El buen desempeño que tuvo la Selección Mexicana no está en duda. De acuerdo con los expertos en la materia, el equipo demostró ser uno de los mejores de nuestra historia. No sólo por los resultados de los cuatro partidos en que participó, sino por la calidad de sus jugadores. Fue un competidor excepcional… pero no ganaron el Mundial.
Si nos atenemos a lo que se nos decía hace muchos años, “lo que importa no es ganar, sino competir”, la verdad es que el argumento es falso y no ayuda. En casi cualquier competencia, de cualquier actividad, sí importa ganar. Cuando la misión se ve desde la perspectiva de los intereses de una nación, se vuelve muy relevante.
En consecuencia, los países compiten. Y cuando quieren someter a otros, pero no quieren hacerlo por la vía pacífica, declaran guerras o hacen alianzas para imponerse. La mayoría quieren sobresalir. Tratan de destacar. Hacen lo posible por formar parte del grupo de los mejores. Y sí, las sociedades quieren gobiernos que conviertan a sus naciones en ganadoras.
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En efecto: lo que importa es ganar, cumplir objetivos, ser reconocidos y tener prestigio. Por lo mismo, la satisfacción de ser ganadores se convierte en aspiración permanente. Es motivo de orgullo. Da confianza. Nos hace sentir fuertes y poderosos. Provoca alegría —a veces euforia— y fortalece la esperanza. ¿Quién disfruta con el fracaso o la derrota de los líderes en quienes confiamos?
Por si no lo leíste: México dejó atrás el síndrome de los ratones verdes.
Desde que se organizó el primer Mundial de Futbol, nuestra selección no ha ganado una sola copa. Los momentos de frustración, desánimo y desesperanza que ha provocado en la sociedad han sido muchos. Ciertamente ha tenido sus buenos momentos. Sin embargo, jugar bien no ha sido suficiente. En las confrontaciones no siempre se termina premiando a los más entusiastas.
La participación de nuestra selección en las competencias internacionales siempre ha despertado cierta esperanza: “Sí se puede”, “Ya será para la otra” o “¿Y si sí?”. El triunfo es una aspiración natural. No obstante, para alcanzarlo, a veces no importan todos los límites, las reglas ni los códigos de ética. ¡Qué importa que no se deje dormir, por ejemplo, a un equipo que jugará contra el nuestro!
Pero sí, hay que decirlo claro: las normas sí importan. Los resultados positivos provocan un mayor orgullo e inspiran más confianza cuando se cumplen. Cuando no se procede así, el resultado es ilegítimo, inmoral e inaceptable, tal y como sucede cuando en una campaña electoral hay financiamiento ilegal, injerencia del crimen organizado, actos anticipados de propaganda o un piso disparejo.
En cualquier competencia, es normal que seamos testigos de luchas por el poder, en las que los más fuertes, los más hábiles o los más inteligentes terminan imponiéndose. Para la mayoría, no hay nada comparable con la capacidad que demuestran unos para someter, doblegar, dominar o vencer al adversario. La satisfacción es la mayor recompensa. La euforia, una de sus diversas expresiones, incluso cuando se lleva a límites inaceptables e incomprensibles.
Lee más: Laura Rojas. "¿Y si sí?: lo que nos dejó el Mundial", en Opinión La Silla Rota, 06/07/2026.
La esperanza que tiene la población en su selección nacional, en el gobierno y en cualquier otra actividad de competencia política, económica o deportiva no debe decaer. Se tiene que mantener viva. Pero para ganar en cualquier disciplina se necesita estrategia, planeación, análisis de riesgo, políticas públicas modernas, inversiones suficientes, infraestructura adecuada y equipos técnicos.
Aún más. Está demostrado que también se requiere construir una cultura de emprendimiento, de empoderamiento colectivo sobre bases firmes; de políticas educativas y de salud concretas y tangibles que faciliten la preparación de los futuros ganadores. De igual forma, es imprescindible dar capacitaciones de alto nivel, realizar entrenamientos altamente especializados; fomentar la disciplina y acumular una gran experiencia.
El éxito es la suma de un enorme número de variables. Nuestra Selección de futbol no ha tenido éxito todavía porque ha carecido de una política de Estado y una visión de conjunto. Se espera todo de ella, mas no se le ha dado al deporte mexicano lo que realmente se necesita para ser altamente competitivo.
En el mismo sentido, las autoridades siguen sin reconocer que no todo es negocio ni se puede limitar exclusivamente a las ganancias de unos cuantos. La responsabilidad tampoco es exclusiva de los gobiernos. Todos los sectores, grupos privados y medios de comunicación tienen algo que aportar. Se deben coordinar y trabajar como un gran equipo.
Consulta: Rafael García del Valle. "Fútbol, cultura de masas y populismo", en Cualia.es, 25/04/2019.
El futbol es un espectáculo que tiene detrás a una poderosa industria. De ahí que muchos países no pueden controlar la voracidad de algunos de sus intereses. En contraste, resulta difícil aumentar la esperanza de un pueblo cuando las políticas del Estado no han hecho lo suficiente para preparar a un equipo ganador. Por lo mismo es tan inevitable como inaceptable que el tema se politice.
Si queremos a un pueblo esperanzado, alegre y con mentalidad ganadora hay que abrir las opciones. Establecer causas, objetivos y metas ganadoras. En ocasiones, se vale no alcanzar el máximo triunfo, pero sí ser uno de los mejores. Por eso México tiene que ser altamente competitivo y ganador no sólo en algunos deportes sino en las abundantes oportunidades de triunfo que nos ofrece el mundo.
¿A poco no sería muy buena noticia saber que estamos en los primeros lugares de atención a la salud, educación, seguridad e inversión extranjera, entre otros, y ya no como uno de los países con más homicidios dolosos, feminicidios, desapariciones, secuestros, extorsiones y periodistas asesinados; o diabetes, obesidad infantil, cáncer, embarazo adolescente y mortalidad por enfermedades cardiovasculares?
¿Y si sí? Tendríamos, sin duda, un pueblo más feliz, orgulloso, solidario, motivado y con razones para festejar y vencer cualquier reto, por grande que sea.
Recomendación editorial: Ángel Arellano, Federico Irazabal y Manfred Steffen (coordinadores y redactores). Sociedad, política y fútbol. Edición especial de Diálogo Político. Montevideo, Uruguay: Konrad Adenauer Stiftung, Junio de 2018.
