Con el acuerdo de Paz alcanzado entre Estados Unidos e Irán apenas hace dos días, parece que los más congratulados son los mercados, al menos eso dicen los medios, pues quienes especularon durante poco más de tres meses que duró el conflicto, se llenaron los bolsillos de dólares beneficiándose de los precios del petróleo que llegaron a rozar los 120 dólares por barril. Todavía hasta el día de ayer, la festividad del acuerdo no había hecho sus efectos pues el precio del barril de petróleo estaba arriba de diez dólares con respecto a cuando inició el conflicto.
Muy al estilo de Trump, se adjudicó como un éxito haber logrado el cese al fuego que, parece que ahora sí, será definitivo. Sin embargo, es difícil asegurar que así ocurrirá mientras la política de Israel siga siendo expansionista.
Y es que lo que los medios de comunicación occidentales, celebran el acuerdo como si de una virtud de Trump se tratara, cuando fue su gobierno el que inició una guerra contra Irán que era innecesaria y que sólo sirvió, para demostrarle a la política imperialista estadounidense que el país Persa, posee una capacidad bélica que la consolida como un líder en la región, amén del peso que tiene en el mercado internacional de los energéticos.
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El debate se abre, o al menos los miopes lo abren, para discutir quién fue el vencedor de este conflicto y no falta quienes, le dan a Trump ese mérito, cuando fue él quien inició la guerra. Ante esto, no hace falta decir que, generalmente, quien inicia una guerra, lo hace con la intención de derrotar al oponente. Y esa, era la intención del gobierno estadounidense asumiendo que Irán, sería presa frase para derrocar a su gobierno y desestabilizar el país.
Pero tanto Israel como Estados Unidos se equivocaron, asumieron que bastaría con eliminar a sus líderes, práctica común que Israel ejecuta contra los liderazgos de la región y contra todos aquellos que considera son sus enemigos.
Pero que Estados Unidos iniciara la guerra y posteriormente buscara terminarla, genera diversas implicaciones que en principio, hablan del nivel y capacidad de resistencia iraní, pero también, indicia que haber iniciado el conflicto fue un error, y que prolongarlo, sería no sólo un problema para los estadounidenses sino para todo el proyecto sionista de expasión en la región.
Estados Unidos no ganó la guerra y en términos estrictamente técnicos en el terreno bélico, Irán tampoco lo hizo, sin embargo, el triunfo Persa es moral, al detener al gran enemigo del mundo musulmán, pues más allá de que las exigencias de Trump, de vigilar más de cerca el programa nuclear iraní, el gobierno de Teherán seguirá en pie.
Esto no quiere decir que Estados Unidos deje de ser una potencia militar, lo que estamos señalando es que el objetivo inicial del conflicto falló, y eso, en cualquier escenario de guerra, es un triunfo para el país agredido. Ahora bien, qué implica esto. En primera instancia, todo lo que se pueda agregar a la “supervisión” del programa nuclear iraní, ya fue superado por el gobierno de Teherán, pues en los últimos 25 años, se ha sometido a todo tipo de escrutinios internacionales sin que las conclusiones hayan comprobado que están diseñado una bomba nuclear. Además de que su economía ha sobrevivido a más de 30 años de sanciones y bloqueos impuestos desde Washington.
Un aspecto más es la influencia de Rusia pero sobre todo de China quien en la reciente visita del mandatario estadounidenses al país asiático, el presidente Xi Jinping le externó a su homólogo norteamericano que no dejaría sin apoyo al gobierno de Teherán, postura a la que también se sumó Vladimir Putin por lo que de continuar con la insensata guerra contra Irán, podría derivar en una conflagración mundial a la que hoy ha quedado, al menos eso parece, que nadie quiere llegar.
El efecto de esta Paz ahora lleva la presión a Benjamín Netanyahu quien deberá contener los bombardeos y ataques no solo contra suelo palestino, también al resto de las naciones que ha venido atacando en los últimos meses, de no hacerlo, Israel podría volver a ser blanco de Irán.
Aquí hemos hablado de la posibilidad de que la guerra iniciada por Trump, definiera el mapa geopolítico global, y así ha sido aunque se haya firmado la Paz. Haber detenido los ataques y amenazas estadounidenses contra Irán, se puede anotar como un triunfo de China y de Rusia, además de confirmar su influencia ya no sólo en la región sino en el resto del planeta. Cierto, la guerra en Ucrania aún no termina, pero el que Rusia haya elevado los ataques y bombardeos contra suelo ucraniano, presagia la caída del gobierno de Zelensky en cualquier momento aún que no se hayan celebrado las elecciones que es el factor que por ahora, ha detenido las negociaciones de Paz entre Kiev y Moscú.
En el mercado energético, y pese a que se volvieran a anunciar restricciones para la venta de hidrocarburos iraníes, Estados Unidos ya no será el único que suministre gas natural al mundo. Al final, Rusia e Irán seguirán en el mercado de hidrocarburos pese a que Trump intentó sacarlos del negocio.
Algo más, Donald Trump no sólo perdió en el terreno bélico, energético y estratégico contra Irán, también fue derrotado en lo económico pues su decisión de iniciar la guerra, generó una nueva espiral inflacionaria made in USA que los analistas más optimistas aseguran seguiremos padeciendo hasta el final del año.
Por último y lo más triste incluso en este escrito, es nula contabilización de las pérdidas humanas y no porque no haya habido decesos en las partes involucradas, no, esto simplemente porque los medios y autoridades de cada país no revelaron esas cifras dejando el tema en segundo término.
Siempre es alentador escuchar el fin de un conflicto y también es esperanzador saber que se firman acuerdos, por lo que votamos es que este acuerdo, sea firme, pues bajo el actual contexto económico mundial, esa Paz podría ser pasajera.
