Como un elemento acusador sin saber las causas por las cuales acusa; una manera de juzgar sin escuchar y un mecanismo de condena que no es accidental ni producto de un error son las maneras en que el filósofo francés André Glucksman definiría al odio. Por otra parte, la pensadora brasileña Marcia Tiburi considera que es “ese afecto expresado a través de la intolerancia, la violencia que se proyecta, o incluso, la declaración de muerte del otro, que llega a ser pensado como algo irracional, pero que está presente en las sociedades contemporáneas y deriva de experiencias compartidas, del murmuro y el acoso moral, pero también del miedo, convertido en paranoia, y cuya respuesta es el odio en múltiples direcciones”.
Estas definiciones se rescatan como colofón de la celebración del Campeonato Mundial de Futbol de este año, jugado parcialmente en nuestro país, a propósito de algunas situaciones ocurridas en los medios de comunicación como parte de los sucesos acontecidos en la cancha y cuyas consecuencias han rebasado sus linderos, y abierto una serie de cuestionamientos hacia la validez de algunos comentarios cuyo pretexto es el juego, pero cuyo trasfondo es complejo.
“Detesto a los mexicanos, los detesto con mi alma. Son detestables esos tipos, la envidia que le tienen los argentinos a los mexicanos, no sólo en el futbol, sino en todo. Quieren ser como nosotros y no les da el pie, en futbol son de madera”, dijo Eduardo Feinmann en “El Noticiero” del canal A24 de Argentina el cinco de julio después del partido entre México e Inglaterra.
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Agregando que “El ahorita ese se lo pueden meter por el orto (...) Detestables esos tipos (...) la envidia que los mexicanos le tienen a los argentinos, no solamente en el futbol, en todo (...) quieren ser como nosotros, y no les da el piné (no tienen la capacidad). Son de madera", enfatizó el conductor, seguido por algunos de sus compañeros de transmisión al asegurar que también deseaban la eliminación de la selección mexicana.
Días después, el nueve de julio, explicó que sus palabras fueron malinterpretadas: “No fue un mensaje xenófobo, no fue un mensaje de odio, estábamos hablando de futbol (...) Una pasión deportiva nunca debería confundirse con el desprecio de un pueblo”. Sin embargo, hay que recordar, que en días previos a su polémico comentario aseguró que la selección ecuatoriana de futbol había sido intimidada por narcotraficantes mexicanos.
Al finalizar el partido de octavos de final entre Paraguay y Francia, la senadora de la nación sudamericana, Celeste Amarilla publicó en sus redes sociales que el capitán de la selección gala, Kylian Mbappé era un “camerunés colonizado, fingiendo duro ser francés, resentido, rico nuevo, prepotente y feo”, lo calificó de “bruto”, que “no aprendió ni a escribir” y que “en vez de leche materna chupaba cocos y lo más instruido que escuchó eran chimpancés”.
Tras obtener una respuesta por parte del también delantero del Real Madrid, la legisladora ha insistido en proferirle insultos al señalar que era un “hi.. d. p…” por no haber estrechado la mano del portero de la selección paraguaya, y volvió a enfatizar que ''eso no lo habría hecho un francés''.
Ante la situación, las autoridades francesas abrieron una investigación por insulto público agravado e incitación al odio o a la violencia bajo la premisa de que “los comentarios presuntamente se hicieron debido al origen, etnia, nacionalidad, raza o religión reales o percibidos de la víctima”.
En junio pasado, se conmemoró el Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio con la finalidad de promover iniciativas en todos los sectores y niveles de la sociedad para incentivar el diálogo, la tolerancia, el entendimiento y la cooperación entre religiones y culturas, como herramienta para combatir el discurso de odio. Por ello, en esta ocasión se hizo énfasis en el poder de las alianzas para llevar a cabo estas acciones.
Los ejemplos anteriores solo son una pequeña muestra de lo que se puede decir a través de un medio de comunicación o de una plataforma de redes sociales con impunidad y sin pensar en las consecuencias de los mensajes. En este caso, salieron al calor de partidos de futbol, pero desafortunadamente, este tipo de comentarios se reproducen de manera frecuente en la oralidad cotidiana, en redes sociales o en cualquier otra posibilidad de comunicación.
A propósito de esta necesidad de alianzas para erradicar los discursos de odio y que los ejemplos más mediáticos derivaron de los encuentros del Campeonato de Futbol de la FIFA, sería muy conveniente que el organismo se sumará a esta iniciativa debido a que, desafortunadamente, este deporte ha sido el pretexto para lanzar este tipo de discursos, ya sea a través de mensajes muy evidentes como los retomados en este texto, pero también en los cánticos de los grupos de aficionados o en actitudes que toman en las gradas para menoscabar al rival.
El odio no es un juego, pero a través del juego hay una excelente posibilidad para comenzar a sensibilizar a la población sobre la problemática.
