La primera encíclica del papa León XIV, titulada “Magnífica Humanitas”, llama a no perder el sentido humano frente a la revolución digital y tecnológica que impacta, de manera omnipresente, la vida cotidiana, moldea los procesos de toma de decisiones e incide profundamente en el imaginario colectivo.
El llamado del papa León va más allá del señalamiento a un fenómeno novedoso, inscribe la revolución digital en el cambio de época y señala que la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica son parte de un cambio profundo, que puede contribuir al progreso humano en la medida en que guarde la debida proporción entre los medios y el fin trascendente de la persona humana, y se adecue al desarrollo integral y solidario de la sociedad.
La encíclica deja en claro que no se trata de una oposición al avance tecnológico y a la digitalización, al contrario, reconoce la extraordinaria aportación de la inteligencia artificial en los distintos campos del conocimiento y la generación de nuevas alternativas de solución a los grandes desafíos de la humanidad, solo que, no en un clic y no de cualquier manera.
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El documento papal sale al paso de una corriente de pensamiento que asigna a la tecnología la solución a todos los problemas de la humanidad. El transhumanismo, concebido por el biólogo Julián Huxley, traslada al poder tecnológico la capacidad para superar todas las limitaciones físicas, mentales y psicológicas del ser humano; estima que la IA superará a la inteligencia humana, hasta alterar el ciclo vital de nuestra especie y lograr la inmortalidad cibernética.
Las megatendencias tecnológicas propias del nuevo tiempo, las “res novae”, como las denomina la encíclica, se soportan en poderosas bases de datos y en creencias como el dataísmo, que reducen la realidad humana a flujos de información y considera a la “big data” como la fuerza y la energía determinante del universo, datos que hoy están en manos privadas y que administran el conocimiento y las herramientas tecnológicas de la realidad virtual, asumiendo que los algoritmos son la respuesta eficaz para resolver los problemas de la humanidad.
Ante la denuncia del paradigma tecnocrático en el mundo globalizado, que reduce a la eficiencia, el lucro y el control el significado de las decisiones personales, sociales y económicas, es preciso dejar a salvo lo que verdaderamente es importante para el futuro de la humanidad. Dejar de considerar a la tecnología como criterio de vida, cuando solo es un instrumento; y asegurar un marco espiritual, ético, regulatorio y político que permita aprovechar sus ventajas sin condenar al ser humano a todos sus excesos.
Pero sobre todo, preservar a la persona humana de la nueva divisa que lo reduce a “ser información”, que lo desnaturaliza y lo convierte en un “infómano” que vive y se alimenta de información como fin último, tal y como lo advierte el filósofo Byung-Chul Han.
El papa León afirma que las nuevas tecnologías y la IA no son neutras, afectan la vida de las personas y de la sociedad en su conjunto, por lo que requieren un enfoque prudente y cauteloso, sobre todo porque el nivel de obsolescencia sobre la IA es muy alto y el conocimiento sobre sus alcances es aún muy limitado.
