VERACRUZ, VER. - "Mamá, soñé que ya estábamos contigo el día de mi cumpleaños”, dijo un pequeño a su madre en el Centro de Convivencia Familiar (CECOFAM) del municipio de Córdoba, que desde hace tres meses es el único espacio donde pueden verse. Tras ser víctima de violencia vicaria, Arlen pasó de dedicar su vida cien por ciento al cuidado de sus hijos – de seis y ocho años- a emprender una batalla jurídica para poder recuperarlos.
Jesús Fabián N, el padre de los menores, enfrenta un proceso penal por el delito de violencia vicaria; al también empresario se le acusa de retener con dolo a sus hijos para dañar directamente a Arlen, su exesposa. El hoy imputado incumplió un acuerdo judicial de convivencia y no devolvió a los menores después de un fin de semana; hace ya medio año.
Este 19 de mayo Fabián N fue vinculado a proceso por retención de menores y violencia vicaria. Se convirtió en el cuarto caso en Veracruz que llega a este punto del proceso penal desde que la violencia vicaria se tipificó como delito en el estado, el 7 de marzo del 2025, y el único que se hace público.
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La violencia vicaria “es una forma de seguir controlándote”, asegura Arlen Virués Domínguez, y la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia de Veracruz lo define cuando la pareja o matrimonio de una mujer usa a las o los hijos como instrumento para causar daño.
Arlen no sabía lo común que es este tipo de violencia hasta que su pesadilla comenzó tras divorciarse. Insultos, amenazas, hostigamientos, escalaron al punto en el que su agresor retuvo a sus hijos, y a pesar de que enfrenta dos procesos penales por tres delitos, a ella solo le queda esperar las resoluciones, mientras todos los días la preocupación por el bienestar de los pequeños la tortura.
Ella pasó el Día de las Madres sin ver a sus dos hijos, porque fue día domingo, y no es un día en el que tenga derecho a las visitas en el CECOFAM de Córdoba, el pequeño -y descuidado- lugar que en las últimas semanas se ha convertido en su espacio seguro.
Los días de alarmas para llevar a sus hijos a la escuela, tareas, hacer comida, asearlos; las llamadas de atención de madre y las bromas diarias, ahora se reduce a solo verse dos horas, en las que aprovechan para olvidarse de los problemas un rato, con la esperanza de que pronto se solucionen y puedan vivir juntos de nuevo.
Primera retención: “Yo confié en que su prioridad eran nuestros hijos”
Arlen cuenta con una resolución judicial que le otorgaba la guarda y custodia de sus hijos, mientras que las convivencias con el padre estaban establecidas dos veces por semana y fines de semana alternados.
El viernes 19 de diciembre de 2025, el hombre recogió a los menores en su escuela, como lo hacía regularmente. Debía regresarlos el domingo a las 6 de la tarde, pero nunca ocurrió.
“Le mandé mensajes para preguntar a qué hora llegaban, pero ya estaba bloqueada de WhatsApp”, recordó.
Pensó que quizá habían viajado o que simplemente se había retrasado. Las horas pasaron y no obtenía respuestas de ninguna persona vinculada a Fabián N, hasta que un abogado le informó que el padre había promovido un “depósito” judicial en un juzgado familiar de Córdoba para quedarse temporalmente con los niños.
Arlen se movilizó con su abogado, sin embargo, todo ocurrió en el periodo vacacional de diciembre, cuando juzgados y fiscalías operaban parcialmente. Es hasta febrero que la jueza resuelve que el padre usó información falsa y el 4 de febrero del 2026 le restituyen la custodia a la madre.
Los planes familiares de Arlen para pasar la navidad con sus hijos no pudieron hacerlos.
“La violencia vicaria te hace sentir que no eres una buena mamá, que no eres ni haces suficiente”, dice.
La segunda retención: “Se los llevó de la escuela”
El 5 de febrero Arlen acudió a la escuela de sus hijos acompañada de un notario para notificar a la institución educativa que el “depósito” otorgado al padre había quedado sin efecto.
“Me citan a la una de la tarde para tener una junta el papá de mis hijos, el abogado de la escuela, la parte jurídica de la escuela y yo. Entonces, yo llego un poquito antes y me doy cuenta que a mí ya no me dejan pasar de la rejita”, narra.
Recuerda a Fabián con su abogada mientras platicaban con la directora de la escuela. Guardias que se hablaban por radios, y los niños del grupo de su hijo menor fueron retirados por una salida que no es la habitual. Cuando quiso ver al pequeño, ya no estaba con sus compañeros. Se lo habían llevado.
El padre promovió un amparo contra la restitución de los niños y que, tras obtener una suspensión definitiva, ahora le permite que permanezcan con él mientras continúa el litigio.
Una jueza le otorgó a Arlen convivencias con sus hijos después de dos meses de que no pudo tener con ellos. Primero de dos horas a la semana y ahora de dos horas al día, cinco días a la semana.
En esas sesiones, afirma, sus hijos han manifestado querer regresar con ella y denunciaron presuntos actos de violencia física y psicológica por parte del padre.
“Mi hijo pequeño decía que su papá los golpeaba y castigaba. El grande también dijo haber vivido situaciones de violencia”, aseguró.
“Es una forma de seguir controlándote”
Durante casi dos años —de febrero de 2024 a diciembre de 2025— Arlen asegura haber vivido violencia psicológica, económica y hostigamiento constante.
Explicó que como parte del acuerdo del matrimonio se dedicó completamente al cuidado de sus hijos, situación que la colocó en vulnerabilidad económica tras la separación.
“A ver cómo le haces para pagar un abogado”, recuerda que le dijo su expareja.
Afirma que muchas mujeres le han escrito después de hacer pública su historia en redes sociales. Todas, dice, describen patrones similares: obstáculos judiciales, procesos largos, manipulación de menores, así como desgaste emocional y económico.
Para la madre, uno de los mayores problemas del sistema judicial es que, asegura, las infancias quedan relegadas en medio de los litigios familiares.
“No se escucha a los niños. Se supone que debería prevalecer el interés superior del menor, pero te das cuenta de que no siempre ocurre”, expresó.
También señaló que muchas víctimas enfrentan dificultades para acreditar la violencia debido a la falta de testigos, ya que las agresiones suelen ocurrir en privado. “¿Cómo comprobar una violencia de la que nadie es testigo, y quienes son testigos no quieren declarar?”
En su caso, dijo, varias personas prefirieron no declarar por temor a afectar relaciones laborales o comerciales con el empresario denunciado.
A pesar del desgaste emocional y legal, asegura que continuará el proceso judicial para recuperar a sus hijos mientras continúa con las visitas vigiladas, entre mesas de plástico y más familias.
“Es difícil porque pues a pesar de que son convivencias, es una convivencia que no es una convivencia libre como tú la tendrías normalmente con tus hijos”, detalla.
En la primera semana de junio será el cumpleaños del menor de sus hijos, quien le dijo que su deseo es que el problema se solucione y puedan pasar el día juntos.
“El hablar, el hacerlo público y no quedarte callada también ayuda. Hay días en que ya no tienes fuerzas, pero tus hijos son lo que te hace seguir”, dice entre lágrimas.
