El INEGI confirmó el 17 de junio que el gasto de los hogares se encamina a un avance nulo y que lo poco que crece el consumo se destina al exterior. El consumo de bienes importados crecía un 13% anual, mientras que el de bienes nacionales apenas avanzaba un 0.2%. Por lo tanto, cuando los mexicanos llegan a gastar, no compran bienes mexicanos, lo cual constituye el diagnóstico de una economía que mueve mercancías, más ya no puede fabricarlas competitivamente.
Desde enero, el gobierno impuso aranceles del 5% al 50% a 1,463 fracciones, de las cuales la gran mayoría eran de origen chino, con la intención de proteger la industria nacional y elevar la producción local. El resultado de esta acción fue todo lo contrario de lo prometido, pues el déficit comercial con China aumentó. México le ha comprado a China 42,851 millones de dólares y apenas le ha logrado vender 4,994 millones, con un déficit comercial de aproximadamente 38 mil millones que, lejos de achicarse, ha crecido. El arancel no solo sustituyó las importaciones, sino que también encareció el consumo y aumentó la recaudación fiscal.
Los aranceles solo pueden desviar la demanda hacia un producto nacional cuando dicho producto existe y tiene capacidad para competir; de lo contrario solo termina pagando más el consumidor por lo mismo. México no tiene manera de sustituir lo que consume de China; el producto más comprado a este país fue el de teléfonos, por casi 371 millones de dólares al mes. Por lo tanto, la estrategia arancelaria no solo no fortalece la industria local, sino que además implica un impuesto adicional.
Te podría interesar
El intercambio resulta sumamente dispar: por cada dólar que México le vende a China, le compra alrededor de nueve. Lo que más le vende México es mineral de cobre, que China termina por vender en forma de teléfonos y electrónica, que encabezan nuestras importaciones. Vendemos barato lo que producimos y compramos caro lo que otros transforman, una posición de desventaja económica que un país debería aspirar a dejar atrás.
El sistema de exportaciones en México se basa en piezas que se exportan; las cuales crecieron un 30% anual en abril y son la gran parte de lo que importamos de todo el mundo. México importa las piezas, les da una capa de trabajo y las devuelve; cuando el mexicano consume, lo hace con lo importado. En los dos casos, los bienes solo cruzan el país y el valor que se queda es muy poco, y cada peso que se gasta se va en un producto importado, el cual no genera trabajos ni mete en la cadena de valor a proveedores locales.
La solución a esto no es imponer más aranceles. Las “mejores ventajas comparativas” no se decretan; se construyen con energía confiable, créditos accesibles, certidumbre jurídica y un Estado de derecho que invita a invertir y producir en el país. Un país que deja pasar la riqueza de otros no construye la propia, y mientras se siga confundiendo movimiento con producción, el país seguirá siendo solo el camino de la riqueza y no quien la produce.
