 puntos de riesgo antes de que empezara la temporada. La mitad de esos puntos son también, sin que nadie lo documente, zonas donde comer en la calle.

Cuando llueve fuerte, el comensal formal no pierde nada. Cambia de plan: pide por app, se queda en casa, elige el lugar con antesala techada. El restaurante con inversión responde con calefactores, sombrillas, meseros que corren con paraguas hasta el coche. La infraestructura protege a quien ya tenía infraestructura.

El vendedor de la calle no tiene ese amortiguador. No hay seguro que cubra el bote de fritangas que se echó a perder porque el agua entró al carrito. No hay plataforma que reparta su comida cuando arrecia la tormenta, porque las apps no lo tienen registrado: no tiene RFC, ni fotos profesionales, ni menú digital. Su clientela, la que camina hasta él todos los días, es la primera en desaparecer cuando el cielo se pone feo, precisamente porque puede darse el lujo de no salir.

Ahí está el fondo incómodo del asunto. La lluvia no arruina por igual: arruina primero a quien ya vivía al margen, y lo hace invisible justo cuando más necesitaría que alguien lo viera. Nosotros, mientras tanto, decidimos con el clima como excusa a quién le damos de comer esta semana y a quién dejamos remando solo.

La próxima vez que truene fuerte y dudes entre el puesto de siempre y la app que no moja los zapatos, ¿a quién eliges proteger?

Yoab Samaniego

@yoabsabe