SOSTENIBILIDAD AGRÍCOLA

Del campo al plato: ¿con qué se come la sostenibilidad?

El futuro del campo no está en dividir modelos agrícolas, sino en impulsar una transición hacia prácticas más sostenibles. | Raúl Mondragón Segura*

Escrito en OPINIÓN el

En el supermercado y en el tianguis, en las redes sociales y en las sobremesas, cuando hablamos del futuro del campo aparecen cada vez más etiquetas: orgánico, regenerativo, agroecológico. Todas prometen alimentos más sanos y un planeta mejor cuidado, pero para la mayoría siguen siendo conceptos difusos, casi de moda. ¿Con qué se comen, entonces? Y, sobre todo, ¿deberíamos sentirnos culpables por lo que comemos?

Antes que todo, la agricultura convencional, la de todos los días, no es la villana de esta historia. Es la que alimenta a la mayoría, la que está al alcance del bolsillo y la que ha permitido producir a gran escala. El problema no es que exista, sino que durante décadas ignoramos su costo real: el daño socioambiental que puede causar cuando no se produce de manera sostenible. No es un asunto de voluntades, sino de un modelo que midió el éxito por el rendimiento y el precio, sin considerar sus impactos sobre el suelo, el agua y el aire. De acuerdo con el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), cerca del 30 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero provienen de los sistemas productivos que llevan los alimentos del campo a la mesa, mientras buena parte de los suelos agrícolas ya presenta algún grado de degradación.

Frente a estos desafíos han surgido, o vuelto a cobrar relevancia, distintas alternativas. La agricultura orgánica prohíbe los agroquímicos sintéticos y se rige por certificaciones para ofrecer alimentos libres de residuos tóxicos (Secretaría de Agricultura), mientras que la agricultura regenerativa va un paso más allá: pone el suelo en el centro, busca recuperar la materia orgánica y la biodiversidad, capturar carbono y devolver vida a tierras degradadas. La agroecología, por su parte, es la propuesta más amplia. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), es al mismo tiempo una ciencia, una práctica y un movimiento social que integra los saberes campesinos e indígenas y promueve sistemas alimentarios más justos. 

Sin embargo, estas tres formas de hacer agricultura no son bandos rivales ni una carrera de sellos, sino etapas de un mismo trayecto. Comparten prácticas e ideales y, muchas veces, se complementan. La diferencia no está en la técnica, sino en su alcance. Por eso conviene decirlo sin rodeos: una etiqueta plasmada en un producto del campo por sí sola no es una transformación real (ni para la agricultura, productores, consumidores y el ambiente), y existe el riesgo de que estos conceptos se usen como simple mercadotecnia.

Además, en la práctica, la frontera entre la agricultura convencional y la sostenible es difusa. Existe un amplio terreno intermedio donde las personas agricultoras combinan prácticas para reducir insumos químicos, diversificar cultivos o cuidar mejor el agua. El desafío no es dividir al campo en dos bandos, sino incentivar que cada unidad productiva avance hacia la sostenibilidad. Y aquí surge la verdadera incomodidad. Como han documentado investigadores de la Universidad Autónoma de Chapingo, buena parte de la producción “orgánica” mexicana se destina a la exportación, mientras el mercado interno sigue en desarrollo. En otras palabras, muchos de esos alimentos llegan primero a mesas de otros continentes antes que a las nuestras.

Entonces, ¿a qué podemos aspirar? A consumir alimentos buenos, limpios y justos, siguiendo la filosofía de Slow Food: productos sanos, respetuosos con el medio ambiente y culturalmente apropiados, con reglas más equitativas para quienes los producen y quienes los consumen.

Y esto no se consigue cargando toda la responsabilidad en las personas consumidoras ni exigiendo que cada persona agricultora dé el salto en solitario. Revertir el modelo actual exige decisiones de política pública, de mercado y de financiamiento. La transición requiere reglas claras, financiamiento accesible y mercados que acerquen el campo a la mesa. Es una tarea compartida entre gobiernos, empresas, organizaciones y sociedad. Porque la agricultura convencional no es el problema: es el punto de partida. La agricultura sostenible es el rumbo hacia el que, juntos, podemos avanzar.

Referencias

Gómez Cruz, M. Á., Schwentesius Rindermann, R., Ortigoza Rufino, J., y Gómez Tovar, L. (2010). Situación y desafíos del sector orgánico de México. Revista Mexicana de Ciencias Agrícolas, 1(4), 593-608. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2007-09342010000400011

Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. (s.f.-a). Agricultura regenerativa, ¡el futuro es hoy! Gobierno de México. https://www.gob.mx/agricultura/articulos/agricultura-regenerativa-el-futuro-es-hoy

Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. (s.f.-b). Agroecología para mejorar la agricultura mexicana. Gobierno de México. https://www.gob.mx/agricultura/articulos/agroecologia-para-mejorar-la-agricultura-mexicana

Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. (s.f.-c). ¿Qué es la agricultura orgánica? Gobierno de México. https://www.gob.mx/agricultura/articulos/que-es-la-agricultura-organica

Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera. (s.f.). Agricultura regenerativa, cultivar con la naturaleza. Gobierno de México. https://www.gob.mx/siap/articulos/agricultura-regenerativa-cultivar-con-la-naturaleza

Slow Food. (s.f.). La receta de Slow Food para unos sistemas alimentarios buenos, limpios y justos. https://www.slowfood.com/es/blog-and-news/la-receta-de-slow-food-para-unos-sistemas-alimentarios-buenos-limpios-y-justos/ 

Nota del editor: Raúl Mondragón Segura es Asociado Sénior en Producción Sostenible de GGGI en México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

*Raúl Mondragón Segura

Asociado Sénior en Producción Sostenible en GGGI México. Es maestro en Agroecología y Sistemas Alimentarios Regenerativos por la Universidad del Medio Ambiente (UMA), cuenta con una especialidad en Soberanía Alimentaria e Incidencia Estratégica Local por el CIATEJ (CONAHCYT) y es licenciado en Administración de Empresas.

En GGGI lidera el diseño e implementación de estrategias de producción sostenible y financiamiento verde para cadenas de valor agroalimentarias.

Previamente, cofundó el Colectivo Ahuejote, donde impulsó proyectos de agroecología, comercialización de alimentos y fortalecimiento de organizaciones de productores. También ha coordinado iniciativas de adaptación al cambio climático, agricultura regenerativa y desarrollo territorial con organizaciones de la sociedad civil, empresas y comunidades agrícolas en México.

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