Cada mañana, millones de personas preparan una taza de café antes de iniciar sus actividades. Ese gesto cotidiano ahora forma parte de una conversación científica que conecta el consumo de cafeína con la salud cerebral en la vejez. Un estudio amplio analiza durante décadas la relación entre esta bebida y el riesgo de demencia.
La investigación se publicó en la revista JAMA y examina datos de más de 130 mil profesionales de la salud. El seguimiento se extiende por 43 años y registra patrones de alimentación y resultados en pruebas de memoria aplicadas de forma periódica.
Los participantes reportan su consumo de café y té cada ciertos años. También realizan evaluaciones cognitivas que miden la capacidad para recordar palabras y procesar información. Con esos registros, el equipo identifica asociaciones entre la cafeína y el desempeño mental con el paso del tiempo.
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Los resultados muestran una relación entre el consumo moderado de cafeína y una menor probabilidad de desarrollar demencia. Además, los datos indican un ritmo más lento de deterioro cognitivo entre quienes consumen café con regularidad.
Cantidad y frecuencia de consumo
El análisis detecta un rango de consumo vinculado con mayores beneficios. Las personas que beben entre dos y tres tazas de café al día, o entre una y dos de té, presentan los resultados más consistentes en las pruebas cognitivas a largo plazo.
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El estudio también incluye a quienes consumen cantidades mayores. Aquellos que toman hasta cinco tazas diarias registran un riesgo de demencia 18 por ciento menor en comparación con quienes no consumen cafeína.
Los investigadores comparan distintas presentaciones de la bebida. Los datos asocian los efectos observados únicamente con el café que contiene cafeína, mientras que el café descafeinado no muestra la misma relación.
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Un seguimiento de cuatro décadas
La duración del estudio permite observar cambios que se desarrollan durante varias etapas de la vida adulta. A diferencia de investigaciones de corto plazo, este análisis examina trayectorias de salud a lo largo de más de cuatro décadas.
El equipo responsable trabaja desde la Universidad de Harvard y coordina la recopilación de información clínica y dietética. La muestra incluye profesionales del sector salud, lo que facilita el seguimiento continuo y la aplicación de evaluaciones estandarizadas.
Los autores señalan que el diseño es observacional. Esto implica que el estudio identifica asociaciones estadísticas, pero no establece una relación causal directa entre el consumo de café y la prevención de la demencia.
Aun con esa precisión metodológica, los datos aportan información sobre hábitos cotidianos y su posible vínculo con la función cognitiva en la vejez. La evidencia coloca a la cafeína como un elemento presente en esa relación.
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Un gesto cotidiano bajo la lupa científica
El café ocupa un lugar constante en la rutina de millones de personas en distintos países. La investigación examina ese hábito diario desde la perspectiva del envejecimiento y la memoria.
Los registros acumulados durante 43 años permiten comparar patrones de consumo y diagnósticos posteriores de demencia. Con esa base, los científicos trazan una línea entre la frecuencia de ingesta y los resultados cognitivos.
El estudio no propone sustituir tratamientos médicos ni plantea recomendaciones clínicas individuales. Sus hallazgos se suman a la discusión científica sobre factores de estilo de vida y salud cerebral.
Mientras continúan las investigaciones sobre envejecimiento, la taza de café de cada mañana adquiere un nuevo significado en el ámbito de la salud pública. La ciencia seguirá observando cómo los hábitos cotidianos influyen en la memoria con el paso de los años.
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VGB
