BRECHA DE GÉNERO

Brecha de género en actividades económicas

Pese a los avances legales, las brechas de género en el trabajo no remunerado, la participación económica y las oportunidades laborales mantienen condiciones de desigualdad estructural. | Ingrid Schemelensky

Escrito en OPINIÓN el

Uno de los objetivos de una sociedad democrática es que exista igualdad de derechos entre hombres y mujeres buscando que ambos géneros gocen de todas las herramientas necesarias para su pleno desarrollo en su sociedad y en el país.

En México ha sido larga la lucha de las mujeres por alcanzar que se le logre visibilizar, por alcanzar oportunidades y sentirse plena, sin embargo, esto no es aún posible a pesar de diversas reformas constitucionales y legales que se han instrumentado sobre todo en los últimos años entre las que destacan el principio de paridad de género (2014) y sendas reformas para arribar a la paridad de total y atender la violencia de género (2019 y 2020, respectivamente).

En este contexto, cuando no hay igualdad se presentan fenómenos sociales que generan discriminación, desigualdad estructural y brecha de género que provoca diferencias abísmales que colocan tristemente a la mujer en un plano inferior no por falta de capacidad, sino por factores sociales, políticos y hasta culturales.

Así, las brechas se presentan de varias formas: brechas políticas en donde afortunadamente se ha ido reduciendo en los últimos años, la brecha educativa, brecha en la salud, la brecha económica y laboral, entre otras.  Para poder explicar este fenómeno tomemos como base la brecha de género en las actividades económicas.

De acuerdo con el INEGI en los resultados presentados de la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo de 2024 realizada a personas de 12 años y más, refleja que el 51.6% de la población se dedica a actividades productivas no remuneradas, en tanto que el 48.4% correspondió a actividades de trabajo para el mercado laboral. De este universo, las mujeres, en comparación con los hombres, dedicaron el doble de su tiempo de trabajo a actividades no remuneradas.

Respecto al tipo de trabajo, por ejemplo, doméstico (no remunerado de cuidados y voluntariado), las mujeres dedicaron 21.5 horas más a la semana que los hombres. La brecha aumenta entre la población hablante de alguna lengua indígena, ya que la brecha alcanza 27.3 horas.

Asimismo, las mujeres dedicaron en promedio, 9.4 horas más a la semana que los hombres al cuidado de niñas y niños de 0 a 5 años.

Estos registros se ven reflejados de igual forma en la actividad económica. El INEGI señala que la brecha económica de género es amplia, marcando fundamentalmente una desigualdad en la participación, remuneración y oportunidades laborales entre hombres y mujeres

Aquí algunos datos. La brecha de participación laboral es cercana a los 19.7% que provoca una carga desigual y desproporcionada de trabajo no remunerado y de cuidados. Esto provoca que las mujeres, por ejemplo, tengan una menor independencia financiera que los hombres, informalidad y el conocido “techo de cristal”.

De igual manera, solo alrededor del 46% de las mujeres participan de forma activa en la economía, lo que se traduce en que las mujeres enfrentan una brecha adicional en su capacidad de ahorro, entre otros aspectos que invisibilizan el pleno crecimiento y desarrollo de las mujeres en nuestro país.

Mientras no se genere una cultura de igualdad de derechos, en tanto no se institucionalicen programas de educación cívica de igualdad de género, políticas con perspectiva de género y se atienda y erradique plenamente la violencia de género, no contaremos con una igualdad que nos permita desenvolvernos con todas nuestras capacidades.  

En una democracia como la nuestra un ingrediente básico es justamente la igualdad, seguiremos luchando para lograrlo.

 

Ingrid Schemelensky

@IngridKSC