En el ensayo "Todos Santos, Día de Muertos", perteneciente a El laberinto de la soledad, Octavio Paz plantea que para el mexicano la fiesta no es un simple entretenimiento, sino una necesidad vital, una catarsis colectiva y una apertura espiritual. A través de la fiesta, el mexicano rompe con su aislamiento habitual y suspende las reglas del tiempo y el orden social.
LA FIESTA EN MÉXICO COMO PECULIARIDAD
Los planteamientos centrales de Paz sobre la fiesta y su distinción frente a otras sociedades sitúa a la celebración mexicana como desahogo y disolución, argumentando que el mexicano es un ser habitualmente cerrado, retraído y receloso, que se protege tras una "máscara" de formalidad. La fiesta es el único momento donde esa máscara se desgarra y lo hace sin fin utilitario alguno. Así, el pueblo se abre al exterior, grita, canta y se disuelve en el grupo.
Paz establece un contraste muy claro entre la vivencia de la fiesta en México y cómo se concibe en las sociedades modernas, industriales o sajonas. En la fiesta en México el tiempo ordinario se detiene por completo: no se busca "pasar el tiempo", sino recrear un orden mítico y eterno donde los vivos y los muertos conviven, donde se busca la transgresión de los límites, el estallido físico y emocional, y la comunión total a través del exceso y el desorden. Así, mientras que para las sociedades modernas la fiesta es un paréntesis de descanso para volver a la productividad, para el mexicano según Paz es una rebelión cósmica, un espacio de comunión y el único momento en que el individuo se atreve a desnudarse mentalmente ante los demás.
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EL FESTEJO EN EL MUNDO COMO REGULARIDAD
Pero, ¿es cierta, es correcta la visión de Paz?
En su obra cumbre Masa y poder, el pensador búlgaro Elías Canetti introduce una tipología de las masas basándose en su carga afectiva dominante. Entre ellas, define formalmente a la "masa festiva" (Festmasse), y sus planteamientos tienen puntos de contacto fascinantes, y algunas diferencias de matiz, con los de Octavio Paz.
Para Canetti, el festejo no es un mero entretenimiento, sino una de las manifestaciones antropológicas más puras de la masa. Sus tesis centrales se estructuran en los siguientes puntos: el festejo está indisolublemente ligado a la abundancia; hay comida, bebida y bienes disponibles para todos. En la vida cotidiana, las cosas están racionadas, protegidas por la propiedad privada o limitadas por el esfuerzo; en el festejo, esa limitación desaparece. En el festejo, la meta es el consumo colectivo: la masa se reúne en torno a algo que está ahí para ser tomado y disfrutado conjuntamente. No hay que luchar por los recursos, lo que elimina temporalmente la competencia entre los individuos.
Así, para Canetti, toda la vida social está construida sobre "distancias" y prohibiciones como el temor a ser tocado, las jerarquías, los tabúes. El festejo es el espacio permitido por la propia sociedad donde lo prohibido se vuelve lícito. Se permite el exceso físico, el ruido, la cercanía de los cuerpos y la transgresión de ciertas normas morales o de respeto social sin que esto castigue al individuo, ya que es una acción ejecutada de manera colectiva.
El concepto central de Masa y poder es la descarga (Entladung). Canetti afirma que este es el momento más importante en la formación de una masa, el instante en que todos los miembros se desprenden de sus diferencias de rango, estatus, propiedad o procedencia y se sienten exactamente iguales. En la masa festiva, se logra un alivio enorme porque los cuerpos se aprietan unos contra otros, disolviendo el "temor al contacto con lo desconocido". Es una vivencia de igualdad absoluta, donde el otro se siente tan cercano a uno mismo como si formaran parte de un solo cuerpo.
A diferencia de otras masas destructivas o de acoso, que buscan una víctima o un enemigo, la masa festiva no tiene un enemigo exterior; su único fin es mantener el estado de festejo. Sin embargo, Canetti advierte que esta masa padece de una "ilusión básica": la igualdad que sienten sus participantes es transitoria. Al terminar el festejo, la masa inevitablemente se desintegra, el tiempo ordinario regresa y cada individuo vuelve a su cama, a su nombre, a su propiedad y a sus prisiones cotidianas.
LA COMUNIDAD Y EL FESTEJO SOCIAL
Lo que Paz describe como la "gran explosión" donde el mexicano se gasta todo y se desgarra la máscara, equivale a la "descarga" y la transgresión de prohibiciones de Canetti como algo válido para toda la humanidad. En ambos autores, el festejo es el único mecanismo eficiente para romper la "soledad" o el "aislamiento" (las "distancias" en términos de Canetti) que las estructuras sociales imponen al ser humano en su vida ordinaria. Por ello, la singularidad supuesta por Paz en el festejo entre los mexicanos pareciera poder ponerse en duda, en reserva.
Y ello es así porque por instinto de sobrevivencia de los humanos requieren sentirse parte de grupos en todo conjunto: la familia, con reforzamiento genético, pero luego con extraños en la tribu, la comunidad, la etnia, la nación más tarde. Para unirse adoptan valores y símbolos culturales que refuerzan la identificación. Entre ellos la creencia en dioses, la idea de diferencias y superioridad del grupo, el compromiso de apoyo recíproco, la vivencia de identidad así sea en una camiseta deportiva.
Y todo ello lo llevan al festejo en momentos de gloria de sus competidores sobre los otros —los extraños, los diferentes— sea en justas deportivas, sea en batallas reales. Y es así como cuando logran hazañas toda sociedad se expresa en fiestas catárticas, donde todos los comunes se unen e igualan al distinguirse de aquellos que resultaron derrotados.
En cualquier deportista que cumpla la condición de ser parte de una tribu nacional, como los futbolistas en la Copa Mundial, pero también esgrimistas, boxeadores, levantadores de pesas, competidores en juegos de invierno, beisbolistas en Grandes Ligas… y músicos, pintores, literatos, astronautas, científicos, actores, cualquiera que pueda en su triunfo como representante de lo comunidad dar motivo a la fiesta que permita la “descarga” en que se pueden transgredir prohibiciones dará pie al festejo colectivo temporalmente igualador, temporalmente mágico.
