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La mesa que se quedó sin selección

La mesa mexicana nunca necesitó que ganáramos: necesitaba una razón para reunirse, y cualquier pretexto sirve igual de bien que el anterior. | Yoab Samaniego

Escrito en OPINIÓN el

La pantalla del restaurante en Reforma seguía mostrando los goles de México en fase de grupos, en loop, dos días después de que la Selección se despidiera del Mundial en el Estadio Azteca. En la barra, un letrero de acrílico: "Si gana México, la ronda va por la casa". México ya no puede ganar nada. Nadie había quitado el letrero.

Desde el 11 de junio la ciudad montó una industria paralela al torneo: menús de cancha, cócteles que se sirven cuando anota el Tri, azoteas rebautizadas como gradas, colaboraciones de chef diseñadas para durar exactamente 39 días, del silbatazo inicial a la final en Nueva Jersey. FIFA vendió suites de hospitality entre 35 mil y 75 mil dólares con "gastronomía exquisita inspirada en sabores locales". Afuera del Azteca, los que de verdad cocinan lo local seguían despachando desde una lona, sin activación de marca ni cobertura, con el mismo esfuerzo de siempre y ninguno de los reflectores.

Lo raro no es que el negocio existiera mientras México jugaba. Es que sigue exactamente igual ahora que México ya se fue a casa. Las promociones corren hasta el 19 de julio sin ajustar una coma, porque nunca dependieron del resultado. Dependían de la excusa. El gol era el pretexto para vender lo que ya se iba a vender: micheladas, botanas, una pantalla grande y la sensación de estar en algún lado que importa.

Y ahí es donde entra el comensal, que sigue llegando aunque ya no haya nada que celebrar. Pide su ronda gratis que ya nadie va a activar, aplaude highlights de un torneo que su equipo ya no juega, y paga gustoso por la escenografía de una fiesta que perdió a su invitado de honor. No es nostalgia. Es que la mesa mexicana nunca necesitó que ganáramos: necesitaba una razón para reunirse, y cualquier pretexto sirve igual de bien que el anterior.

Mientras tanto, a unas cuadras del estadio que ya se despidió del Mundial, alguien sigue parada frente a un comal sin menú temático, sin cuenta regresiva y sin ronda gratis que ofrecer, cocinando lo mismo que cocinaba antes de que llegara la fiesta y lo mismo que va a cocinar cuando se vaya.

¿Cuánto tiempo más vamos a seguir pagando por ver un partido que ya perdimos, solo porque el mesero todavía trae la salsa con los colores correctos?

 

Yoab Samaniego

@yoabsabe