El futbol es un reflejo de lo que ocurre en las sociedades. En el último mes, a propósito de la celebración del Campeonato Mundial de balompié en Canadá, Estados Unidos y México ha surgido un debate sobre los orígenes de quienes forman parte de las selecciones participantes en el torneo, e incluso, se ha denostado su nacionalidad al señalarse que no representan realmente al país para el que están jugando en el torneo.
En realidad, la configuración actual de muchas selecciones de futbol, no sólo las participantes en el mundial, y de las delegaciones deportivas de muchas naciones responde a los procesos sociales de sus países acentuados por las políticas económicas impulsadas a nivel internacional como parte de un proyecto a favor de los mercados y el libre comercio, en detrimento de los gruesos de población, y cuyos resultados han sido los grandes desplazamientos humanos de las últimas tres décadas.
Para comprender estos procesos, María Dolores París Pombo, de El Colegio de la Frontera Norte, acaba de publicar el libro “En los umbrales del norte global” (Siglo XXI Editores) con el objetivo de “desnaturalizar las medidas de control de movilidad humana a lo largo de las rutas migratorias, las políticas de contención y el filtro de las migraciones de sur a norte”. Por lo tanto, uno de los primeros puntos que aclara es que, actualmente, en el mundo, hay fronteras norte–sur, más que, entre países.
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Como norte entiende que este lo conforman los países o las regiones que son parte de la hegemonía mundial mientras que el sur engloba a las zonas del mundo donde están las otras y los otros, no circunscritos a la hegemonía y donde aparece la pobreza, la desigualdad y estrategias de sobrevivencia para contrarrestarles, por lo regular fuera de América del Norte y de Europa.
Estas fronteras, lo que buscan, es contener el paso de quienes provienen del sur hacia el norte por medio de la creación de zonas intermedias o tapón, en las que los países que las abarcan implementen estrategias para frenar esos flujos y evitar que lleguen a las puertas de ingreso de ese norte hegemónico. Ejemplo de lo anterior, resalta la autora, es nuestro país o Italia, naciones tradicionalmente expulsoras de migrantes, pero que, al paso del tiempo, se han convertido en ese espacio de bloqueo para otros flujos migratorios.
Desafortunadamente, la inmigración es considerada una amenaza a la identidad y a la integridad territorial por lo que estas zonas se convierten en umbrales, es decir, esos espacios geográficos en los que se ponen en acción los dispositivos fronterizos de salvaguarda de los territorios que se consideran en riesgo, y que, a diferencia de otro momentos, ya no son los aeropuertos, estaciones de tren o de autobús o zonas de revisión migratoria en las puertas de entrada, sino que se han convertido en los campos de refugiados, los centros de detención, las islas o franjas donde se contiene a estos flujos como Lampedusa y otras.
Por otra parte, hay las migraciones autónomas, es decir, todas esas estrategias de las y los migrantes y sus redes sociales para superar todas las barreras puestas por los Estados para poder cumplir con su proyecto migratorio. Derivando de estas, una etapa poscolonial de los desplazamientos humanos, pues llegan a los países del norte los “sujetos coloniales”, productos del racismo, de la conquista y del colonialismo, para construir sus propios espacios.
El escenario ha provocado que en el norte haya una obsesión por el control de las fronteras y que estas sean parte del discurso político sobre el que se sustentan los gobiernos, mediante “la demonización” de las y los migrantes, acusándoles de muchas de las problemáticas sociales de sus propias naciones como la degradación de las condiciones de vida, la cual, ocurriría con o sin la presencia de migrantes.
Estos discursos contra la migración se sustentan en la racialización de las poblaciones migrantes, en un abierto racismo, ya no sólo adoptado por las corrientes políticas de derecha, sino también de centro y de izquierda, pero que deja de lado “…el extractivismo y las políticas neoliberales que acentuaron la expulsión y el desplazamiento forzado debido al acelerado deterioro ambiental y al despojo”, como señala la especialista galardonada con el Premio Latinoamericano Book Award de 2019.
Por ello, estos comentarios alrededor de los integrantes de las selecciones de futbol no son gratuitos, debido a la gran difusión de mensajes contra la inmigración en los discursos de las autoridades gubernamentales y en los medios de comunicación afines a ellas, así como las redes sociales, pero también, como recalca la también autora de “Violencia en la frontera entre Estados Unidos y México”, en su traducción en acciones como la militarización de las fronteras, la erosión del derecho al asilo, el rechazo o la expulsión de migrantes a otros países que no son los suyos, la multiplicación de vallas físicas, aparatos de seguridad y múltiples violencias en contra de quienes están en situación de movilidad.
Sin embargo, en su epílogo, París Pombo advierte que, las personas migrantes “…mediante sus propias redes sociales , sus prácticas colectivas ejercen formas múltiples de resistencia y reconfiguran los territorios de migración”.
