El oro fue el commodity con el mayor rendimiento. Sólo en el 2025, el precio del metal registró un incremento de 50% y superó por mucho la rentabilidad que mostraron las acciones a nivel mundial –la mayoría de las materias primas, así como activos como Bitcoin– para alcanzar los 4 mil dólares por onza.
Ante los temores por el rumbo de la inflación en Estados Unidos, el efecto de los aranceles, los riesgos geopolíticos, los ataques a la autonomía de la Reserva Federal (FED) y el paquete fiscal del vecino país, se observó un debilitamiento de la confianza global por el dólar como refugio seguro, lo que abre una ventana para nuevos máximos históricos en el valor del oro.
El incremento en el precio de este metal se respaldó, en parte, por la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022, las mayores compras de oro por parte de los bancos centrales sobre todo de economías emergentes como China, India, y Polonia, quienes buscaron reducir su dependencia del dólar, la perspectiva de tasas más bajas y la preocupación por eventuales sanciones financieras por parte de Estados Unidos.
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Lo anterior se suma a la mayor demanda para su uso en la industria de tecnologías y en la fabricación de joyería.
Además, la incertidumbre política y fiscal en varias de las principales economías, como las de Francia y Japón redujo el atractivo del yen y el euro, lo que llevó a los inversionistas a cubrir sus posiciones en otros activos, como el oro y plata.
Los que más saben del tema aseguran que el metal dorado se considera un activo de refugio porque conserva y aumenta su valor ganando atractivo en tiempos de turbulencia económica, incertidumbre geopolítica y alta inflación.
No hay que olvidar que la demanda principal de esta materia prima proviene de la industria de joyería con alrededor de 30%, seguida de monedas y lingotes, así como por parte de bancos centrales e inversionistas, por lo que el commodity también subió su valor en momentos de elevado riesgo inflacionario.
Y ya que hablamos de finanzas, si bien el consenso de los analistas asegura que el país está muy lejos de enfrentar una crisis como la de 1995 y la economía tampoco está detenida por alfileres, lo cierto es que el crecimiento para 2026 será más bajo al esperado.
Incluso, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó que la economía mexicana crecerá cerca de 1.5% del Producto Interno Bruto (PIB), después de un complicado y casi perdido 2025.
Y es que el mayor problema se centra en el casi nulo crecimiento del PIB que genera un estancamiento en el producto per cápita que, por cierto, lleva 8 años en una situación complicada.
Los más enterados del tema afirman que en el 2026 se observará un moderado optimismo y una “gradual” recuperación de la inversión tanto pública como privada después de registrar caídas importantes, lo que podría significar un mejor año para el empleo, para el bolsillo de los mexicanos y para el consumo, muy a pesar de que la inflación subyacente no termina de ceder.
Así las cosas…
