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Reseña, crítica y el problema de no saber quién habla

Reseña y crítica no significan lo mismo, confundirlas no es un error semántico menor: es el origen de buena parte del ruido y la desconfianza que hoy rodea al discurso gastronómico. | Yoab Samaniego

Escrito en OPINIÓN el

En gastronomía usamos palabras como si fueran intercambiables. No lo son. Reseña y crítica no significan lo mismo. Confundirlas no es un error semántico menor: es el origen de buena parte del ruido y la desconfianza que hoy rodea al discurso gastronómico.

Una reseña describe. Cuenta qué hay, cómo es el lugar, qué se come, cuánto cuesta. Puede incluir opinión, pero su función principal es informar. Es una fotografía comentada. Su valor está en la claridad, no en la autoridad.

La crítica, en cambio, juzga. Analiza, contextualiza, compara, interpreta. Exige conocimiento previo, marco histórico, criterio técnico y ética clara. No solo responde si algo gusta o no, sino por qué funciona y para quién. No es una reacción: es una construcción argumentada.

El problema empieza cuando todo el mundo quiere hacer crítica, pero pocos están dispuestos a asumir lo que eso implica.

Porque la crítica no es una opinión con adjetivos rimbombantes. No es decir "sobrevalorado" y marcharse. Tampoco es una pataleta disfrazada de autoridad. La crítica exige método, memoria, comparación y responsabilidad pública.

Hoy cualquiera que coma y tenga un celular siente que puede "criticar". Comer no te convierte en crítico, así como ver películas no te convierte en cineasta. El problema no es que existan reseñas personales —bienvenidas sean—, sino que se presenten como críticas sin serlo.

La reseña es legítima desde la experiencia individual. La crítica reclama una posición profesional. No moralmente superior, pero sí más exigente. Implica haber comido más, leído más, entendido procesos, productos, técnicas, contextos culturales y económicos. Y, sobre todo, saber dudar de uno mismo.

El buen crítico no parte de "mi gusto". Parte de preguntas incómodas: ¿Esto está bien ejecutado según lo que promete? ¿Aporta algo o solo repite fórmulas? ¿El precio tiene sentido frente a la técnica? ¿A quién le habla este lugar y con qué honestidad?

Nada de eso cabe en una story de 15 segundos.

No todos deben hacer crítica. Y no pasa nada. Hay excelentes reseñadores, divulgadores valiosos, cronistas sensibles. El problema no es el rol: es la impostura. Fingir que se hace crítica cuando en realidad se vende experiencia personal, intercambio comercial o simple entusiasmo.

La crítica tampoco es destrucción. Puede ser dura, pero es justa. Puede señalar fallas sin humillar. Criticar no es "tirar hate". Criticar es pensar en voz alta con responsabilidad pública.

Vale la pena preguntarnos qué leemos y a quién escuchamos. ¿Nos están reseñando o criticando? ¿Nos informan o convencen? ¿Hay criterio o solo ruido?

No todo tiene que ser crítica. Pero cuando alguien se asume como crítico, conviene exigirle algo más que apetito y followers.

Porque comer se puede aprender. Pero pensar lo que se come, y explicarlo con rigor, es otro oficio. Y como todo oficio, no se improvisa.

Yoab Samaniego

@yoabsabe