ECONOMÍA DE MÉXICO

México, ¿emprendedor?

La teoría de la economista Mariana Mazzucato, "Estado emprendedor", defiende al Estado como jugador y moldeador de la economía, no como mero espectador: ¿México es un Estado emprendedor? | Carlos Gastélum

Escrito en OPINIÓN el

Hace unos días estuvo en México Mariana Mazzucato, economista que dirige el Instituto para la Innovación y el Propósito Público de la University College London. Su teoría más conocida es la del "Estado emprendedor", publicada originalmente en 2011. Sostiene que el Estado crea mercados, genera valor económico y multiplica el crecimiento de un país, contra las teorías reduccionistas que lo limitan al ente regulador. Lo defiende como jugador y moldeador de la economía, no como mero espectador.

Para defender su tesis toma el ejemplo de Estados Unidos. El iPhone o los medicamentos huérfanos –esos utilizados para las llamadas enfermedades raras– fueron resultado de inversiones, compras y subsidios de agencias de gobierno en materia de defensa, energía o salud. El internet mismo surgió de una investigación financiada por la DARPA. De ahí su ironía sobre figuras como Steve Jobs o Elon Musk: genios del ensamblaje y del marketing, sin duda, pero sin lo construido durante décadas con dinero público difícilmente serían los innovadores que hoy se piensa.

Empero, desde el thatcherismo y el reaganismo cobraron fama la desregulación y la idea de que el sector privado "hace todo mejor". La consecuencia: reducciones importantes en la inversión pública para la innovación que el sector privado no compensó, pues ahí la prioridad es distribuir utilidades. Su propuesta: que el Estado deje de ser solo regulador para volverse jugador, que obtenga beneficios cuando los éxitos privados provengan de inversión pública y que apueste por inversión de alto riesgo donde nadie más quiere poner dinero.

Son estos últimos puntos los que han atraído la atención de gobiernos como el que tenemos en México. Regresar al Estado al centro de la economía ha sido parte del proyecto que inició desde 2018, consolidado tanto por vías informales –inacción gubernamental, por ejemplo– como formales –cambios constitucionales, legales o administrativos–.

En su reciente visita a la Secretaría de Economía para hablar sobre el Plan México, Mazzucato abordó los puntos vulnerables de la estrategia presidencial: falta de coordinación entre regiones para generar valor, pymes sin preparación para insertarse en las cadenas de proveeduría y ausencia de capacidades financieras del Estado.

Sin embargo, el principal problema de los funcionarios públicos en México seguidores de Mazzucato es la aproximación selectiva de sus propuestas. Coinciden en que el Estado debe regresar al centro económico, pero su aproximación es una de control, no de generación de valor. El desarrollo y la innovación dependen de que el Estado financie investigaciones de alto riesgo inicial, cree centros de investigación y genere hubs con empresas de todos los tamaños, con vocación de largo plazo.

En su lugar, el Plan México ofrece facilidades regulatorias, incentivos fiscales y redes de comercio entre las industrias. ¿Sirve? Ya lo veremos. Pero un Estado emprendedor no existe sin un gobierno dispuesto a meterle dinero al desarrollo y la innovación.

E irónicamente, quienes hoy buscan en Mazzucato la justificación para el control estatal olvidan a qué se le ha apostado: al gasto corriente como columna vertebral del proyecto político en curso, a la eliminación de fideicomisos especializados de investigación, a la ausencia de una reforma fiscal que amplíe la base tributaria y a convivir con un brutal nivel de informalidad.

¿Es México un Estado emprendedor? Por ahora, si no contradictorio, cuando menos iluso, es un Estado operado por servidores públicos de lecturas selectivas.

 

Carlos Gastélum

@c_gastelum