MUNDIAL DE FUTBOL 2026

Más allá de la cancha

Este jueves, México y Sudáfrica inaugurarán el torneo mundial de futbol, pero los partidos no solo se jugarán en la cancha de los estadios, sino en la de la geopolítica. | Laura Rojas

Escrito en OPINIÓN el

De nuevo rodará el balón en un Mundial de futbol. Este jueves, México y Sudáfrica inaugurarán el torneo pero los partidos no solo se jugarán en la cancha de los estadios, sino en la de la geopolítica. Los mundiales hacen que todo el mundo vea a los países anfitriones: su cultura y capacidades, pero también sus retos, debilidades y posiciones en el tablero internacional.

El Mundial de futbol es la fiesta deportiva más popular del planeta. La final de Catar 2022 alcanzó una audiencia cercana a los mil quinientos millones de espectadores. El de este año será el más grande de la historia: 48 selecciones, 104 partidos, 16 ciudades sede y tres países anfitriones —México, Estados Unidos y Canadá— con una asistencia proyectada de más de 6.5 millones de aficionados en los estadios. Esas dimensiones convierten al torneo en una plataforma de poder blando sin equivalente en el calendario global.

Los países anfitriones usan estos eventos para atraer turismo, mostrar capacidad de organización, reforzar identidad nacional y ganar prestigio internacional, pero también enfrentan riesgos reputacionales que ningún comité organizador puede controlar del todo. Qatar 2022 quedó marcado por las denuncias sobre trabajadores migrantes y derechos humanos. Brasil 2014 enfrentó protestas masivas por gasto público, desalojos y respuesta policial. En sentido contrario, Alemania 2006 fortaleció su imagen de país abierto y organizado, y Sudáfrica 2010 proyectó al continente africano como anfitrión global competente. Lo que ocurre fuera de la cancha define tanto la memoria del torneo como lo que ocurre dentro.

En el Mundial 2026 las tensiones de la política internacional ya tienen nombre y dirección: Irán jugará sus partidos de grupo en Los Ángeles y Seattle, en territorio del país que bombardeó a su gobierno hace unos meses y con el que no mantiene relaciones diplomáticas desde hace cuatro décadas. Estados Unidos le negó la visa a varios directivos de su federación, incluido su presidente, Mehdi Taj, deportado en el aeropuerto de Toronto. La selección iraní entrena en Tijuana porque no tiene permisos para concentrarse en el país donde compite. La FIFA no ha podido resolver el impasse y México se ofreció a recibir sus partidos si la situación no cambia. Pocas veces en la historia del futbol una selección ha llegado a un Mundial en condiciones tan abiertamente hostiles con el país anfitrión.

La guerra en Gaza tiene también su expresión en este torneo. La FIFA no suspendió a Israel pese a que ocho expertos de la ONU lo pidieron formalmente y señalaron como precedente la suspensión de Rusia tras la invasión a Ucrania en 2022. La respuesta del organismo fue multar a la federación israelí por violaciones a sus propios reglamentos antidiscriminación, una sanción que difícilmente satisface a quienes exigen coherencia institucional. La escena más reveladora ocurrió en el congreso de la FIFA en Vancouver: su presidente intentó que el representante palestino y el israelí se dieran la mano frente a las cámaras. El palestino se levantó y se retiró del escenario. La diplomacia de gestos tiene límites cuando el conflicto que la origina es real.

Dentro de los estadios estadounidenses, el ICE, el servicio de control migratorio, tendrá presencia durante los partidos. Sindicatos y trabajadores en Los Ángeles ya advirtieron posibles protestas si el despliegue genera un clima de intimidación. La comunidad hispana, que representa el 20% de la población del país y vive concentrada en las ciudades sede, verá el torneo con la misma incertidumbre con la que vive el clima migratorio de este momento. El Mundial más grande de la historia se disputará en un país que simultáneamente intensifica sus operaciones de deportación.

México, por su parte, tiene el reto de mostrarse al mundo como un país con capacidades en infraestructura urbana, movilidad y seguridad, al mismo tiempo que gestiona las manifestaciones de maestros, agricultores y madres buscadoras. La narrativa que México construya en estas semanas no depende solo de lo que ocurra en los estadios, sino de cómo administre su presencia en una conversación global que ya comenzó.

El balón estará en el aire.

Laura Rojas

@Laura_Rojas_