RVDMO. APÓSTOL SAN JUDAS TADEO PATRONO DE LAS CAUSAS DESESPERADAS
Altísimo Gestor de las Angustias:
Con un mucho de humildad y un máximo de arrepentimiento, debo iniciar esta carta confesando a Vuestra Beatitud que soy un mal creyente. Antes que cualquier cosa, reconozco y acepto que en el ejercicio de este desordenado y azaroso oficio que es el periodismo, he llegado a acumular una grosera cantidad de ofensas al dogma, pues he pecado de pensamiento, de palabra, de obra y de omisión, y ni de lejos he seguido los preceptos que marca el catecismo para ser absuelto por tanta falta, pues no practico el examen de conciencia, ni padezco dolor de corazón, ni percibo propósito de enmienda, y mucho menos siento el firme deseo de no volver a caer en tentación.
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Soy un réprobo, Vuestra Augusta Veneración. No me cabe duda de que he tenido una existencia licenciosa, por no decir disoluta y disipada, muy alejada de los preceptos de la fe y, sin embargo, siendo como soy una oveja que cumple con todos los requisitos para ser calificada de descarriada, e incluso de oveja negra, hoy me acojo a Vuestra Benevolencia en demanda de piedad y consuelo, con una oración que puede no ser exacta (pues la saqué de Internet), pero espero sí sea debida y aceptable:
Glorioso Apóstol San Judas Tadeo, siervo fiel y amigo de Jesús, tú que eres el bendito patrón de los casos difíciles y desesperados, ruega e intercede por mí con presteza, pues me encuentro agobiado en esta hora de gran desdicha.
Ese es el asunto que hoy traigo entre líneas: un caso difícil y desesperado, causa de agobio y de gran desdicha. No le será difícil interceder a Vuestra Esforzada Santidad en ese enredo, pues también se le considera patrono de las causas imposibles, y ésta no lo parece tanto. Además, sospecho que a estas alturas estará sensibilizado con la tragedia que vive el pueblo de México, pues estoy enterado por los medios electrónicos que, por cortesía del campeón de la mercadotecnia nacional, el nobelísimo Doctor Simi, un fragmento de Vuestro Venerable y Sagrado Esqueleto recorre las planicies y las montañas del país, provocando toda suerte de reverencias, postraciones, histerias, soponcios y desvanecimientos, que a todas luces desbordan los límites de la adoración, y alcanzan sin dificultad los niveles de la idolatría.
Queda así demostrado el poder que Su Peregrina Deidad ejerce sobre las masas, y ese sería precisamente el objeto y el sujeto de esta rogativa, definida por el diccionario como una “oración pública hecha para conseguir el remedio de una grave necesidad”. Así pues, paso a solicitar su intercesión en nombre del sabio y fervoroso pueblo mexicano, puesto que se trata de una catástrofe colectiva, por lo cual voy a formular en plural la segunda parte de esta plegaria (aunque en Internet venía en singular):
Nuestro muy Sagrado San Judas Tadeo, socórrenos visible y prontamente, no desoigas nuestra petición, pues acudimos a ti con impaciencia y con la mayor de las esperanzas. Ven pronto en nuestro auxilio en este momento de gran tribulación que aflige nuestras almas.
Expuesto el problema, siento que ahora es mi deber explicar cuál es el momento de gran tribulación que aflige nuestras almas. Me hago cargo de que Su Incorpórea Divinidad no estará enterado de los detalles del acontecer mundial, atareado como de seguro está con tanta petición de amor y desamor, de reconciliaciones complicadas, de reyertas familiares, de perdones insulsos, de olvidos piadosos, de éxitos monetarios, de curaciones milagrosas, y quizás hasta de comunicaciones con ultratumba, pues esas y no otras son las causas que las almas simples consideran dificultosas e inalcanzables.
El dilema que le traigo a Vuestro Celestial Poderío es algo más complejo. Resulta que hace unas pocas semanas un ángel maligno, para más señas de luengo y colorido copete, digamos que entre rubio cenizo y anaranjado pasión, de verbo seductor y prosa inflamada, de mirada torva y taladrante, se hizo con el trono del imperio más poderoso de la galaxia, pasando a ocupar un palacio forrado de mármol blanco y deslumbrante, desde el cual amenazó a todas las naciones del mundo mundial con reducirlas a poco menos que cenizas, si no aceptaban sin chistar sus dicterios y sus caprichos.
La página de Internet que consulté, no se lo voy a ocultar a Vuestra Santa Clemencia, recomienda repetir una y otra vez las estrofas de esta oración mientras se expone el problema así que, antes de pasar adelante con los detalles, me voy a permitir insertar otro fragmento de la plegaria, con el propósito de enternecer su bondadoso corazón.
Acudimos a ti, Sagrado San Judas Tadeo, sabiendo que es grande tu bondad y no dejarás de ayudar a quien a ti recurre en sus penas y aflicciones, pues por tu nombre, Santo Judas Tadeo, sabemos que en tu pecho robusto se aloja un corazón tierno.
Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos, habría dicho Don Porfirio. Y así es, porque fuimos al primer sitio donde tornó su infausto y altanero rostro esta versión moderna del demonio, amenazando desde ya con machacarnos, aplastarnos, invadirnos, encerrarnos y anexarnos, para lo cual nos apuntó con las más pérfida y letal de las armas modernas, misma que amenaza con dejarnos en la más penosa de las ruinas: los aranceles.
Como de la letalidad de ese diabólico artefacto su humilde devoto no sabe nada, y no es difícil imaginar que Su Inmutable Santidad ande en las mismas, me permití efectuar una investigación relámpago, una especie de encuesta improvisada, carente por completo de parámetros y de metodología, que no solo me confundió más de lo que ya estaba, sino que me dejó perplejo y aturdido. Como no soy quien para interpretar la economía en su sublime complejidad, que a veces se torna notoria contradicción, le pasó en forma de bullets las tres conclusiones de mi inquisitoria, con la esperanza de que Su Venerable Luz pueda alumbrar los inescrutables designios de mis informantes.
- Un tercio de las almas sufrientes que consulté no oculta su temor: una guerra comercial con el imperio nos dejaría maltrechos, por no decir noqueados en el primer round. Si nos ponen aranceles, contestar con represalias sería suicida. Hay que apechugar, esperar que pase el diluvio, porque las exigencias del malévolo son un disparate. Más temprano que tarde, dicen, el mercado encontrará formas de esquivar esos impuestos alocados, que solo van a castigar a los consumidores. Para ser preciso, tal parece ser el pálpito de los aguacateros de Michoacán, de los limoneros de Colima, de los camaroneros de Sinaloa, de los ganaderos de Durango, de los ostioneros de Tamaulipas y de una tercera parte de los atribulados cerebros que despachan en el gabinete presidencial. Recomendación: hay que tener paciencia…
- Otro tercio de las ánimas afligidas vota por la negociación, sobre todo en las ramas industriales. Ponen como ejemplo la industria automotriz, con 21 plantas en territorio nacional, que en conjunto exportan cada año dos millones y medio de autos ligeros a Estados Unidos (y son la feliz causa del superávit de 150 mil millones de dólares que tenemos con los vecinos). El nombre que reciben estas fábricas, el de armadoras, es preciso: sólo arman. Quizás fabriquen chasis y carrocería, pero todos los demás componentes, el bloque del motor, los tableros, las llantas, las vestiduras, el radio, los espejos, las cerraduras, las llaves remotas, y un largo etcétera, vienen de fuera: de Asia, de Europa, de Estados Unidos, y en una gran proporción, de México. Si se va la Ford (en un decir), tendrían que seguir comprando autopartes en el resto del mundo (y en México), porque ni de chiste se podrían producir allende el Bravo al mismo precio. En menor proporción, es el mismo caso de cientos de fábricas que se dedican a armar pantallas, computadoras, electrodomésticos, e insumos para industrias más sofisticadas, como la aeroespacial. Más que mexicano, este es un dilema norteamericano, porque ellos ponen todo: son dueños de las fábricas y aportan el capital, la tecnología, las patentes, y en última instancia, los consumidores. Están aquí porque les conviene y no se van a ir para complacer al diablo. Aunque en sus declaraciones son diplomáticos, se oponen ferozmente a la mudanza. Aparte de estos aliados naturales, un tercio del gobierno se inclina por esta salida. Recomendación: hay que tener astucia…
- El último tercio de mi pesquisa no cuenta con espíritus alicaídos ni con ánimos medrosos: son las legiones celestiales que se aprestan a la batalla. Según está visión, México aprovechó a cabalidad las ventajas del acuerdo comercial y, como lo acusa este diablo encopetado, se portó un tanto gandalla y abusivo, conducta muy válida cuando se trata de hacer negocios. Ejemplo: cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio en 1994, la industria automotriz mexicana, formada en exclusiva por marcas extranjeras, pidió diez años como periodo de gracia, antes de que se abriera la importación de autos armados y de autos usados desde Estados Unidos. Transcurrido el plazo pidió una prórroga, luego otra, y otra, y otra, y mientras los autos armados en México entran allá sin aranceles, traer un auto americano te cuesta un ojo de la cara. Detrás de esa estrategia ventajosa no está la industria, que le da lo mismo vender un auto en Chicago que en Oaxaca, sino la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automóviles, que con toda clase de mañas y artimañas ha logrado evitar la competencia (y la importación de autos americanos). Otro ejemplo: los productores de papa de Los Mochis. Aunque aquí no median impuestos, en el súper no puedes encontrar papas de Idaho, en teoría las mejores del mundo, porque este grupo de presión ha logrado imponer a la papa extranjera un obstáculo insuperable, las barreras no arancelarias, en forma de análisis bacteriológicos complicados, costosos y exhaustivos, donde las papas gringas siempre reprueban, con lo cual conservan intacto el monopolio a nivel nacional. Podría exponer otros casos, pero esos bastan para confiarle que otro tercio, entre ellos muchos funcionarios del periodo neoliberal, sostienen que la mejor respuesta es la ley del Talión: ojo por ojo, diente por diente. Recomendación: hay que tener tompiates…
Las instrucciones de Internet dicen con toda claridad que, expuesto el asunto principal, aunque las conclusiones sean divergentes y opuestas, como lo son, lo que procede es “hacer la petición con mucha y muy sincera fe”, y pedir sin dilación “la ayuda del cielo para aliviar nuestras necesidades, tribulaciones y sufrimientos”, por lo cual paso en este momento a hacer lo conducente.
Hoy, Santo Apóstol, te pedimos tu ayuda y tu poderosa mediación para solucionar este difícil problema que es causa de nuestra desesperación. Te rogamos aplicar el remedio que a tu celestial juicio sea el más juicioso, y convocar los batallones angélicos para iluminar a Sheinbaum, avivar a Ebrard, espabilar a De la Fuente, confortar a Rosa Icela, envalentonar a García Harfuch, sustituir a Moctezuma, serenar a Noroña, y si todo lo anterior no fuera posible por imposible, al menos acalambra al maléfico, distráelo con Ucrania, atarántalo con Gaza, distáncialo de Elon Musk, confúndelo con Groenlandia, desbarajústalo con Panamá, desquícialo con China, y como último recurso, desacomoda su infernal copete con un soplo de tu aliento sagrado, recurso infalible para sacarlo de sus casillas.
Llegado a este punto y aparte, es preciso que te diga que siendo muy mal creyente, soy a la vez muy buen guadalupano, y estoy confiado en que la Virgencita Morena no nos ha de abandonar en este trance. Más es obvio que necesita refuerzos, porque la bestia es insidiosa y pérfida, aparte de embustera y falaz, y lo que promete un día lo despromete al siguiente.
Con tal advertencia, debo advertir a Su Inconmensurable Gloria que tiene exactamente 48 horas para darle curso a este recurso, pues ese el plazo que fijó este endemoniado personaje para iniciar la ofensiva. A alguna hora del próximo martes, según se sospecha, tiene intenciones de firmar otra de sus famosas órdenes ejecutivas, de modo que no hay tiempo que perder, háganos un lugar en su saturada agenda de cuestaciones y milagros, y proceda de inmediato y con firmeza, evitándonos la pena de ponerlo de cabeza en los altares por poco cumplidor.
Y así remato esta plegaria, otra vez en singular y apegándome en lo posible al machote sonsacado de la red, con el siguiente colofón:
Te prometo, glorioso y servicial Apóstol San Judas Tadeo,recordar siempre este favor y no dejar nunca de honrarte como mi más poderoso protector y mi grandísimo benefactor y mi apóstol favorito, pues atendiendo este ruego te prometo, te garantizo y te aseguro que te convertirás en santo de la devoción de