CANSANCIO

El sistema de exterminio: de la fábrica de Blanc al algoritmo del cansancio

Los humanos ya no son sujetos de una explotación impuesta, sino verdugos de sí mismos en esa "sociedad del cansancio", estamos en la era del algoritmo como competidor final. | Rubén Islas

Escrito en OPINIÓN el

"Una economía basada en el método de la libre competencia es un sistema de exterminio". La sentencia de Louis Blanc no ha perdido un ápice de su ferocidad original; al contrario, ha ganado la vigencia amarga de las profecías cumplidas. Lo que en el siglo XIX era una carnicería física en las naves industriales, donde el músculo del obrero se ofrendaba al altar de la rentabilidad, hoy ha mutado en una carnicería del espíritu. El sistema ya no necesita látigos externos, ha logrado la proeza perversa de colonizar la conciencia. Los humanos ya no son sujetos de una explotación impuesta, sino verdugos de sí mismos en esa "sociedad del cansancio" que Byung-Chul Han ha descrito con precisión quirúrgica. 

La libertad del siglo XXI es el disfraz de una autoexplotación voluntaria donde el burnout y la depresión no son fallos del sistema, sino los escombros naturales de una competencia que exige el rendimiento absoluto hasta la consumación del ser.

Pero el exterminio no se detiene en el agotamiento del psiquismo; avanza con paso firme hacia la frontera de la obsolescencia. Se ha cruzado el umbral hacia un mundo donde lo humano, con su lentitud, su duda y su sagrada imperfección, empieza a ser visto como un estorbo para el flujo incesante del capital. Es la era del algoritmo como competidor final. En este tablero de “darwinismotecnológico, la inteligencia artificial y la robótica no se presentan como extensiones de las  capacidades, sino como sustitutos de la esencia del ser humano. Si el método es la competencia y el fin es la eficiencia, el hombre es, por definición, el perdedor predeterminado. Se corre el riesgo de habitar la pesadilla de Spielberg: unos seres biológicos que aún albergan la capacidad de amar y sufrir, pero que han sido desechados por un sistema que prefiere la frialdad infalible de la máquina. El exterminio hoy es la irrelevancia.

Frente a este Leviatán sin carne que amenaza con devorar la voluntad, el único acto de rebeldía posible es el rescate de la fraternidad y la cooperación. No una fraternidad de consignas vacías, sino una colaboración creativa que rompa la lógica del utilitarismo. 

Volver a Sócrates para sobrevivir a la IA y a los robots. La salvación de lo humano reside en recuperar la mayéutica, el diálogo que parlotea ideas, no solo datos, y aplicarla incluso a nuestra relación con lo artificial. Solo si logramos establecer un vínculo dialéctico con la tecnología, una relación de partería y no de servidumbre, podremos aspirar a un nuevo renacimiento universal. Un humanismo que denuncie que el valor de la vida no se mide por su capacidad de competir, sino por su capacidad de dialogar y de reconocerse en el otro. Si hemos de evitar que el sistema complete su ciclo de exterminio, será porque fuimos capaces de oponer al algoritmo la persistencia innegociable del logos y la calidez de un encuentro que el mercado jamás podrá automatizar.

Rubén Islas

@RubenIslas3