CDMX

Contaminación por ruido, un problema en aumento

Los reportes por ruido crecen y, Jimena de Gortari, especialista, alerta que la planeación urbana ha normalizado niveles sonoros dañinos para la salud

Capitalinos ven como normal la contaminación por ruido
Capitalinos ven como normal la contaminación por ruidoCréditos: Raúl Estrella | LSR
Escrito en METRÓPOLI el

Bruno vive en la Avenida Fray Servando Teresa de Mier en la colonia Jardín Balbuena. A pesar de que la considera una gran ubicación, una de sus mayores quejas es el ruido del tráfico y, en específico, de los aviones que despegan o aterrizan.

“Siempre los aviones pasan por aquí arriba, entonces son 24/7 de estar platicando y escuchando. Es un sonido periódico y muy fuerte cada 10 o 20 minutos, más o menos”, señaló el joven.

Esto que viven Bruno y otras personas en la Ciudad de México se conoce como contaminación sonora.

“La contaminación sonora es el exceso de sonido no deseado que afecta la vida cotidiana y la salud. Se mide en decibeles, y existen límites según el horario y el tipo de zona”, explicó Jimena de Gortari, profesora de Arquitectura en la Ibero.

Contexto: en México, se permiten 55 decibeles (unidad para medir la intensidad o nivel de sonido) en el día y 50 por la noche en zonas residenciales. Para las lugares industriales y comerciales son 68 a 65 decibeles y, para eventos se permiten un máximo de 100 decibeles por cuatro horas.

Además, los reportes por ruido en la CDMX han aumentado: mientras en 2019 se registraron 887 para este 2025 han alcanzado las 1178, de acuerdo a cifras de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT).

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Una ciudad cada vez más ruidosa

“Sí afecta. Por ejemplo, mi mamá no ha podido dormir muy bien, sobre todo últimamente. Creo que es más para los adultos mayores que para los jóvenes, pero aún así uno tiene que andar sufriendo por escuchar los aviones a cada rato”, resaltó Bruno.

Para La Silla Rota, Jimena de Gortari, quien realiza investigación en arquitectura, urbanismo e ingeniería civil, señaló que aislarse del ruido o descansar no es una opción al alcance de todos los ciudadanos.

“No todas las personas viven en lugares donde el descanso está protegido. En muchas colonias, el ruido es constante porque la ciudad se ha vuelto cada vez más permisiva con las fuentes sonoras”, dijo la investigadora.

Sin embargo, la especialista especificó que no todo sonido debe considerarse un ruido. Por ejemplo, un organillero o el ‘camión del fierro viejo’.

“En zonas donde ya hay tráfico, obras e infraestructura ruidosa, incluso los sonidos culturales pueden contribuir al desgaste. La clave no es prohibir, sino ordenar y cuidar”, señaló.

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El privilegio de no escuchar

De Gortari especificó que el ruido causa afectaciones en la salud de las personas, entre ellas problemas de sueño, en el sistema nervioso, salud mental y cardiovascular.

“Cuando el ruido no permite descansar, el cuerpo nunca se recupera. Y eso no ocurre por igual: quienes viven en zonas no planeadas o cerca de grandes infraestructuras no pueden ‘cerrar la puerta’ al ruido. Ahí el derecho al descanso deja de ser un derecho y se convierte en un privilegio urbano”, señaló.

Agregó que hay zonas con problemas de ruido mucho más fáciles de identificar debido a los eventos nocturnos, como podrían ser la Zona Rosa en la Ciudad de México o colonias aledañas al Auditorio Nacional.

Sin embargo, han identificado “otra realidad más silenciosa e injusta, donde hay colonias no planeadas o periféricas, atravesadas por avenidas, transporte pesado, infraestructura urbana o aérea”.

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Regulación del ruido en la CDMX

En todo el país, la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA) establece qué es la contaminación sonora, y existe la norma oficial NOM-081-SEMARNAT-1994, que fija los límites máximos.

En la Ciudad de México se encuentra la Ley Ambiental de Protección a la Tierra, que regula las emisiones sonoras y, en la que se encarga del control la Secretaría del Medio Ambiente (SEDEMA).

Además, se encuentra el Reglamento de la Ley Ambiental y el Código Penal local que especifica el ruido excesivo como una falta administrativa y otros casos como un delito.

Sin embargo, desde la perspectiva de la investigadora y profesora, las normas no están resolviendo el problema.

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“Cada vez se tolera más ruido y durante más tiempo. Además, muchas decisiones de planeación se toman sin considerar la afectación a la salud: segundos pisos, grandes infraestructuras viales, obras públicas con trabajos nocturnos, o incluso el rediseño del espacio aéreo”, especificó.

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