CAOS URBANO

El costo invisible del caos urbano

El estrés que tenemos tan normalizado podría ser provocado por factores externos que no han sido tratados con la debida seriedad; el estrés se manifiesta en distintos escenarios, entre ellos, la Ciudad de México. | Ingrid Schemelensky

Escrito en OPINIÓN el

El tiempo en las grandes ciudades parece que pasa con mayor velocidad. Los días corren, no caminan, lo cual implica un doble esfuerzo para poder vivir el día a día; el problema es que en ocasiones no dimensionamos el daño que hacemos a nuestro cuerpo. Tenemos normalizado un estrés que podría no ser exactamente provocado por actividades rutinarias, sino por factores externos que no han sido tratados con la debida seriedad. 

El estrés se manifiesta en distintos escenarios, entre ellos, la Ciudad de México. Vivir en una gran urbe tiene como consecuencia la contaminación atmosférica y acústica, además del congestionamiento vial, lo cual repercute en la producción excesiva de cortisol. Esta hormona es clave, pues si no se mantiene en un nivel moderado, eleva la presión arterial y los niveles de glucosa en la sangre. 

Un cortisol elevado por un periodo prolongado, afecta funciones tanto psicológicas como fisiológicas, por ejemplo, la memoria o la concentración disminuyen su correcto funcionamiento o se llega a sufrir ansiedad y hasta depresión. El ruido urbano es una de las causas principales de estas afectaciones, y lamentablemente, estamos expuestos a un exceso de ruido perjudicial para nuestra salud. 

El crecimiento de población, el tráfico insostenible, la ausencia de planeación urbanística o las propuestas de movilidad que resultan cuestionables por su deficiente aplicación e insuficientes en cuanto a disposiciones normativas. No se ha desarrollado ninguna política general de lucha contra el ruido y aunque existen NOMs federales, no hace falta más que salir de nuestros hogares para darnos cuenta de su ausencia de regulación. 

Según el director de Innovación de Reforestamos México, José Carlos Martínez, existe la posibilidad de que en los próximos 10 años se pierda entre 40 y 60 por ciento de la cobertura arbórea en la CDMX, y sí, también la falta de vegetación acelera afectaciones cognitivas desde una edad temprana hasta la vejez. 

Disfrutar de accesos y espacios bien diseñados también nos habla de ejercer nuestro derecho a la belleza. Las experiencias no solo emocionales sino culturales y sociales permiten un desarrollo urbano que favorece el combate contra el estrés. El ser humano actúa con base en lo que ve a su alrededor, y cómo no considerar caótica una ciudad con deficiencias en su infraestructura básica. 

La Radiografía de Transporte Público para Ciudades Mexicanas (RTPM) arrojó un resultado desalentador para la población que usa transporte público en la Ciudad de México, pues el servicio promedió 53.51 puntos sobre 100 en cuanto a su eficiencia, sostenibilidad, digitalización, seguridad y experiencia de viaje. 

Asimismo, se han registrado calles sin mantenimiento, con baches, banquetas en mal estado, inundaciones fuera y hasta dentro del transporte público, fallas en el sistema hidráulico y servicio deficiente en cuanto a recolección de basura, entre otros problemas que no han sido solucionados. 

En 2025, el gasto público programable ejercido de la CDMX disminuyó un 9.8% en cuanto al 2024, la inversión se vio en un declive del 55% con datos de El Economista. Los desafíos que enfrentan las autoridades para al menos reaccionar ante un problema que se ha dejado en el olvido son grandes. Es entendible el número de sobrepoblación de la capital del país, pero esto no es un pretexto para hacer caso omiso a los cambios que se deben hacer. 

El estrés urbano no se limita al ritmo de vida tan veloz que caracteriza a la Ciudad de México, esto escala a las condiciones tanto de infraestructura como sociales y ambientales que limitan la capacidad del cuerpo humano para soportar la sobreestimulación constante a la que se ve sometido diariamente. 

Hay que ser conscientes que la ciudad nunca dejará de crecer, así como que debemos vivir en lugar de sobrevivir; porque sí, hemos caído en la normalidad del caos y el ruido, aunque realmente nunca debimos acostumbrarnos a ninguno de los dos. Conforme pasa el tiempo, la frase de Jan Gehl toma mayor sentido: “Primero moldeamos las ciudades y después las ciudades nos moldean a nosotros.”

 

Ingrid Schemelensky

@IngridKSC