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Los hongos que frenan el cambio climático bajo tus pies

Una red de hongos micorrícicos bajo el suelo almacena cerca del 36% del CO2 derivado de combustibles fósiles y podría ser clave en la lucha contra el cambio climático

Los hongos que frenan el cambio climático bajo tus pies
Los hongos que frenan el cambio climático bajo tus piesCréditos: Istockphoto | Ilustrativa
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Bajo parques, bosques y campos agrícolas opera una red microscópica casi invisible que sostiene la vida en la Tierra. Se trata de los hongos micorrícicos, organismos que forman alianzas con las raíces de la mayoría de las plantas y que desempeñan un papel crucial en el almacenamiento de carbono en el suelo.

Investigaciones recientes estiman que estas redes subterráneas capturan cerca de 13 gigatoneladas de dióxido de carbono (CO2) al año, una cantidad equivalente a aproximadamente el 36% de las emisiones globales generadas por combustibles fósiles. Este proceso natural convierte al subsuelo en uno de los aliados menos visibles —pero más poderosos— frente al cambio climático.

Una alianza milenaria bajo tierra

Los hongos micorrícicos establecen una relación directa con cerca del 90% de las plantas terrestres. Las raíces les entregan azúcares y lípidos producidos mediante fotosíntesis. A cambio, los hongos transportan fósforo, nitrógeno y otros nutrientes esenciales desde zonas donde abundan hasta áreas donde escasean.

Este intercambio no solo sostiene cultivos y bosques: también fortalece ecosistemas completos y mejora la productividad agrícola.

Además del almacenamiento de carbono, estas redes influyen en la resistencia vegetal. Estudios científicos han demostrado que ciertas especies de hongos aumentan la tolerancia de las plantas ante metales pesados, suelos salinos y estrés hídrico.

En regiones extremas, como el Desierto de Atacama, investigadores han identificado hongos que permiten la supervivencia vegetal en suelos con baja disponibilidad de agua. Bajo condiciones adversas, estas asociaciones pueden marcar la diferencia entre la vida y la desertificación.

Ciencia que revela estrategias invisibles

Un equipo de la Universidad de Lund ha analizado el comportamiento de distintas especies fúngicas y detectó dos grandes patrones de desarrollo.

Algunas especies mantienen redes activas durante largos períodos y reciclan nutrientes internamente. Otras colonizan sustratos de corta duración y dejan estructuras inactivas tras completar su ciclo de vida.

Estas diferencias influyen directamente en la permanencia del carbono en el suelo. Las redes que permanecen activas por más tiempo retienen carbono durante períodos más extensos, lo que impacta en los modelos climáticos actuales. De hecho, nuevas investigaciones comienzan a incorporar estos datos para estimar con mayor precisión el flujo de carbono entre la superficie y el subsuelo.

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El mapa global del subsuelo

La bióloga evolutiva Toby Kiers ha dedicado su carrera al estudio de estas redes. En 2026 recibe el Premio Tyler por sus aportes a la investigación ambiental. Su trabajo impulsa el proyecto Underground Atlas, una plataforma internacional que reúne datos para ubicar y clasificar sistemas fúngicos en distintas regiones del mundo.

Actualmente, los registros científicos cubren menos del 0,02% de la superficie fúngica estimada del planeta. Equipos multidisciplinarios desarrollan mapas y bases de datos para ampliar el conocimiento sobre su distribución y funciones ecológicas.

Especialistas en biodiversidad proponen incluso incluir a la “Funga” como categoría oficial junto a flora y fauna en políticas de conservación. El objetivo es incorporar indicadores del suelo en estrategias climáticas y agrícolas globales.

Suelos en riesgo

Organismos internacionales advierten que la degradación del suelo avanza debido a prácticas agrícolas intensivas, deforestación y expansión industrial. Proyecciones de la ONU señalan que hasta el 90% de los suelos del mundo podría presentar algún nivel de deterioro hacia 2050 si continúan las tendencias actuales.

La pérdida de redes fúngicas reduce la capacidad natural de capturar carbono y afecta directamente la productividad agrícola.

El trabajo de campo liderado por Kiers documenta cómo la compactación del suelo, el uso de agroquímicos y la deforestación fragmentan las conexiones entre raíces y hongos. Científicos evalúan medidas de restauración mediante prácticas agrícolas regenerativas que conserven la estructura del suelo y favorezcan estas asociaciones biológicas.

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Una solución que ya existe

Mientras gobiernos y empresas discuten tecnologías de captura de carbono en la superficie, la naturaleza lleva millones de años operando un sistema eficiente bajo tierra.

Cada paso sobre suelo firme descansa sobre una red activa que sostiene cultivos, bosques y ciclos atmosféricos. La expansión del conocimiento sobre los hongos micorrícicos redefine la forma en que la ciencia aborda el cambio climático y la contaminación.

Bajo la superficie, silenciosamente, millones de organismos continúan almacenando carbono y protegiendo la vida vegetal. La solución, en parte, ya está bajo nuestros pies.

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VGB