En un momento en que la imagen circula con velocidad vertiginosa y parece agotarse en su inmediatez, detenerse a pensar cómo miramos —y desde dónde— se vuelve un acto necesario. La fotografía, particularmente la que nace desde el ejercicio periodístico, no es un reflejo pasivo de la realidad, sino una forma de intervenirla, de ordenarla y, muchas veces, de disputarla. Bajo esa premisa se articula esta exposición, que propone una revisión crítica del archivo, la memoria y el oficio, no como certezas, sino como territorios en constante tensión.
El próximo martes 9 de junio a las 17:00 horas, en el Museo Archivo de la Fotografía, en el Centro Histórico, esta muestra abre sus puertas como un espacio para dialogar con la imagen más allá de su superficie: entenderla como construcción, como experiencia acumulada y como una forma de mirar para otros.
Aquí les comparto el texto de sala que generosamente nos regaló el maestro Francisco Mata, fotógrafo, académico e intelectual en la materia y amigo desde hace décadas:
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Mirar, en el fotoperiodismo, nunca ha sido un acto transparente. Toda imagen implica una operación: seleccionar, excluir, jerarquizar y articular. Pero también implica inscribirse en un régimen de visibilidad que precede y excede al propio fotógrafo. La obra de Ulises Castellanos se sitúa en ese campo de tensión donde la fotografía deja de ser entendida solo como evidencia para asumirse como construcción. “Mirar para otros” no nombra un gesto ético inmediato, sino una condición: la delegación de la mirada como forma de organizar lo visible.
Su práctica se inscribe en una generación marcada por el sismo de 1985. No solo como tema, sino como punto de inflexión, Castellanos señala que ese contexto fue decisivo para entender el lugar del fotoperiodismo y su propio lugar en él. Fue entonces cuando decidió ser fotógrafo, una vocación que mantiene desde hace más de cuatro décadas.
Su trayectoria está atravesada por un desplazamiento constante entre la producción y la reflexión sobre la imagen. Su labor como editor en Proceso por doce años, además de Excélsior, El Universal y El Centro, configura una posición particular: la de quien no solo produce imágenes, sino que participa activamente en su circulación y en la construcción de su sentido, Proceso, Excélsior, El Universal, El Centro. Editar no es solo una etapa posterior a la toma, sino el espacio donde la imagen se vuelve discurso; esto se refleja en estas paredes y en los libros donde ha compartido su experiencia y metodologías.
La exposición prescinde de recorridos lineales y narrativas extensas para desplegar tensiones que atraviesan su práctica. En algunas imágenes, el cuerpo se presenta con una frontalidad que reclama visibilidad; en otras, la distancia transforma el territorio en una superficie abstracta donde la experiencia se diluye en patrones. Hay momentos en que la historia irrumpe como ruina —resto material de un acontecimiento inenarrable— y otros en que la figura habita un umbral entre lo visible y lo oculto, resistiendo lecturas cerradas.
Estas variaciones responden a un cambio profundo en la concepción del oficio. Castellanos transita de un modelo tradicional —centrado en la inmediatez y la ilusión de objetividad— hacia un campo expandido donde la imagen es consciente de su propia mediación. En su obra coexisten la urgencia de informar y la necesidad de pensar la imagen.
La muestra aborda la memoria visual desde una posición crítica. El archivo no es un depósito neutro, sino un dispositivo que ordena y jerarquiza. Ulises ha operado así sobre su propio archivo y su andar por las salas de redacción; aquí, la memoria no es algo dado, sino un campo en disputa y resignificación.
“Mirar para otros” es asomarnos al archivo, producción y biografía del fotógrafo. Es asomarnos a la historia narrada por alguien que no solo ve, sino que sabe mirar para nosotros.
Agradezco profundamente al Museo Archivo de la Fotografía en especial a Lizbeth Ramírez su ahora ex directora con la que iniciamos este proyecto y de quien recibí la invitación, - nombrada esta semana como nueva directora del Museo de la Ciudad de México- por la apertura y confianza, así como a todo el equipo curatorial, de producción y montaje que hizo posible esta exposición. En particular a Antonio Ruíz, nuestro impresor de Potencial Digital, a Rain Meza por su incansable apoyo incondicional y al resto de colegas, colaboradores y a quienes han acompañado este proceso a lo largo del tiempo; este trabajo es, en gran medida, resultado de ese acompañamiento colectivo.
Por supuesto agradecido también con Felipe Haro, director de la Fundación Elena Poniatowska por su amistad y Antonio Morales, mi amigo, abogado y patrocinador mezcalero; así como al alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar por su apoyo para este proyecto.
Y vaya también un agradecimiento sentido a las mujeres de Juárez por su resiliencia y entrega a este esfuerzo, particularmente a Barby Mondragón quien me contactó con el resto de mujeres aquí retratadas. Y finalmente a Juan Pablo Cardona nuevo director del Museo, con el que trabajamos también en la planeación de esta exposición y que se estrenará como director del MAF con esta nueva muestra.
PD. Claro, si para el martes 9 la CNTE nos permite el acceso, una vez resueltas sus demandas.
