MASCULINIDADES CONTEMPORÁNEAS

Los retos de las masculinidades contemporáneas

¿Qué significa ser hombre hoy? La nueva edición de Casa del Tiempo invita a cuestionar las ideas tradicionales sobre la masculinidad y abrir el diálogo sobre nuevas formas de entenderla. | Leonardo Bastida

Escrito en OPINIÓN el

¿De dónde surge la asociación de lo masculino con la fuerza, la dominación o el control? Es la pregunta central planteada en el nuevo número de la Revista Casa del Tiempo, titulado “Masculinidades: diálogos y deconstrucciones”, a través del cual se analizan identidades, deseos, cuerpos y experiencias que rompen con normas patriarcales y se cuestionan escenarios actuales como el surgimiento de posturas radicalizadas sobre el ser hombre y su interacción con otras personas. 

La edición reúne voces de distintas generaciones y disciplinas. Rodrigo Parrini aborda las formas incompletas de lo masculino; Karol Esthefanya Ramírez revisa el fenómeno incel; Mariana Martínez Bonilla analiza la llamada machosfera; Lázaro Izael participa con poesía, mientras Ingrid Solana y Rodrigo Rosas Mendoza suman cruces con la danza y la literatura. Además del texto que dio origen a esta propuesta, un ensayo de la dramaturga Silvia A. Peláez sobre la película de “Frankenstein”, de Guillermo del Toro, su lectura de la criatura y la ruptura del estereotipo clásico de masculinidad

Parte del ejercicio de este número consiste en entablar cuestionamientos hacia las formas en que se han construido las maneras del ser masculino en nuestra contemporaneidad, y por ello, se revisa a fondo el documental “Dentro de la machosfera”, de Louis Theroux, donde se denuncia el surgimiento de comunidades virtuales de hombres, guiados por otros hombres, para exponer su enojo ante el fin del privilegio masculino, derivado de ciertos cambios sociales. 

Su manera de accionar es, como señala la autora del artículo Mariana Martínez, por medio de una red de comunidades que pretenden atender problemas como las relaciones sexoafectivas, la paternidad y el cuidado físico, pero que, paradójicamente, promueven actitudes y conductas nocivas mediante consejos malintencionados que legitiman la violencia física y simbólica contra las mujeres y contra aquellos hombres que no son considerados como hiper masculinos

Por lo tanto, el modelo de masculinidad que promueven es el del hombre heterosexual, viril y proveedor, y todos aquellos individuos que no cumplan con dicha norma, son considerados como indeseables y descartables.

A propósito de este artículo se pueden revivir algunos episodios como los del exjugador de fútbol, Javier Hernández, quien hace un año publicó en sus redes sociales una serie de videos en los que mencionó “mujeres, están fracasando, están erradicando la masculinidad, haciendo a la sociedad hipersensible”, “cuidando, nutriendo, recibiendo, multiplicando, limpiando”, “no le tengan miedo a ser mujeres, a permitirse ser lideradas por un hombre que lo único que quiere es verlas feliz”.

A propósito de este número de la revista, quien esto escribe, trae a colación algunos fragmentos de una entrevista realizada al antropólogo, Guillermo Núñez Noriega, pionero en los estudios de masculinidades en México y autor de “Abriendo brecha: los estudios de género de los hombres y las masculinidades en México (1990-2014)”, en la que señalaba que para la comprensión de las maneras de ser hombre en nuestros días es necesario incluir otros temas que requieren de un análisis desde esta perspectiva de género, como la violencia, en el sentido de su legitimación como parte fundamental de la construcción como varones.

Partiendo de esa premisa, el investigador sugería el estudio del crimen organizado y la narcocultura, cuyo eje ideológico central son los valores de hipervirilidad, los cuales son sumamente atractivos para el reclutamiento de nuevos miembros de los grupos organizados, pues garantizan vivir una masculinidad exaltada que cautiva. Sumado a lo que considera posiciones negativas como la irrupción o la búsqueda de perpetuación de exigencias, posiciones de autoridad y reivindicaciones de algunos valores asociados al machismo y a la hegemonía.

Recientemente, Caitlin Morán, periodista y escritora británica, plantea en su nuevo libro “¿Y los hombres qué?” (Anagrama, 2025), dicha pregunta para responder a la pregunta de por qué no se les involucra en la respuesta a las desigualdades motivadas por el género, y tan arraigadas en nuestras sociedades, a las poblaciones masculinas, y a reconocer que, a pesar de que se habla mucho de ellos, también hay mucho desconocimiento sobre sus formas de ser y de estar en el mundo. O, peor aún, ni siquiera contemplarles como parte de las soluciones debido a este desconocimiento de su y su estar en el mundo. 

En las últimas décadas se ha posicionado en el campo de la investigación académica y en la elaboración de políticas públicas el tema de las masculinidades, apelando a la posibilidad de la construcción de nuevas masculinidades, con la finalidad de dejar atrás aquellos vicios perpetuadores del patriarcado, el androcentrismo, el machismo y el heterocentrismo, por nombrar a algunos.

Sin embargo, advierte, estos nuevos aires parecen no haber llegado a muchas conciencias, e incluso, se han generado algunas contra respuestas de corte conservador a favor de la supremacía de lo masculino y de la conservación de ciertos privilegios por parte de los hombres, traducidos en la machosfera, como un contexto en el que se perpetúan esas expresiones de sobajamiento y de imposición a las mujeres. Pero también, la fragilidad de esa actitud ante el desconocimiento de otras formas de ver y de pensar el mundo. 

Como parte de una conclusión hipotética, la autora hace un llamado al conocimiento del otro, en este caso, el hombre, para poder proponer una forma de incorporación a la solución de problemas en los que la principal dificultad es su propia configuración social. Pero este llamado no sólo es para quienes no son hombres, sino también para nosotros mismos, pues debemos llevar a cabo procesos de introspección y de autoconocimiento a fin de criticar nuestro deber ser y conocer otras voces y opiniones a fin de formar criterios propios, alejados de los dictados y adecuados a nuestras realidades.

Leonardo Bastida

@leonardobastida