La compra consolidada de medicamentos e insumos para la salud 2027-2028 ya muestra señales de alerta. Una de ellas es que Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México (BIRMEX) no sostuvo su calendario. El fallo, previsto originalmente para el 17 de julio, fue movido al 28 de agosto: seis semanas de retraso antes de adjudicar una sola clave. En una licitación de 480 mil millones de pesos y casi 6 mil millones de piezas, el ajuste no es menor: resta tiempo a producción, logística, validación regulatoria y entrega a unidades médicas.
BIRMEX: de empresa de vacunas al abasto nacional
El Acuerdo de Fortalecimiento de BIRMEX, publicado en el DOF en junio de 2026, lo coloca en el centro de la compra pública de insumos para la salud: convocante, administrador contractual, responsable de seguimiento a proveedores y coordinador de suministro, almacenamiento, abasto y distribución. Es un mandato amplio, sin precedente reciente para el organismo. Tiene hoy más atribuciones que nunca; el problema es que el abasto no se resuelve con atribuciones, sino con operación.
El propio sitio web de la empresa reconoce que históricamente se dedicaba a la producción de vacunas y que su enfoque evolucionó hacia la distribución, importación y gestión de medicamentos y biológicos esenciales. Esa transición está respaldada normativamente, pero acumular funciones en el papel no equivale a construir las capacidades que exige una megacompra pública.
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En el papel, BIRMEX cuenta con cinco instalaciones: oficinas centrales y el Instituto Nacional de Virología en la Ciudad de México, una Planta Multipropósitos en Cuautitlán Izcalli y sitios en Tecámac y Huehuetoca. Además, según su manual, dispone de cuatro Centros Nacionales de Distribución por regiones: Centro, Occidente, Norte y Sur. La pregunta sigue abierta: ¿esa infraestructura basta para coordinar recepción, validación documental, almacenamiento y distribución nacional de miles de claves, con cadenas de frío, control de caducidades y última milla hacia unidades médicas dispersas?
La brecha entre mandato y capacidad
Antes de los gobiernos emanados de MORENA, el IMSS fungía como operador central de las compras consolidadas. No era un esquema perfecto —los procesos de 2015 a 2018 tuvieron sus propios retos—, pero el Instituto acumulaba curva de aprendizaje, relación con proveedores, sistemas de seguimiento y conocimiento directo de la demanda hospitalaria. Compraba lo que consumía. BIRMEX, en cambio, intenta comprar, administrar, distribuir y coordinar mientras enfrenta presión política por resolver el desabasto.
Además, hay un problema técnico que no se corrige con voluntad institucional: la fragmentación del gasto. El nuevo esquema puede centralizar la contratación y la administración contractual, pero no unifica automáticamente fuentes presupuestales ni flujos de pago. El IMSS opera con cuotas obrero-patronales, aportaciones de trabajadores y del gobierno federal; el ISSSTE tiene su propio financiamiento. IMSS-Bienestar, Pemex, SEDENA y los institutos nacionales conservan reglas de comprobación, POBALINES y calendarios presupuestales propios.
Azteca Noticias reportó en mayo de 2026 que IMSS-Bienestar condicionó el pago de adeudos históricos con proveedores, mientras el subsecretario Eduardo Clark reconoció pasivos cercanos a 11 mil millones de pesos. El riesgo es una paradoja operativa: contratar con un centro, entregar bajo reglas centralizadas y cobrar en ventanillas distintas, con cronogramas propios. Si se centraliza la contratación, pero siguen dispersos pagos, recepciones, sistemas y responsabilidades presupuestales, el riesgo no desaparece: se desplaza.
El factor político del problema
Durante varios años el IMSS coordinó la compra consolidada del sector salud. Aunque tenía áreas de oportunidad, el esquema ofrecía certeza jurídica a las empresas, una planeación más conocida y ahorros relevantes para el gobierno. Entonces, ¿por qué no devolverle esa función y cerrar la dinámica de prueba y error que ha abierto un frente innecesario?
Desde el análisis político, hay al menos dos razones. La primera es que las administraciones de la 4T han evitado caminar sobre sus huellas: reconocer, o siquiera sugerir, que el cambio radical del modelo de compra pudo haberse hecho sin un análisis de fondo implicaría admitir un costo político.
La segunda corresponde a esta administración. Como todo gobierno, no es un bloque monolítico, sino una coalición de corrientes y equipos. En salud, es evidente que la Presidenta ha confiado más en el grupo que la acompañó en la Ciudad de México y en su campaña, quienes están al frente de la Secretaría de Salud, la Subsecretaría de Integración y Desarrollo del Sector Salud y el propio BIRMEX. Ese equipo conduce hoy la compra consolidada.
Ajustes sobre la marcha
A esta complejidad se suma que el proceso sigue ajustándose mientras la compra está en curso. Se ha señalado que una posible condición para la industria estaría relacionada con cambios en empaques de medicamentos destinados al sector público, incluida la identificación gráfica del gobierno. Mientras la convocatoria y sus anexos técnicos no lo acrediten plenamente, conviene tratarlo con cautela. Lo relevante es que incluso una exigencia aparentemente menor puede generar incertidumbre operativa, regulatoria e industrial.
En una compra de esta escala, modificar empaques secundarios, artes, cadenas de impresión, validaciones, documentación ante COFEPRIS, inventarios disponibles o tiempos de fabricación no se resuelve de un día para otro. Si además el calendario original ya cambió, el mensaje para los proveedores es que reglas, tiempos y condiciones siguen moviéndose en plena ruta crítica.
El sector salud parece seguir probando fórmulas de compra cuando los aprendizajes recientes deberían traducirse en planeación, certidumbre y disciplina operativa. La compra pública no termina con publicar una convocatoria ni con adjudicar claves; termina cuando el medicamento se produce, se entrega, se recibe, se documenta, se paga y se repone inventario.
La experiencia inmediata obliga a tomar estas señales con seriedad. La compra consolidada 2025-2026 dejó claves no adjudicadas, extensiones de plazo, procesos complementarios y cuestionamientos sobre la ejecución. Las dudas no son solo teóricas: vienen de una secuencia reciente de ajustes, retrasos y problemas operativos que aún no termina de resolverse.
El fallo que importa
La trayectoria del proceso —un calendario que no se sostuvo, posibles exigencias operativas aún por precisar, un esquema presupuestal no unificado y el antecedente de claves no adjudicadas— no parece una suma de coincidencias, más bien, apunta a una preocupación concreta.
BIRMEX tiene hoy más poder formal que en cualquier momento de su historia, pero el abasto depende de capacidad real: almacenes funcionales, transporte confiable, personal especializado, sistemas interoperables, recursos disponibles a tiempo y experiencia para anticipar problemas antes de que se conviertan en desabasto. Nada de eso se construye solo con Decretos.
El riesgo concreto es que la compra bianual 2027-2028 repita problemas de la anterior: plazos incumplidos, reglas ajustadas sobre la marcha, proveedores operando con incertidumbre, retrasos en adjudicación y, al final de la cadena, medicamentos ausentes en clínicas y hospitales. Si ocurre bajo un esquema que concentra más funciones en una sola entidad, rendir cuentas será más difícil, no más fácil.
El gobierno sigue haciendo cambios, el calendario ya se movió y persiste la pregunta central: ¿esta vez BIRMEX tiene recursos, infraestructura y experiencia para operar a escala nacional? La única manera de afirmarlo será con resultados verificables: al menos 85 por ciento de claves adjudicadas, abasto iniciado en enero de 2027 y pagos oportunos a proveedores para que el suministro no se detenga.
En la próxima entrega analizaremos cómo la política farmacéutica actual pretende redefinir las condiciones para la inversión y la producción nacional de medicamentos y dispositivos médicos.
