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México dejó atrás el síndrome de los ratones verdes

El mayor legado de este Mundial para los mexicanos, difícilmente podrá medirse en cifras; lo que puede perdurar es el orgullo y la confianza que esta selección devolvió a millones de aficionados. | Ricardo del Muro

Escrito en OPINIÓN el

Inglaterra puso fin al sueño mexicano al imponerse 3-2 en el Estadio Azteca. El conjunto británico protagonizó una defensa heroica: resistió buena parte del encuentro con diez futbolistas y, gracias a las atajadas de su portero, Jordan Pickford, sobrevivió al asedio sostenido del Tricolor, que nuevamente se quedó en el “ya merito”, al dejar escapar un histórico pase a los cuartos de final. 

Esta vez no hubo una gran celebración en el Ángel de la Independencia. Más allá del resultado, que será motivo de análisis para los cronistas deportivos, la selección mexicana dejó atrás el síndrome de los ratones verdes. Por primera vez en mucho tiempo llegó invicta al quinto partido del Mundial y enfrentó a una potencia del futbol sin complejos, convencida de que podía vencerla y estuvo muy cerca de lograrlo.

El Mundial también provocó un fenómeno poco común en un país marcado por la polarización política y golpeado por la violencia del crimen organizado. Durante varias semanas, el conjunto Tricolor se convirtió en un factor de unidad, esperanza y orgullo para millones de mexicanos.

En la víspera del partido contra Inglaterra, Ioan Grillo, articulista de The New York Times, destacó que la triunfal actuación del Tri había unido a millones de aficionados en un momento especialmente tenso para México, marcado por una creciente violencia, polarización política y una campaña de presión contra los cárteles por parte de Estados Unidos, uno de los tres anfitriones del Mundial. Incluso, afirmó el periodista, la violencia relacionada con los cárteles ha tenido una tregua durante el torneo.

Ha sido una derrota dolorosa, pero no estéril. Confirmó que la nueva generación que integra la Selección Mexicana puede competir de igual a igual con las grandes potencias y, en cierta medida, saldó una vieja deuda con una afición curtida por las frustraciones, que durante décadas vistió la camiseta verde con estoicismo, aun cuando las derrotas parecían inevitables.

El escritor Juan Villoro resumió ese sentimiento en una crónica publicada en El País: “Las derrotas dolorosas, como la que acaba de sufrir México, ofrecen una rara compensación. Sufrimos porque ese equipo en verdad nos importaba. Pudimos creer en él. Cayó sin que dejáramos de admirarlo”.

Para muchos comentaristas británicos el triunfo en el Estadio Azteca significó dejar atrás el recuerdo de la “Mano de Dios” de Diego Armando Maradona que   eliminó a Inglaterra en el Mundial de 1986. Para la afición mexicana, aun con la derrota, el partido representó el exorcismo de la maldición de los “Ratones Verdes”, el apodo acuñado por el periodista Manuel Seyde para describir la inseguridad con la que la selección enfrentaba a las grandes potencias.

El término surgió tras la humillante derrota de 8-0 frente a Inglaterra en 1961. La leyenda dice que el técnico inglés Alf Ramsey afirmó que los mexicanos corrían como “conejos asustados”, y Seyde transformó esa imagen en “ratones verdes”, una expresión que durante décadas simbolizó el miedo escénico del futbol mexicano

Javier Aguirre sostuvo que, pese a la eliminación, la Selección dejó una base sólida para el futuro. En una entrevista con Diego Mancera, publicada en El País, afirmó: “Caer de esta manera duele mucho. Los 26 me hicieron muy feliz. Cumplimos dos meses juntos. Deben irse con la cabeza en alto. La crítica debe ser al entrenador. Los jugadores dejaron la piel en el campo. Hoy no pudo ser”. 

Aguirre confirmó que dejará la dirección técnica del Tricolor para ceder el relevo a Rafa Márquez, convencido de que el equipo está preparado para mantener el crecimiento mostrado en este Mundial

Los mercaderes del futbol –principalmente la FIFA y las grandes cadenas de televisión– generaron, como suele ocurrir, un fenómeno que los sociólogos estadounidenses de la posguerra denominaron “expectativas crecientes”, cuya contraparte es la frustración aplastante cuando los objetivos no llegan a cumplirse.  

El desempeño de la selección evitó que esas expectativas derivaran en un sentimiento colectivo de derrota.  El Mundial también dio paso al llamado “efecto luna de miel”, concepto de la sociología política que explica cómo un gran éxito deportivo fortalece temporalmente la identidad nacional y mejora el estado de ánimo colectivo. Sin embargo, ese impulso suele desvanecerse en cuestión de días o semanas, cuando reaparecen los problemas cotidianos.

Con la eliminación del equipo mexicano también terminó la fiesta mundialista en el territorio nacional. A partir de los cuartos de final, el torneo se trasladará por completo a Estados Unidos, donde se disputarán todos los encuentros restantes, incluidas las semifinales, el partido por el tercer lugar y la final del 19 de julio en el MetLife Stadium, en el área metropolitana de Nueva Jersey.

Es previsible que el cierre de la actividad mundialista en México reduzca el consumo asociado al torneo, aunque los analistas descartan repercusiones macroeconómicas relevantes.

Durante la presentación de las Perspectivas Económicas 2026-2027, el director de Estudios Económicos de Banamex, Iván Arias, estimó que el Mundial aportará alrededor de 0.1 puntos porcentuales al crecimiento del Producto Interno Bruto, equivalente a unos 35 mil millones de pesos, cifra que ya forma parte de las proyecciones del banco. Moody´s Analytics llega a una conclusión similar al calcular un efecto de apenas 0.14 puntos porcentuales sobre el PIB de 2026. 

Entre el 11 de junio y el 5 de julio, México fue sede de la fase de grupos, los dieciseisavos y parte de los octavos de final. En cada partido del Tri disputado en el Azteca se consumieron aproximadamente 2.5 millones de dólares en cerveza, además del gasto en alimentos y mercancías. La Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio estimó una derrama económica de hasta 65 mil millones de pesos, aunque los analistas coinciden que el impacto sobre el crecimiento económico será reducido y temporal. 

El mayor legado de este Mundial para los mexicanos, sin embargo, difícilmente podrá medirse en cifras. Lo que puede perdurar es el orgullo y la confianza que esta selección devolvió a millones de aficionados, convencidos por primera vez en mucho tiempo de que México puede competir de igual a igual con las grandes potencias.

Ricardo del Muro

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