Nos está saliendo muy caro el experimento “United”de la FIFA. La ilusión de una tercera copa en México quedó afectada por las asimetrías económicas y políticas entre las naciones anfitrionas y por diversas presiones internas y externas que van más allá de la cancha, como la inseguridad, el comercio y la economía.
Nuestro país tiene una historia de éxito en la organización de mundiales de futbol. A pesar de que el Mundial México 70 fue precedido por el movimiento del 68 y la consecuente crisis de legitimidad para el régimen priista, el país mejoró su imagen externa, vio coronarse a Brasil como tricampeón, y el mundo se deslumbró ante el rey Pelé, máxima figura del futbol de todos los tiempos.
El Mundial México 86 se logró tras la renuncia de Colombia, atribuida a una severa crisis económica, situación nos dio la oportunidad de ser sede mundialista por segunda ocasión. Nueve meses antes, un terremoto de 8.1 grados enlutó al país con más de 10,000 víctimas y causó severos daños a la infraestructura urbana de la Ciudad de México. Sin embargo, el sismo del 85 no impidió los preparativos, el espíritu solidario de la sociedad mexicana y el fervor de la afición hicieron posible un mundial de ensueño. Hace 40 años fuimos testigos de “la mano de Dios”, el “Gol del Siglo”, la coronación de Argentina, y la consagración de Maradona como ídolo mundial.
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En junio de 2018, FIFA optó por una sede tripartita, desde entonces, México, Estados Unidos y Canadá han estado inmersos en la preparación de la copa del mundo, en cada caso, con marcadas diferencias en inversión de recursos, interés, velocidad e impacto.
Cuando estamos a punto de escuchar el silbatazo inicial, nos encontramos en medio de una tormenta perfecta. La economía mexicana está estancada; la inseguridad, la violencia y el crimen organizado lastima la vida de los ciudadanos y afecta la imagen de México en el exterior; hay un sinnúmero de manifestaciones y protestas de diversos grupos exigiendo solución a demandas legítimas e ilegítimas; y enfrentamos uno de los momentos más delicados en la relación bilateral con Estados Unidos.
Previo a la inauguración, los bloqueos se multiplican y las manifestaciones de diversos grupos de presión no dan tregua, ante esto, el gobierno ha aplicado el mismo rasero, señalando que se trata de una provocación de grupos radicales de ultraderecha, de dentro y fuera del país, para desencadenar la represión y perjudicar la imagen de México y del gobierno. Esta narrativa se vio reforzada por la detención de autobuses con explosivos, provenientes de Guerrero, que se dirigían a la Ciudad de México para apoyar a la CNTE.
El riesgo es que, al calor de la narrativa oficial y la fiebre mundialista, se van a enmascarar muchos problemas reales y acabarán pagando justos por pecadores.
Así las cosas, vamos a vivir un Mundial diferente, los sondeos de opinión reflejan desinterés y el entusiasmo de la población apenas llega al 40%. Con todo, en el corazón de los mexicanos late de esperanza, queremos el quinto partido para la selección mexicana y todos deseamos una alegría que, a como están las cosas, solo el futbol nos puede dar.
