PRECAMPAÑA

Esta no es una precampaña

Morena, PT y PVEM han abierto el proceso para elegir coordinadores en 17 estados: formalmente no son precampañas, pero en los hechos, todo apunta a quienes serán candidatos a gobernador. | Carlos Gastélum

Escrito en OPINIÓN el

En 1929, el pintor surrealista René Magritte pintó una obra titulada Ceci n'est pas une pipe (Esta no es una pipa). El óleo mostraba la imagen de una pipa, con el título al calce. Considerado uno de los precursores del arte conceptual del siglo XX, Magritte jugaba con la ironía de deslizar con palabras contraposiciones que a simple vista resultarían evidentes.

Era claro que la pintura no era una pipa, pues no cumplía la función que las pipas realizan. Pero sin el título al calce, a cualquier ojo le parecería que lo que está viendo es, en efecto, una pipa. La obra nos pone a reflexionar sobre uno de los acertijos más persistentes: la distancia entre lo que algo es y lo que parece, entre la función real de una cosa y el nombre con el que se la designa.

Otro tipo de surrealismo más cercano es el de la política mexicana y sus partidos. Morena, PT y PVEM lanzaron la convocatoria para los Coordinadores de la Defensa de la Transformación y la Soberanía en los 17 estados donde habrá elecciones a gobernador el próximo año. Las inscripciones se realizan esta semana para, después de un proceso de evaluación y filtrado, levantar las encuestas que encumbren a un coordinador o coordinadora por entidad federativa en septiembre.

Quien obtenga la coordinación será, en los hechos, la persona candidata a la gubernatura. Se argumenta que, dada la autodeterminación de los partidos en su organización interna, las reglas que éstos fijen para sus tareas de movilización no afectan la normatividad electoral. Esto, incluso cuando el propósito último de esa tarea organizativa sea el que llevó a establecer las reglas de las precampañas electorales: regular las competencias internas partidistas sin tomar ventaja indebida.

Morena y sus aliados tienen incentivos para buscarle una interpretación flexible a la legislación. El más evidente es aprovechar desde temprano la visibilidad de sus futuros contendientes, sin fiscalización de la autoridad electoral. Pero hay otros más pragmáticos de gestión interna: en buena parte del país, ser candidato de la coalición morenista equivale casi en automático a una candidatura ganadora. O al menos esa es la percepción, sobre todo donde la oposición llega muy debilitada.

De ahí que en cada entidad se anoten treinta o más aspirantes a coordinadores, aunque en realidad solo unos cuantos tengan posibilidades reales de destacar en las encuestas. El resto buscará sumarse al proyecto ganador, transaccionar su apoyo a cambio de algún consuelo futuro en otra candidatura o posición gubernamental, o simplemente ir preparando el terreno para la siguiente elección.

Otro incentivo está en cuidar las relaciones interpartidistas. En las entidades donde el PVEM y el PT se envalentonan para ir en solitario, una fractura en el presente podría traducirse en rupturas permanentes hacia el futuro, y esa geometría variable ya asoma en varios de los 17 estados en disputa. En conjunto, estas dinámicas terminan por perforar los límites entre la organización interna y la vida pública.

Por un lado, al adelantar los tiempos y exigir renuncias o licencias de cargos —al menos en el caso de Morena—, se adelantan también las lógicas partidistas frente a las obligaciones de función pública. Por el otro, se pone en duda la observancia de las autoridades electorales, pues si en los hechos estamos frente a precampañas, tendrían que ser aplicables las reglas para prevenir actos anticipados. Al no suceder esto, la invitación para que otras fuerzas políticas se suban también a esa flexibilidad interpretativa es, cuando menos, inevitable.

Puede ser que las reglas electorales actuales no coincidan con las realidades políticas vigentes; pero para eso sirven las mayorías: para ajustar la legislación. Eso es todavía más importante cuando la vida interna de los partidos se sostiene, sobre todo, con recursos públicos pagados por los contribuyentes. No es sensato subvencionar mecanismos democráticos que no se observan, ni instituciones partidistas con criterios amplísimos sobre cuándo las leyes les resultan o no aplicables.

Por el momento, las coordinaciones, como en el cuadro de Magritte, dejan un eco difícil de ignorar: esta no es una precampaña.

 

Carlos Gastélum

@c_gastelum