La presidenta Claudia Sheinbaum está, sin duda, en el centro de uno de los momentos más difíciles de su administración. La situación política que enfrenta su gobierno —y lo que muestran algunos de los principales indicadores económicos— están afectando sus niveles de popularidad. Es lo que dicen sus opositores. Es lo que comentan muchas voces en los medios y redes sociales.
“Está en caída libre”, dicen algunos. “Enfrenta una grave crisis que afectará el predominio de Morena en las Elecciones 2027”. Sin embargo, los datos duros no confirman ni lo uno ni lo otro. Lo que sí se puede interpretar de las encuestas publicadas, en principio, es que el daño en la popularidad de la presidenta es menor y que, en contraste, sí hay cambios de opinión pronunciados en algunos rubros de la gestión de su gobierno.
La ciudadanía está preocupada por la inseguridad, a pesar de los avances que reporta el gobierno. La economía sigue afectando la tranquilidad de muchas familias, no obstante el mantenimiento y la expansión de los programas sociales. Un alto porcentaje de los encuestados reprueba los casos de corrupción y nexos con el crimen organizado de algunos funcionarios ligados al movimiento de la llamada 4T.
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Las presiones que dentro y fuera del país se están ejerciendo sobre la primera mandataria han reorientado, ciertamente, varias decisiones tácticas y estratégicas de su proyecto de gobierno. Unos cuantos cambios en el gabinete. También la renuncia de Andrés Manuel López Beltrán a la secretaría de Organización de Morena, para buscar una diputación federal el próximo año. Y más.
La comunicación cotidiana, desde el espacio de las conferencias mañaneras del pueblo, ha registrado ajustes significativos, tanto en tono como en forma. No todos parecen estar funcionando, pero hasta ahora el espacio se mantiene como el pilar de la estrategia de comunicación política. Las opiniones negativas, tanto en desaprobación como en desacuerdo, no parecen explicarse por lo que ahí sucede.
En suma. En términos de imagen y reputación, la situación de la presidenta Sheinbaum es compleja, pero aún no está en crisis. El promedio de aprobación de todas las encuestas publicadas es de 69 puntos, hasta el pasado lunes 25 de mayo. La intención de voto en favor de Morena y sus aliados les permitiría mantener la mayoría calificada en el Congreso, si las elecciones fueran hoy, con un holgado 62% de la votación efectiva. Por donde se le vea, las cifras siguen muy altas y tendrían que pasar cosas extraordinarias para provocarles algún daño.
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Por otra parte, los embates en contra del gobierno y la incertidumbre que prevalece en algunos casos relevantes, como el del gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, no están afectando la gobernabilidad. Sin embargo, del desenlace de éste y otros asuntos que sí tienen el potencial de afectar la tranquilidad de la gente, depende la continuidad en los niveles de aprobación que aún mantiene la presidenta Sheinbaum.
Las reacciones y campañas que se han desatado en las redes sociales contra el gobierno no deberían resultar sorpresivas ni injustificadas. Son normales en democracia. Aún más. Es lo que más les conviene hacer. Que la jefa del Ejecutivo reaccione atacando a sus adversarios, contrastando sus ideas, riéndose de ellos y manteniendo un escenario de polarización no es deseable porque daña su credibilidad e investidura. Pero tampoco es ilegal.
Lo que no se ha analizado con precisión son las aparentes contradicciones en las respuestas de quienes han sido encuestados. El descenso en la popularidad de la presidenta tendría que ser mayor si se consideran las opiniones en el desempeño de su gobierno. Adicionalmente, quien ha alcanzado números tan altos no tiene más opción que bajar, pues gobernar siempre desgasta y tiene costos. Pero “la caída” no ha minado su fortaleza política y electoral.
Asistimos a un momento muy particular de nuestra historia. El regreso a un modelo de partido hegemónico, la primera vez que México tiene una presidenta de la República y los números elevados de aprobación e intención de voto en favor del movimiento encabezado por Morena, entre otras variables, apuntan, de manera natural, a la generación de más conflictos, enfrentamientos violentos y de divisiones internas.
Pero lo anterior no le quita valor a los estudios de opinión, tanto a los científicos como a los que se realizan con fines propagandísticos. La utilidad que tienen las encuestas las mantiene como herramientas absolutamente necesarias para el ejercicio del poder y, sí, para la lucha por el poder. Y no es todo: además de ser instrumentos de gobernabilidad, son muy útiles para medir las percepciones sobre la eficacia gubernamental y fortalecer los procesos de toma de decisiones.
Recomendación editorial: Francisco Abundis, et.al. La precisión de las encuestas electorales, Volumen I. México: Instituto Nacional Electoral (INE), 2017.
