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Crítica con método: breve manifiesto

Crítica con método o nada, paga tu cuenta, trae tu contexto y argumenta; si no, no es crítica: es mercancía. | Yoab Samaniego

Escrito en OPINIÓN el

Abundan “reseñas” que no reseñan nada: foto bonita, frase hueca y una cortesía en la cuenta. ¿Eso orienta a alguien? No. La crítica es otra cosa: incomoda, pregunta y, sobre todo, tiene método.

¿Qué es crítica?

Es un juicio argumentado sobre una experiencia completa: sala, cocina y contexto. No es “me gustó/no me gustó”, es por qué funciona o no, con pruebas sobre la mesa: producto, técnica, sazón, identidad, servicio, ambiente, valor–precio y efecto en la cultura que la rodea. La crítica reconoce límites (día, hora, menú) y aun así se compromete con una conclusión.

¿Qué no es crítica?

No es publinota, no es canje, no es “te invito y me subes”. No es un video de 30 segundos con música épica. No es una lista de adjetivos ni un paseo por la decoración. Si no pagas (o no declaras lo contrario), si no vuelves cuando hay dudas, si no preguntas a quien cocina y sirve, eso no es crítica: es promoción con aro de luz.

¿Cómo se hace, entonces?

Con método y transparencia. Pagar la cuenta cuando corresponde; si hay invitación, se declara. Volver sin avisar si la experiencia levantó banderas. Preguntar con respeto: de dónde viene el producto, qué técnica se usa, por qué esa receta aquí y ahora. Comparar con el mercado y con sus pares: ¿qué ofrece distinto?, ¿en qué falla? Medir con criterios claros (sabor y técnica, identidad y autenticidad, servicio, ambiente, valor–precio, impacto) y sostener el juicio con ejemplos, no con poses.

¿Y las estrellas?

Las estrellas no son decoración; son una síntesis de un argumento. No existen medias tintas. Cuando las doy, lo hago en un formato específico —#EstoNoEsUnaReseña— con metodología publicada y reglas claras. Esta columna no es para “calificar”: es para pensar la gastrocultura que producimos y consumimos.

¿Dónde está el conflicto de interés?

En todas partes: amistades, patrocinios, invitaciones, afinidades. El antídoto no es la pureza imposible, es la declaración. Si hay relación, se dice. Si es tema sensible, me excuso. La credibilidad no se presume: se trabaja.

¿Y la cocina, qué?

La crítica no va contra la cocina; va a favor del oficio y del comensal. Señalar un error de cocción, un menú hecho para la foto o un precio injustificado no destruye nada: ordena la conversación y protege lo que sí vale.

Al lector, una invitación: exija método a quien opina de su comida. Pregunte si pagó, si volvió, si comparó, si puede explicar por qué un plato merece su dinero y su tiempo. El resto es ruido.

Crítica con método o nada. Paga tu cuenta, trae tu contexto y argumenta. Si no, no es crítica: es mercancía. Aquí no venimos a vender; venimos a entender lo que comemos.

Yoab Samaniego

@yoabsabe