LA DERECHA GANA TERRENO

El insuficiente debate de si izquierda o derecha

El debate político no debería reducirse a izquierda o derecha sin considerar el elemento populista, unos priorizan el gasto social y otros la seguridad pública. | Laura Rojas

Escrito en OPINIÓN el

Tras el cerrado triunfo electoral de Abelardo de la Espriella en Colombia, la mayoría de los países del continente son gobernados ahora por líderes con ideología de centro derecha y derecha. En América Latina, Estados Unidos y Canadá, once países están hoy bajo gobiernos de derecha o centroderecha: Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Estados Unidos. Ocho son gobernados por fuerzas de izquierda o centroizquierda: Bolivia, Brasil, Cuba, Honduras, México, Nicaragua, Uruguay y Venezuela. Dos permanecen en una posición más claramente liberal o centrista: Canadá y Guatemala.

La fotografía política de las Américas muestra un cambio relevante respecto de la década pasada, cuando predominaban los gobiernos progresistas. El fenómeno no es exclusivo de la región. También se observa en Europa y otras democracias occidentales, donde partidos conservadores, nacionalistas o de derecha han recuperado terreno electoral.

Esto se explica por el desencanto ciudadano con los resultados de los gobiernos progresistas en materia de crecimiento económico, seguridad pública y control migratorio, la persistencia de problemas estructurales como inflación, deterioro del poder adquisitivo, crisis de vivienda, empleo precario y desigualdad, y una creciente reacción cultural frente a agendas asociadas con diversidad, identidad de género o multiculturalismo.

Los gobiernos de centro derecha y derecha suelen priorizar la seguridad pública, la promoción de la inversión privada, la reducción de regulaciones económicas, la disciplina fiscal, la contención del gasto público y un mayor énfasis en el crecimiento económico como mecanismo para generar bienestar. También suelen adoptar posiciones más restrictivas en materia migratoria y una visión más conservadora sobre temas culturales y sociales.

Los principales riesgos del avance de este tipo de gobiernos se relacionan con la erosión de los derechos de grupos específicos como las mujeres, los de la diversidad sexual y los migrantes, que son de por sí importantes, pero también están los relacionados con la calidad democrática. Y es que aunque el populismo suele asociarse claramente con algunos gobiernos de izquierda, en realidad puede surgir en cualquier extremo ideológico: la idea de que un líder encarna la voluntad auténtica del pueblo y que quienes discrepan representan intereses ilegítimos no distingue colores, y cuando esta visión se impone, los contrapesos institucionales comienzan a percibirse como obstáculos y no como garantías para los ciudadanos.

Las consecuencias pueden ser similares independientemente del signo ideológico del gobierno: debilitamiento de la independencia judicial, presión sobre organismos autónomos, hostilidad hacia medios de comunicación críticos, uso político de instituciones públicas y concentración creciente del poder en el Ejecutivo. La experiencia reciente de América Latina demuestra que estos riesgos no son patrimonio exclusivo ni de la izquierda ni de la derecha. Venezuela y Nicaragua ofrecen ejemplos de erosión institucional desde la izquierda; Hungría, Turquía o El Salvador, muestran que dinámicas similares pueden producirse desde la derecha.

Así es que el debate político no debería reducirse a izquierda o derecha sin considerar el elemento populista. Unos priorizan el gasto social y otros la seguridad pública y qué bueno que haya alternativas pero, la evidencia muestra que ninguna corriente ha cumplido plenamente las expectativas que generó. Los ciudadanos seguimos demandando crecimiento económico, seguridad, oportunidades y mejores servicios públicos. Por ello, lo menos que podríamos exigir es que no terminen con lo más importante: los límites al poder, los derechos y libertades de todas y todos, y la capacidad de los Estados de hacer rendir cuentas a los gobernantes.

En esta era de extremismos y polarización lo que está en juego ya sea en nombre de representar al pueblo o en nombre de la seguridad del pueblo, son: la libertad de expresión, la libertad de asociación, la independencia judicial, la competencia electoral y el respeto a las minorías. Las ideologías cambian, los partidos se alternan y los liderazgos se suceden. Las libertades, en cambio, una vez perdidas, suelen ser mucho más difíciles de recuperar.

Laura Rojas

@Laura_Rojas_