JUSTICIA

Tres años sin abrazar a sus hijas: la batalla de Carolina contra la violencia vicaria

Tras la separación de su expareja, Carolina asegura que fue alejada de sus tres hijas mediante una cadena de procesos judiciales que, afirma, han ignorado las señales de violencia vicaria

Créditos: LSR Hidalgo
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Pachuca.- Para Carolina, su expareja es solamente uno de los obstáculos para poder volver abrazar a sus hijas, ya que la falta de empatía de las instituciones, la nula investigación con perspectiva de género y el sistema de justicia han colaborado también para que sus tres hijas tengan más de tres años sin convivir con ella de forma regular. Ella es una de las víctimas de violencia vicaría en Hidalgo.

En entrevista con LSR Hidalgo, Carolina contó la forma en que se divorció, la sustracción de sus hijas, cómo su vida se vio afectada en lo económico, emocional y laboral, pero sobre todo cómo la relación con sus tres hijas se vio fragmentada por la manipulación de la que son víctimas y debido a que no hay consecuencias para Juan, el padre, quien no las presenta a las convivencias.

Por su experiencia y lucha para que las niñas y ella puedan acceder a la justicia, Carolina pidió mayor capacitación para ministerios públicos, investigadores y personal de la Procuraduría General de Justicia estatal (PGJEH) y para quienes laboran en los diferentes juzgados, tanto jueces como personal en general.

El comienzo de la pesadilla

Un día de agosto de 2022, Juan decidió salir de la casa familiar y terminar con la relación de más de 10 años que tenía con Carolina, ella aceptó y ambos hablaron de llevar un proceso "cordial" y evitar peleas por el bienestar de la familia.

Sin embargo, ese pacto se rompió unos meses después, el 27 de abril de 2023, el día que Juan se llevó a las niñas. La entrevistada recordó: “Un día antes fue a poner la denuncia e hizo que las niñas declararan. Se roba a las niñas, ahí empezó mi martirio”.

La primera carpeta de investigación que se abrió en contra de Carolina fue la 12-2024-10585 por violencia familiar, en la cual las declaraciones de las niñas -según la entrevistada- señalaron que su mamá las llamaba con sobrenombres como “chinitos” y “bombonuda”, también fue acusada de ponerle una faja a su hija de 13 años, por lo que la menor sufrió un rasguño.

“Igual (acusaron) que yo la dejé (a una de sus hijas) en la carretera una vez y le dije, ¡Bájate! y como que la quería dejar ahí perdida”, explicó Carolina y mencionó que no fue vinculada a proceso por el delito debido a que no se encontraron pruebas ni el peritaje arrojó alguna alerta de violencia psicológica o física contra las niñas.

Imagen ilustrativa | Crédito: Especial

Sin embargo, el juez sí vinculó a proceso a Carolina por violencia contra Juan por un presunto rasguño, pese a que en las valoraciones psicológicas tampoco se detectaron signos de violencia contra el hombre. Hasta el momento, el caso se encuentra en audiencia inicial intermedia.

“Él inició el juicio con el pretexto del interés superior del menor, que es lo que menos les importa a estos violentadores, lo que quieren es usar la ley para estarte atormentando y usando a los hijos como arma”, declaró Carolina y recordó que la más pequeña de sus hijas pedía verla.

Carolina afirmó que la niña decía: “yo extraño mucho a mi mamá, yo quiero mucho a mi mamá”, pero su expareja, dijo, le aseguró a la niña que no era seguro ver a su madre y que él se pondría triste si ella la veía.

La entrevistada confesó que ese día “me puse a llorar” en la audiencia, pero luego vino lo peor, pese a que el médico legista expuso que no había lesiones contra Juan, a ella se le vinculó a proceso. “¿Por qué me vinculó? Yo digo que sí lo están ayudando”, dijo Caro, como también la llaman sus seres queridos.

Tres años sin convivencia

Las niñas identificadas con las iniciales P.C.P.M., L.S.P.M. y G.J.P.M., tenían 12, 10 y 3 años de edad, respectivamente, cuando dejaron de tener contacto con Carolina, su mamá. Hoy en día, ellas tienen 16, 13 y 6 años de edad, no tienen una convivencia regular con su figura materna ni con la familia de ella, y durante los primeros dos años y medios -después de abril de 2023- no tuvieron ningún tipo de contacto, solamente a través de las declaraciones en los juzgados.

Imagen ilustrativa | Crédito: Especial

La última convivencia de las hidalguenses con su madre fue en diciembre, pues en enero Juan ya no presentó a las niñas, en febrero notificaron la suspensión definitiva de las convivencias y para marzo se reanudaron, pero el papá no ha llevado a las menores hasta el momento.

“Mi hija, la mayor, estaba así de que no quiero convivir… yo las veo muy dañadas, son manipuladas… están enojadas con alguien que no ven hace dos años y medio. Y los mensajes que me mandaron semanas antes fueron: ‘te amo, mamá, te extraño’. Yo los presenté en el juzgado y él dijo: ‘Ella las obligaba a poner esos mensajes’ ¿Cómo, si estaban contigo?", relató.

Por lo anterior, Carolina solicitó una capacitación para jueces y al personal de los de Consejo de Familia extrajudicial respecto a las “valoraciones psicológicas, a observar más allá de lo evidente, a ver el contexto” de las familias que acuden a ellos.

Por dos años y medio, no supo nada de ellas, no podía acercarse a la escuela ni a la casa por órdenes de restricción en su contra, “¿por qué me limitaron así cuando no había nada en mi conducta que las pusiera en riesgo. Él sabe que si mis niñas empiezan a convivir conmigo, pues tarde o temprano se van a quebrar. Yo siempre fui una buena madre”, dijo Caro.

Tengo una vida judicializada

Además de la primera carpeta de investigación mencionada, Juan presentó otras tres denuncias en contra de Carolina, estas son la 12-2025-08820 por violencia familiar, la 12-2024-12026 y 12-2025-05082 por incumplimiento de obligaciones alimentarias; demandas que alargan los procesos contra él, sino que dejaron problemas económicos, emocionales y personales para ella.

Imagen ilustrativa | Crédito: Especial

“Uno de los puntos de la violencia vicaria es que te inundan de demandas y demandas para que tú no puedas dar un golpe, que te la pases parando los golpes… no tengo tiempo, todos los días tengo que ir al juzgado, al otro juzgado, al juzgado de distrito, ahora vete a la procuraduría, a la otra procuraduría, ahora el centro de justicia de la mujer, ahora tengo cita con este. Tengo una vida judicializada” expuso Caro.

Asimismo, externó que los procedimientos legales, las carpetas de investigación y el monto de la pensión que se le impuso la dejaron con severos problemas económicos. Además, acusó que se le decretó un salario y medio de pensión sin comprobar sus ingresos y “solo por los dichos de él".

“Ya me acabé mi negocio, ya me acabé mi trabajo, pérdidas económicas, no sale, o sea, de verdad no sale, solo Dios sabe cómo me he mantenido de pie, cómo me mantengo cuerda, cómo todavía me río”, exclamó con un gesto de cansancio.

A Carolina le diagnosticaron depresión por la fragmentación del lazo con sus hijas, situación que Juan quiso usar en los juicios a su favor, sin embargo, ella reconoció que las autoridades le expusieron que era normal debido a su situación.

“... en las valoraciones iniciales del Consejo de Familia sí le salió que estaba más enfocado en ganar el juicio que en el bienestar de las hijas, que sobreexpone a las niñas al juicio, que él y mi hija la grande tenían un contubernio, que se victimiza, y que era chantajista”, explicó la entrevistada y pese a ello, las niñas siguen a su cargo.

Las carpetas contra Juan

La primera denuncia que interpuso Carolina ante la PGJEH fue por la sustracción de las tres menores de edad, quedó con el número 12-2023-7404, y la segunda de ellas fue por violencia vicaria y económica bajo el número 12-2024-06101, sin embargo, las dos carpetas de investigación no han tenido un avance sustancial.

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"Ni siquiera lo han llamado como a nada de ahí. Solamente está como el inicio de la carpeta (por violencia familiar) y ya", explicó la entrevistada y mencionó que la de sustracción no fue judicializada ni sobreseída, sólo se quedó estancada, “me dijeron que el juez podía reclasificar el delito como obstrucción, pero no lo hizo”.

Por otro lado, la afectada por la violencia vicaria explicó que las carpetas que él inició y los procedimientos legales avanzaron con rapidez. “Él metía el oficio hoy y a los dos días ya salía a la puerta. Así, no, pero ni le disimulaban. Llegaba la abogada, ¿qué pasó con eso que quedamos que me iban a acordar? Ya se tardó. Todo eso delante de mí”, contó sobre una situación en los juzgados.

Por lo anterior, señaló a Juan recibe apoyo extraoficial y parcialidad durante las audiencias y trámites por parte de las autoridades del Poder Judicial de Hidalgo.

En cuanto al divorcio, Caro mencionó que fue el único de los procedimientos que se llevó a cabo en un corto tiempo “solo nos preguntaron: ¿se quieren divorciar?, firmamos y ya”, pero meses después se dio cuenta de ciertas irregularidades, pues no determinaron la guarda y custodia ni se dividieron los bienes de forma “justa”, consideró.

Leyes contra la violencia vicaria

Además de Carolina, alrededor de 60 mujeres más sufren este tipo de violencia en Hidalgo, de acuerdo con Ley Sabina Hidalgo y Mercadita Las Insurgentas, asociaciones que dan acompañamiento a las víctimas.

“Hay que visibilizar la violencia vicaria porque es algo relativamente nuevo, ya que ya no te pueden golpear así tan impunemente los hombres gracias a las feministas, ahora es como una nueva modalidad”, exhortó Carolina y aseveró que “las autoridades no saben encuadrarlo, hay muchos muchas lagunas, no saben aterrizarlo”.

Asimismo, solicitó actualizar los marcos legales para evitar que más niños y niñas sean “utilizados como armas para herir a sus madres”, tratar los casos con perspectiva de protección a las infancias y de género, así como evitar que los padres sean totalmente obstruidos en situaciones de manipulación de menores de edad.

“Que se genere una ventanita para que el padre violentador no tenga todas las arcas abiertas para estar manipulando al niño, que haya una supervisión o algo, y que no se separe hasta que no investiguen bien al otro progenitor”, concluyó.

sjl