#LACÁBALA

SLP: Mordisqueado la galleta azul

La oposición de partidos tradicionales en SLP es real pero frágil: tendrá que reaprender a diferenciarse del oficialismo al que se entregó con silencios, con condescendencia, con intercambio de favores. | Adriana Ochoa

Escrito en OPINIÓN el

El mapa político mexicano asiste desde hace casi una década a una mutación silenciosa pero profunda. En este tablero, San Luis Potosí se perfila como un laboratorio donde se medirá la resistencia de las viejas identidades frente a la irrupción de Somos México, la nueva marca que busca capitalizar el descontento.

Para 2027, el estado no solo renovará alcaldías. Enfrentará el espejo de su propia fragmentación. Somos México, tras un lustro de orbitar tácticamente entre el PRI y el PAN, ha decidido romper amarras. Su promesa es presentarse como la única y verdadera oposición real.

Aquí lo dijeron por Morena, pero aún más por el gallardismo que gobierna SLP con franquicia Verde. Guadalupe Acosta Naranjo, presidente del emergente Somos México, y el representante ante el INE de esa nueva formación política, Emilio Álvarez Icaza, lo destacaron en sus mensajes de instalación de la directiva estatal del partido: Somos México sí va a ser oposición

Con todo y las críticas duras de Acosta Naranjo al gobernador potosino, la aparición de este nuevo chico en la cuadra, belicoso, no debería incomodar a la maquinaria gallardista. Si Somos México no se hace al molde de supervivencia flotante del PRI, el PAN y MC, el del problema en San Luis Potosí es el PAN y sus proyectos a la gubernatura y la alcaldía de la capital. 

Acosta Naranjo también dijo que los dirigentes de Somos México no serán candidatos, ni a una regiduría. Que se van a enfocar en el esfuerzo de construir una oposición competitiva y real. Encabezado por el exalcalde Xavier Nava Palacios, Somos México, con el nombre aún en disputa, llega a un ecosistema potosino ya tensionado por el control territorial del oficialismo. 

La irrupción de una tercera vía debilita la capacidad de retención de las siglas tradicionales. En la capital, el dilema necesita un rostro concreto. Como en esos tableros o marcos para fotos de playa donde se coloca el rostro para hacerse la foto de humor como un tipo musculoso o una curvilínea en bikini, algunos se asoman ya en el juego.

Un aspirante, Marcelo de los Santos Anaya, encarna una paradoja clásica de la política. Es el heredero de un apellido que evoca la última época dorada del panismo en la región. Su padre, el exgobernador Marcelo de los Santos Fraga, sigue siendo un referente de peso.

Sin embargo, los apellidos son armas de doble filo. En los círculos empresariales y de élite, la candidatura de De los Santos Anaya se recibe con un entusiasmo muy sectorial. Ven en él a un contador exitoso, un hombre del sector inmobiliario ajeno al lado más odioso de la burocracia.

Es el mito del outsider de la política que viene a hacer un gobierno eficaz. Su perfil ciudadano apela a la nostalgia de una gestión con lógica privada, opuesto a los dispendios en dádivas. Para un PAN debilitado y falto de cuadros frescos, entusiasma a su clientela más compleja.

Pero la realidad de las urnas suele ser más hostil: la principal debilidad del aspirante es su desconexión con la gestión territorial. Carecer de experiencia en el servicio público visible es un flanco abierto que sus rivales explotarán sin tregua. La alcaldía es un mostrador a donde los reclamos no llegan no siempre en el más adecuado de los tonos.

En las colonias populares las demandas de agua, seguridad y movilidad son urgencias diarias, la imagen de un empresario de alto nivel genera si no desconfianza, sí mucha lejanía. La percepción de una élite desconectada es un lastre difícil de sacudir en campaña.

El apellido De los Santos asegura el voto duro en los distritos acomodados, como el V federal. Pero fuera de esa burbuja urbana, su capacidad de arrastre se diluye frente a estructuras más territoriales.

El camino interno tampoco será un paseo. El PAN potosino retiene liderazgos probados en el fango electoral. Figuras como el diputado Rubén Guajardo Barrera representan aduanas complejas para quien pretende llegar directamente a la cima sin pasar por la base. Guajardo no es diputado por regalo: logró una elección consecutiva a trabajo de tierra. 

Las matemáticas electorales hacia 2027 son implacables. El PAN solo ha retenido la capital recientemente gracias a coaliciones. Si decide competir en solitario, el escenario roza el suicidio político. La capital potosina hoy solo se defiende mediante alianzas amplias capaces de contener la maquinaria del bloque oficialista. El problema es con quién hacer una sociedad ganadora. 

El PRI todavía retiene lealtades residuales, pero su dirigencia estatal flirtea abiertamente con el gobierno estatal, al que encuentra más acogedor para intereses de corto plazo. El proyecto PAN-PRI con el alcalde capitalino Enrique Galindo Ceballos ha llegado a la percepción de incierto por los devaneos abiertos del tricolor.

Aún más, ninguna de las dirigencias de los partidos que postularon a Galindo Ceballos, azul o tricolor, se ha parado a un lado del alcalde ante las embestidas mediáticas, burocráticas o políticas del gobierno estatal, crecientes a últimas fechas. Una y otra se ha puesto de perfil dejando solo al edil aguantando los cates.

Un candidato panista en solitario, sin experiencia previa en cómo lidiar con dos partidos que solo le prestan el registro para colocar regidores, enfrentaría alto riesgo de derrota ante el oficialismo (PVEM/Morena) o un perfil más consolidado. De los Santos Anaya tiene posibilidades moderadas de ganar la interna del PAN por el apellido, pero de bajas a medias de ganar la alcaldía en 2027 sin una coalición comprometida y una campaña muy profesional. 

Aquí es donde el factor Somos México se vuelve determinante. Al presentarse como una opción opositora no contaminada por el pasado, este nuevo partido amenaza con restar los puntos marginales que el PAN necesita para ganar. Cada voto que sume Somos México, aún si son pocos en una elección competida, es una grieta en la contención opositora.

La oposición de partidos tradicionales en SLP es real pero frágil. Tendrá que reaprender a diferenciarse del oficialismo al que se entregó con silencios, con condescendencia, con intercambio de favores. PAN, PRI y MC se limitaron a sobrevivir y hoy están en desventaja estructural frente a un oficialismo consolidado con recursos y control territorial. Su mejor oportunidad en 2027 está en la capital y distritos urbanos, siempre que no se fragmente. 

El nuevo de la cuadra, aún sin la certeza de un nombre definitivo, les puede morder la oportunidad. 

 

Adriana Ochoa

@ArterialPresion