PANDEMIA

Deforestación y pandemias: cómo los mosquitos pueden provocar la próxima crisis sanitaria

La relación entre deforestación, mosquitos y pandemias ya no es una hipótesis lejana, sino un fenómeno documentado; la explotación de recursos naturales no compensa el hecho de que la degradación ambiental está empujando hacia una crisis sanitaria

Un estudio demostró la relación entre la deforestación y el gusto de los mosquitos por la sandre humana
El mosquito podría convertirse en el próximo "azote" de la humanidad.Un estudio demostró la relación entre la deforestación y el gusto de los mosquitos por la sandre humanaCréditos: Pixabay
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El sonido de un mosquito zumbando a la mitad de la noche podría convertirse en una amenaza sanitaria cada vez más frecuente y difícil de controlar. La causa principal no es casual ni aislada: la deforestación, un proceso que está modificando ecosistemas completos y acercando al mundo a nuevas pandemias transmitidas por mosquitos.

A lo largo de la costa de Brasil, Paraguay y Argentina se extiende el Bosque Atlántico, uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta. De acuerdo con la World Wide Fund for Nature (WWF), una sola hectárea de este bosque puede albergar alrededor de 450 especies de árboles, además de concentrar el 7 % de las plantas y el 5 % de los vertebrados del mundo, muchos de ellos endémicos.

Pese a su enorme riqueza natural, el Bosque Atlántico ha sufrido una devastación histórica. Lo que alguna vez cubrió una superficie equivalente a 5.6 veces el estado de Chihuahua, hoy apenas alcanza 247,460 km², un territorio similar al de esa entidad mexicana.

La reducción responde principalmente a actividades humanas como el turismo masivo, la expansión urbana, la tala agrícola, maderera y papelera. Como consecuencia directa, la desaparición de especies animales se ha vuelto inevitable, alterando las cadenas ecológicas que regulaban a insectos y patógenos.

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Cuando los insectos pierden sus presas naturales

La relación entre deforestación, mosquitos y pandemias es más estrecha de lo que parece. Al disminuir la fauna silvestre que tradicionalmente servía de alimento, muchas especies de mosquitos han modificado su comportamiento y han encontrado en los humanos una nueva fuente constante de sangre.

Según el microbiólogo Dr. Sergio Machado, de la Universidad Federal de Río de Janeiro, y su equipo de investigación, el 75 % de los mosquitos analizados en regiones deforestadas del Bosque Atlántico habían ingerido sangre humana. Este dato confirma una adaptación directa a los cambios ambientales provocados por la actividad humana.

Más allá de la incomodidad de una picadura, el propio Machado advierte que “identificar las fuentes de alimento proporciona información clave sobre los comportamientos de alimentación de los mosquitos e impacta directamente en la epidemiología de patógenos transmitidos por vectores, como el dengue, el zika y la chikunguña”.

Enfermedades transmitidas por mosquitos: cifras en aumento

Los efectos de esta adaptación ya son visibles. De acuerdo con datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), entre 2022 y 2024 América registró un incremento de 3.1 millones de casos combinados de dengue, zika y chikunguña.

La cifra total alcanzó 13 millones 538 mil 421 casos, un aumento que coincide con la acelerada pérdida de cobertura forestal y el avance del cambio climático, dos factores que favorecen la expansión de estos vectores.

Para especialistas en medio ambiente, el panorama es preocupante, ya que señalan que en muchos países el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad siguen siendo vistos como una “oportunidad de expansión económica y control territorial”, más que como una amenaza directa a la salud global.

Este enfoque, advierten expertos, podría facilitar la aparición de una o varias pandemias asociadas a enfermedades transmitidas por mosquitos, para las cuales la medicina moderna aún no cuenta con tratamientos curativos, sino únicamente con medidas para aliviar síntomas.

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