FAKE NEWS

Ahora le tocó a Macario

Cada vez son más los casos en los que por medio de la tecnología se suplanta la identidad de una persona para sembrar desinformación y sacar algún tipo de provecho económico o político, recientemente le tocó a Macario Schettino. | Mario Campos

Escrito en OPINIÓN el

Que Macario Schettino sea un analista económico, conferencista y periodista no es ninguna novedad, pero que además de eso tenga grupos de WhatsApp para hacer recomendaciones financieras personales y tenga tiempo para hacer videos apoyando al gobierno, eso sí es noticia. Solo que es una noticia falsa, diríamos ahora, una fake news.

Schetinno, según compartió hace unos días en sus redes sociales, es solo uno de los casos más recientes en los que con nueva (y vieja) tecnología se suplanta la identidad de una persona para sembrar desinformación y sacar algún tipo de provecho económico o político.

Los ejemplos se acumulan semana tras semana. Antes del célebre columnista, ya se han hecho videos con la imagen de Andrés Manuel López Obrador, Carlos Slim o Claudia Sheinbaum para hacer recomendaciones de inversión.

Con la misma lógica se han sembrado videos, fotos o simples tuits para dañar la reputación de personas. Desde los rumores de la falsa Shakira de la inauguración del mundial hasta el supuesto maltrato de un tenista a una chica que recoge pelotas en Roland Garros.

El fenómeno crece y se expande a múltiples áreas, desde el desfalco financiero individual o empresarial, hasta la gestación de estallidos sociales para alimentar corrientes políticas. Esta nueva realidad es el resultado de una tormenta perfecta, un conjunto de variables que abarcan desde la emergencia de la Inteligencia Artificial que facilita la producción de contenido falso como si fuera real, hasta un nuevo ambiente cultural que supone que la verdad es relativa, que las opiniones son igual de válidas que los hechos, y que además cualquier opinión goza de la misma legitimidad.

Estos elementos combinados con el creciente poder de los algoritmos nos tienen a merced de estrategias de manipulación que nos colocan a todos en un terreno peligroso. Si la premisa es que vamos por la vida tomando decisiones a partir de la información que recibimos, cuando los insumos que tenemos son falsos, ya podemos imaginar cuál será el resultado.

El tema ha ido ganando tracción en los últimos años y es cada vez más motivo de preocupación de gobiernos, empresas y academia que ven en este fenómeno una amenaza a la seguridad individual y a la toma de decisiones colectivas.

De todo esto va mi nuevo libro, “Batalla por la verdad” (Aguilar, 2026), que busca sumar a la necesaria reflexión sobre las implicaciones de vivir en un mundo en el que cada vez es más difícil distinguir lo verdadero de lo falso, y en el que como resultado de este fenómeno, la desconfianza en las instituciones no hace sino crecer.

Es necesario reconocer la importancia del tema porque la evidencia así lo muestra. Que desde las escuelas se tome en serio el ejercicio de la capacidad crítica para consumir información; que desde las instituciones se generen canales efectivos de comunicación para hacer frente a las noticias falsas; que las plataformas que son el vehículo de la desinformación se tomen en serio la tarea de frenar el fenómeno, y que en general, entremos en un diálogo público sobre la amenaza que hoy enfrenta la verdad y las implicaciones éticas, políticas y prácticas que eso tiene.

Ahora le tocó a Macario Schetinno, mañana podemos ser cualquiera de nosotros. 

Mario Campos

@mariocampos