Una ciudad peatonal puede tener muchos significados. Muchas ciudades del mundo se consideran “la más peatonal”, pero habría que establecer los parámetros para reconocerle a una ciudad esa categoría.
La Ciudad de México es una urbe fragmentada, pero en el interior de sus fragmentos se vive cierta integridad peatonal, particularmente en las colonias más antiguas. Estos fragmentos quedan delimitados por las grandes avenidas: Viaducto, Circuito Interior, Periférico, entre otras. Las alcaldías Cuauhtémoc y Benito Juárez son las mejor delimitadas por esas barreras. Cruzar entre ambas conlleva más retos que moverse dentro de cada una; pasar hacia Azcapotzalco, Gustavo A. Madero, Iztacalco, Iztapalapa, Miguel Hidalgo o Venustiano Carranza, según el punto específico, se vuelve un reto mayor.
Una ciudad peatonal debe ser continua de extremo a extremo. No porque alguien vaya a caminar de Milpa Alta a Cuajimalpa, sino porque, si existiera esa posibilidad de forma cómoda, agradable, accesible y segura, la ciudad sería peatonal milímetro a milímetro. Ese es el reto: diseñar el espacio y favorecer la convivencia como si cualquier persona pudiera caminar de extremo a extremo. Entre todas las posibilidades de viajes peatonales de los habitantes de esta ciudad, en la práctica se configuran miles de recorridos que, sumados, atraviesan todo el territorio.
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Para llegar a ese “paraíso peatonal”, como lo definí en mi libro “La república peatonal”, necesitamos políticas públicas consistentes a lo largo del tiempo. Mi planteamiento busca que no sea tan relevante qué tan radical o moderado sea un gobierno en la agenda peatonal. Si mantiene la dirección y actúa con constancia, el resultado puede ser extraordinario.
La agenda peatonal se enfrenta a resistencias locales muy relevantes. Los vecinos suelen ser celosos de lo que ocurre en sus calles, y ese celo no necesariamente apunta a favorecer la movilidad peatonal. Hay algunos factores de resistencia: las aceras amplias suelen asociarse con un mayor ambulantaje, sea esto cierto o no. Es común que los planteamientos a favor de ampliar las banquetas enfrenten objeciones relacionadas con la congestión vehicular y la informalidad.
Por tanto, una agenda peatonal no puede limitarse a la infraestructura, sino que debe comprender otras aristas, como el cumplimiento de las reglas, tanto para los vehículos como para otros actores, incluidos el comercio informal y el formal. Algunos negocios suelen apropiarse de áreas peatonales no solo para colocar mesas, sillas y otros enseres, sino también para exhibir mercancía.
Por ello propongo 12 líneas generales:
- Adoptar una política pública integral en materia peatonal y de espacio público.
- Desarrollar instrumentos de planeación de corto, mediano y largo plazo que permitan ejecutar transformaciones durante una administración y darles continuidad en las siguientes.
- Asignar un presupuesto suficiente, prioritario y constante para la ejecución de políticas y proyectos peatonales.
- Incorporar transversalmente las perspectivas de género, accesibilidad e inclusión en las acciones de gobierno.
- Reducir las velocidades de los vehículos automotores mediante normas, estrategias de cultura ciudadana y medidas de tránsito calmado que protejan especialmente a niñas, niños, jóvenes y demás personas usuarias del espacio público.
- Recuperar progresivamente el espacio ocupado por los vehículos automotores mediante la ampliación de aceras, el aprovechamiento de espacios residuales, la reducción de carriles, la peatonalización de calles, la creación de espacios compartidos y la protección de calles terciarias y calles de juego.
- Caracterizar, inventariar y gestionar regularmente la infraestructura peatonal, incluidas sus dimensiones, condiciones, obstáculos, vegetación, mobiliario, cruces, riesgos, servicios e incidencias, para orientar su mantenimiento, rehabilitación, transformación y ampliación.
- Crear una estructura institucional con liderazgo claramente definido, enfocada en lo peatonal y el espacio público. La entidad encargada de estas políticas debería tener también facultades para intervenir en obras y acciones relacionadas con la materia.
- Establecer un área especializada en proyectos de espacio público, encargada de elaborar conceptos de diseño, anteproyectos y proyectos ejecutivos, así como de asesorar iniciativas ciudadanas, vecinales y barriales.
- Modificar el marco regulatorio para proteger al peatón y al espacio público, incluidas disposiciones sobre desarrollo inmobiliario, adecuaciones de predios, mobiliario urbano, enseres, comercio en vía pública, actividades temporales y apropiaciones privadas que generen exclusión.
- Establecer mecanismos sistemáticos de participación ciudadana que favorezcan la apropiación social, permanencia y legitimidad de las intervenciones, así como el conocimiento y el involucramiento colectivo.
- Promover procesos colectivos de imaginación y construcción de futuros urbanos, para que la ciudadanía piense y proyecte espacios públicos orientados a la convivencia humana, con visión de largo plazo y menor dependencia del automóvil.
La peatonalización de Madero en 2010 y la reducción del espacio vehicular en calles como 20 de noviembre y 16 de septiembre fueron buenas decisiones. Con el paso del tiempo, esas intervenciones han generado tanto disfrute del espacio público como oportunidades económicas. ¿Cómo hacer que esto suceda en todos los rincones de la ciudad? Ahí el reto es mayor. En la medida en que caracterizamos las condiciones de las calles, podemos mejorar la infraestructura; y en la medida en que reducimos las velocidades y calmamos el tránsito, incluso cuando la infraestructura todavía no es la adecuada, se puede disfrutar el espacio público con mayor seguridad.
Por tanto, hay dos retos principales: uno está relacionado con las conductas y con la posibilidad de favorecer la convivencia en el espacio público, con seguridad vial y seguridad personal; el otro se relaciona con la infraestructura. No toda puede cambiar de inmediato, pero con acciones sistemáticas la diferencia comienza a notarse.
Zonas y colonias como el Centro Histórico, Polanco, Roma, Condesa, Juárez y Cuauhtémoc lucen hoy mejor que hace 15 años, gracias a una inversión sistemática en el espacio público y en la seguridad de los cruces peatonales. En algunos casos hay ciclovías, bicicleta pública, extensiones de banqueta que acortan los cruces y otras medidas complementarias. Una administración puede avanzar más rápido que otra, pero, si se mantiene la dirección, será posible transformar toda la ciudad en un entorno mucho más favorable para caminar.
