MUNDIAL 2026

De la cancha de futbol a la arena política; las polémicas que deja el Mundial 2026

Del indulto impulsado por Donald Trump al conflicto por las Malvinas, el Mundial 2026 acumuló escándalos políticos, acusaciones de racismo y tensiones diplomáticas que hoy ponen a prueba la credibilidad de la FIFA

El mensaje político de Argentina pone a prueba a la FIFA: ¿habrá sanción o excepción?
El mensaje político de Argentina pone a prueba a la FIFA: ¿habrá sanción o excepción?Créditos: Especial
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El Mundial 2026 ha demostrado que los partidos ya no se juegan únicamente sobre el césped. Mientras millones de aficionados siguen cada gol, fuera de las canchas se acumulan controversias que involucran a presidentes, diplomáticos, legisladores y gobiernos enteros, convirtiendo al torneo en uno de los más politizados de la historia reciente.

La llamada del presidente estadounidense Donald Trump para intervenir en un castigo disciplinario, las acusaciones de racismo contra figuras políticas de España, Paraguay y Argentina, las restricciones impuestas a la selección de Irán y el nuevo choque diplomático entre Buenos Aires y Londres por las Islas Malvinas han colocado a la FIFA frente a un escenario que va mucho más allá del fútbol.

Cada episodio ha puesto a prueba el discurso de neutralidad que el organismo ha defendido durante décadas. Ahora, cuando el torneo entra en su recta final, la pregunta ya no es únicamente quién levantará la Copa del Mundo, sino si la FIFA será capaz de aplicar sus reglas con el mismo criterio en medio de una creciente presión política.

Trump, el primer gran terremoto político del Mundial

La primera gran polémica estalló apenas comenzado el torneo. Tras la expulsión del delantero estadounidense Folarin Balogun, Donald Trump reveló que llamó personalmente al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para pedir que se revisara la sanción. Días después, el organismo suspendió el castigo y permitió que el atacante disputara los octavos de final.

Aunque la FIFA sostuvo que la decisión fue tomada por un comité independiente, la medida provocó una ola de críticas. La UEFA habló de un precedente "incomprensible" que ponía en riesgo la credibilidad de la competencia, mientras especialistas en gobernanza deportiva cuestionaron la verdadera independencia de los órganos disciplinarios del organismo.

A partir de ese momento, cualquier nueva controversia política comenzó a analizarse bajo una misma lupa: la consistencia con la que la FIFA aplica sus propias normas.

Más que fútbol: racismo, diplomacia y conflictos internacionales

Las polémicas no terminaron ahí. El expresidente español Mariano Rajoy desató un conflicto diplomático con Francia al afirmar que la selección gala tenía "un gran equipo, pero sin franceses", comentario que fue calificado por autoridades francesas como un acto de racismo.

En Paraguay, la senadora Celeste Amarilla también quedó en el centro de la controversia tras insultar públicamente a Kylian Mbappé con expresiones xenófobas después de la eliminación de su selección. La Federación Francesa de Futbol anunció acciones legales, mientras la legisladora incluso celebró días después la eliminación de Francia, avivando aún más el conflicto.

Las tensiones también alcanzaron a la selección de Irán, que denunció restricciones migratorias y problemas logísticos para disputar el torneo en Estados Unidos, así como a varias delegaciones africanas que acusaron un trato discriminatorio durante su ingreso al país anfitrión.

Contexto: las Malvinas reabren otro frente para la FIFA

En ese ambiente de creciente tensión política llegó la semifinal entre Argentina e Inglaterra. Lo que parecía un festejo deportivo terminó trasladando al Mundial uno de los conflictos diplomáticos más sensibles del último siglo: la disputa por la soberanía de las Islas Malvinas.

La imagen de varios futbolistas argentinos sosteniendo una pancarta con la leyenda "Las Malvinas son argentinas" no solo reavivó el histórico diferendo con el Reino Unido, sino que colocó nuevamente a la FIFA frente al desafío de decidir hasta dónde llega su política de neutralidad y si aplicará el mismo criterio disciplinario que ha utilizado en otros casos.

La semifinal entre Argentina e Inglaterra dejó uno de los partidos más intensos del Mundial 2026. Sin embargo, apenas sonó el silbatazo final, la conversación dejó de centrarse en el triunfo albiceleste y comenzó a girar alrededor de una imagen que recorrió el mundo en cuestión de minutos.

Varios jugadores argentinos celebraron la clasificación a la final sosteniendo una pancarta con la leyenda "Las Malvinas son argentinas", una reivindicación histórica de soberanía que volvió a colocar sobre la mesa un viejo conflicto entre Argentina y el Reino Unido.

Lo que parecía un festejo terminó convirtiéndose en un nuevo desafío para la FIFA, que ahora enfrenta una pregunta incómoda: ¿aplicará su reglamento como lo ha hecho en otros casos o hará una excepción?

El problema para la FIFA no es el mensaje, sino quién lo mostró

La polémica no se limita al contenido de la pancarta.

Durante la Copa del Mundo, la FIFA prohíbe expresamente que jugadores y miembros de las delegaciones exhiban mensajes políticos, religiosos o personales antes, durante y después de los partidos.

En este caso no fueron aficionados quienes desplegaron una bandera desde las gradas, sino los propios futbolistas sobre el terreno de juego, frente a las cámaras de televisión y durante una ceremonia oficial posterior al encuentro.

Ese detalle podría ser determinante si la Comisión Disciplinaria decide abrir un expediente.

¿Qué dice el reglamento?

El artículo 34 del Protocolo de Partidos del Mundial 2026 establece que los jugadores tienen prohibido mostrar mensajes o lemas políticos en cualquier idioma o formato antes del partido, durante los himnos nacionales, a lo largo del encuentro y también después del silbatazo final.

La restricción también está respaldada por la Regla 4 de la International Football Association Board (IFAB), que impide utilizar la indumentaria o cualquier elemento relacionado con el juego para exhibir mensajes políticos, religiosos o personales.

Además, el Código Disciplinario de la FIFA considera sancionable utilizar un evento deportivo para realizar manifestaciones ajenas al ámbito estrictamente futbolístico y faculta a la Comisión Disciplinaria para iniciar investigaciones incluso de oficio.

Reino Unido ya pidió una investigación

La controversia escaló rápidamente fuera del terreno de juego.

El gobierno británico solicitó públicamente a la FIFA investigar lo ocurrido después de que los jugadores argentinos mostraran la pancarta durante los festejos.

El ministro británico Peter Kyle calificó el gesto como "totalmente inapropiado" y afirmó que la política debe mantenerse al margen del fútbol, mientras que Downing Street respaldó la petición de revisar el caso conforme al reglamento del organismo.

Del lado argentino, algunos futbolistas defendieron el mensaje como parte de una reivindicación histórica, mientras que antes del partido el propio entrenador Lionel Scaloni había insistido en que no debía mezclarse el deporte con la política.

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Argentina ya fue sancionada por un caso casi idéntico

La situación tiene un antecedente que coloca a la FIFA bajo mayor presión.

En 2014, antes del Mundial de Brasil, la selección argentina posó con una pancarta prácticamente idéntica antes de un partido amistoso contra Eslovenia.

Meses después, la FIFA multó a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) por considerar que había incumplido sus normas sobre mensajes políticos durante una actividad oficial.

Ese precedente hace que la actual polémica no sea un caso aislado, sino una situación que el organismo ya enfrentó anteriormente.

No sería la primera vez que la FIFA castiga mensajes políticos

La política de neutralidad ha sido aplicada en distintos torneos internacionales.

En el Mundial de Rusia 2018, los suizos Granit Xhaka y Xherdan Shaqiri fueron multados tras celebrar con el gesto del águila bicéfala albanesa durante un partido frente a Serbia, al considerarse una manifestación vinculada a un conflicto territorial.

En los Juegos Olímpicos de Londres 2012, el surcoreano Park Jong-woo fue suspendido dos partidos por mostrar una pancarta relacionada con la disputa entre Corea del Sur y Japón por las islas Dokdo.

Más recientemente, la UEFA suspendió un encuentro a Rodri y Álvaro Morata tras corear "Gibraltar es español" durante las celebraciones por el título de la Eurocopa 2024.

Incluso en el Mundial de Qatar 2022, la FIFA advirtió a varias selecciones europeas que sus capitanes recibirían tarjeta amarilla si utilizaban el brazalete "OneLove", al considerar que también representaba un mensaje ajeno al ámbito deportivo.

¿Qué sanciones contempla la FIFA?

El Código Disciplinario contempla un amplio catálogo de medidas que pueden ir desde advertencias y multas económicas hasta sanciones deportivas en los casos más graves.

También prevé apercibimientos, partidos a puerta cerrada, deducción de puntos, repetición de encuentros e incluso la anulación de resultados, aunque estas últimas medidas suelen reservarse para infracciones de naturaleza muy distinta y no existen antecedentes recientes de que se hayan aplicado por una pancarta mostrada tras un partido.

Por ello, especialistas consideran que, si la FIFA decide actuar, el escenario más probable sería una multa económica para la Asociación del Fútbol Argentino o un apercibimiento disciplinario, más que una sanción que comprometa su participación en la final del Mundial.

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El verdadero dilema para la FIFA

Más allá del posible castigo a Argentina, el episodio abre un debate sobre la consistencia con la que la FIFA aplica sus propias normas.

Durante años, el organismo ha defendido una política de neutralidad casi absoluta. Ha prohibido símbolos políticos en los estadios, ha sancionado a jugadores por gestos nacionalistas y ha advertido a selecciones completas por utilizar mensajes que considera ajenos al deporte.

Por ello, el caso argentino representa una prueba importante para esa postura.

Si la FIFA decide no intervenir, inevitablemente surgirán cuestionamientos sobre por qué ha castigado expresiones similares en el pasado y por qué sería diferente cuando los protagonistas son los propios jugadores de una de las selecciones finalistas del Mundial.

La decisión todavía no está tomada. Pero cualquiera que sea el desenlace, la imagen de los futbolistas argentinos sosteniendo la pancarta ya colocó a la FIFA frente a una de las decisiones disciplinarias más delicadas de la Copa del Mundo 2026.

VGB