Las negociaciones sobre el TMEC han generado por una parte señales de alerta, por otra deseos de animosidad contra el gobierno de Sheimbaum para rescatar y conseguir condiciones favorable para México en la negociación y generar expectativas de oportunidades ante una mesa de ajedrez geopolítico que se sigue reconfigurando.
Pero amén del contexto global hemos sido testigos de cierto grupo de comentócratas y medios que abordan el tema de la renegociación del TMEC como si de un castigo se tratara en caso de que Estados Unidos se “retire”, versión que se han cansado de repetir replicando al megalómano Trump a quien algunos aún le dan credibilidad a todo lo que dice, pues parecen no haber aprendido que el inquilino de la casa blanca vocifera demás y habla desproporcionadamente como parte de su estrategia para sentar las condiciones para negociar.
Por supuesto que las condiciones del acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá han cambiado desde la primera administración de Trump, pero aquí lo mencionamos desde entonces, el reacomodo respondía a la necesidad de contener el ascenso comercial de China en el mundo sobre lo que parece hoy ya no hay duda de ello.
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Sin embargo, eso no ha significado que Trump no busque sacar la mayor tajada posible para favorecer sus condiciones no sólo económicas sino también su influencia política en la región, el presidente estadounidense es un depredador insaciable en el tema de los negocios y por ello buscará obtener los mayores beneficios ante México y Canadá y las muestras fueron las controversias con ambos países cada uno en asuntos específicos como la industria de lácteos con si vecino del norte y el tema energético con su vecino del sur.
Y es que uno de los grandes tópicos con México es precisamente el energético, ya en 2022 el 27 de julio de ese año, luego de culminar en 2020 la primera revisión del tratado trilateral de comercio que dio paso justamente al TMEC, Estados Unidos y Canadá generaron una controversia contra México por su “política energética” que favorece a Pemex y a la CFE.
Es precisamente el tema energético el epicentro del tratado comercial desde su concepción a principios de la década de los 90 del siglo pasado y hoy, sigue siendo el asunto central de las negociaciones aunque haya quienes lo duden pese a los visto recientemente en Venezuela. Quizás hoy más que nunca, quien controle el mercado de energía y de los energéticos, tendrá en las manos buena parte de las decisiones de la geopolítica mundial.
Cierto detrás de esto, está el control de los minerales esenciales y tierras raras, la producción de los sistemas de almacenamiento de energía, la fabricación de las baterías para los autos eléctricos, la transición de la industria automotriz a la electromovilidad y por supuesto la hegemonía en la tecnología digital, estos, son en gran medida los principales ejes rectores del liderazgo global en las décadas por venir y México, tiene una participación importante en algunos de esos rubros.
Lo anterior es vital porque contra lo que algunos suponen y otros más desearían que le ocurra al gobierno de MORENA, ni Donald Trump ni quien lo preceda, acabarán con el TMEC, ahora más que nunca los Estados Unidos necesitan de la unificación de América del Norte para hacerle frente ya no sólo al crecimiento económico de China sino, a su influencia geopolítica creciente en distintas latitudes del orbe.
Cierto, las condiciones las pone Estados Unidos y la negociación puede generarle a México ciertas desventajas pero también existen otras que pueden ser aprovechadas y para ello este gobierno y los que vengan, deberán de generar las condiciones para contener las exigencias constantes provenientes desde Washington pues como lo estipula en el capítulo 31 del TMEC, Estados Unidos se abroga todas las condiciones jurídicas y legales para promover revisiones anticipadas cuando lo “consideren”, cualquiera de las partes, necesarios.
Sólo este hecho aceptado por todas las partes en la redacción de la primera versión del TMEC supone otorgarle a los Estados Unidos convenir prácticamente todas las condiciones del tratado inclinado a su favor. Este era uno de los grandes riesgos al enfilarnos a este convenio que primero tenía, nos decían, principios únicamente comerciales y hoy, dado el contexto global, implica cada vez más, condiciones políticas tanto internas como externas, por ello el chantaje y coerción con el tema del narcotráfico que Trump utiliza para conseguir el mayor volúmen de beneficios en la revisión del tratado.
México no tiene mucho para dónde hacerse, pero enfocarse en los beneficios que pueden generar la atracción de inversiones, la llegada de nuevas empresas e impulsar y desarrollar una política industrial más robusta, serán clave para no quedar en desventaja una vez se concluyan las negociaciones. Del sector energético, hablaremos en otra entrega.
