Parece lógico. En el marco de las elecciones que habrá en Estados Unidos y México se están dando declaraciones y posicionamientos de confrontación abierta que se deben atender con un gran sentido de responsabilidad y cautela. La razón es obvia: mantener una buena relación entre las dos naciones es lo más conveniente, sobre todo si se consideran los lazos de colaboración y cooperación que se necesitan en el contexto actual.
Revisemos. Por un lado, estuvo el llamado de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien acusó injerencia de algunos integrantes del gobierno del presidente Donald Trump. Por el otro, la respuesta del embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, cuando reconoció que la lucha contra los cárteles debe unir a ambos países, por lo que pidió no politizar el combate al crimen organizado.
Si nos atenemos al discurso, de un lado y otro de la frontera se pretende que el tema de la inseguridad no influya en ninguno de los resultados electorales. Se trata de un objetivo altamente deseable y justificado, para algunos, pero que en sentido estricto no es posible ni viable. ¿Cómo se podría hacer cualquier campaña —allá o acá— sin concederle la atención y la centralidad que se requiere?
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Durante décadas, la seguridad pública y los temas vinculados con la economía han sido prioritarios para los candidatos estadounidenses y mexicanos. Sacarlos de la agenda sería tanto como evadir los temas de salud, educación, empleo y vivienda. Por más que se pida ignorarlos, minimizarlos o matizarlos, parece más bien una postura retórica con muy pocas posibilidades de éxito.
Aún más. El simple hecho de exigir la no injerencia de Estados Unidos porque algunos líderes buscan un mejor posicionamiento rumbo a sus elecciones de noviembre próximo, o con el fin de influir en las elecciones que tendremos en 2027, no es más ni menos que politizar el tema. Ciertamente se trata de una situación paradójica o contradictoria, pero la verdad es que hasta ahora el tema del combate a los criminales y sus vínculos con la corrupción es algo de lo más rentable en términos electorales.
En el mismo sentido, conviene preguntarse qué pasaría con las reacciones, actitudes políticas y preferencias electorales de la ciudadanía si, por falsa prudencia, se ponen límites o se censuran mensajes, cuyo propósito fuese despolitizar las narrativas que dan cuenta de las prioridades de seguridad pública en uno u otro lado de la frontera. La respuesta es clara: las y los candidatos que decidieran asumir posturas así, quedarían rápidamente fuera de las contiendas.
Por otra parte, es preciso subrayar que tenemos claro que ningún personaje está pidiendo que se saque el tema de las campañas. Sin embargo, la confusión surge porque no se explica qué significa “la no politización” de los temas específicos que se están mencionando. Por supuesto que no se hace porque no conviene y porque tampoco se puede.
En contraste, no hay duda de que todas las variables e indicadores objetivos y subjetivos de la seguridad pública afectan la intención del voto. Tanto así, que en un gran número de elecciones dentro y fuera de México, su influencia ha sido uno de los factores determinantes de los resultados finales. Y la gran mayoría, en efecto, abordaron con marcado énfasis la defensa de la soberanía y/o los asuntos específicos relacionados con los grupos criminales.
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Pero eso no es todo. Los conflictos y tensiones que existen entre México y Estados Unidos, así como de sus posibles vías de solución, tampoco pueden quedar fuera de las narrativas de la oposición. La oportunidad que se les ha abierto —con todo lo que para bien y para mal está sucediendo en torno al tema de inseguridad— no la pueden desaprovechar.
Es probable que las dirigencias de los partidos se estén equivocando con algunas de sus reacciones, ya que aún no han logrado reducir en forma significativa la fuerza de la presidenta, ni de Morena y sus aliados. Tampoco se deben hacer a un lado los resultados que está dando el Gabinete de Seguridad, quien tiene al frente a uno de los operadores más reconocidos de los últimos cinco sexenios: Omar García Harfuch.
