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¿Impulsar más líderes ciudadanos?

Para fortalecer el modelo de contrapesos y equilibrios entre los poderes, hacen falta más liderazgos fuertes que surjan desde la sociedad civil. | José Antonio Sosa Plata

Escrito en OPINIÓN el

No hay duda. A pesar de las oportunidades que se le han presentado para recuperarse de los resultados electorales de las elecciones presidenciales en 2024, la oposición no tiene aún la competitividad electoral que requiere para retomar el modelo de pesos y contrapesos que tenía el país antes del sexenio de Andrés Manuel López Obrador.

El problema que enfrentan los partidos opositores es complejo y diverso. No se trata sólo de  ajustar la agenda y la propaganda. Tampoco, simplemente, de mejorar sus narrativas en los medios y redes sociales. Lo que necesitan es replantear el esquema de selección, formación y capacitación de sus liderazgos en todos los frentes. 

La debilidad, fragilidad y vulnerabilidad que los mantiene con porcentajes bajos en la confianza ciudadana e intención de voto, sólo se explica por la crisis de liderazgos que padecen desde hace tiempo. La incorporación de personajes jóvenes en algunos de sus espacios no ha logrado la efectividad que les exige el poder acumulado por Morena y sus aliados. 

Lee también: Alberto Capella. "El hartazgo también vota", en Opinión La Silla Rota, 03/06/2026.  

La crisis de liderazgo no es reciente y tiene varias explicaciones. Una de éstas tiene que ver con el resurgimiento avasallador del populismo, que en muchos países debilitó como nunca los liderazgos democráticos que emergieron durante los períodos de alternancia que se dieron desde finales de la última década del siglo XX.

Otra más surge del descrédito de la política y el culto desmedido a personalidades autoritarias —“nacionalistas”, radicales y con poca tolerancia a las minorías— lo que concentró la atención en un número reducido de personajes. La consecuencia lógica de dicha centralidad fue el desdibujamiento de líderes con potencial, quienes perdieron seguidores, espacios mediáticos y, por lo tanto, fuerza política.

El nuevo escenario permitió que los líderes acapararan la agenda y las narrativas, que se erigieran en los únicos y auténticos representantes “del pueblo” y con misiones que, si bien brindan ciertos beneficios y justicia para los grupos más vulnerables de la sociedad, también acentúan la división, los conflictos entre los grupos y la desigualdad. 

Consulta: Guía práctica para la Dirigencia Social. Santiago de Chile: División de Organizaciones Sociales (DOS), 2024.

Si a todo lo anterior sumamos el contexto en el que se ha involucrado al movimiento de la llamada 4T, tanto por los escándalos de corrupción, los vínculos de algunos funcionarios y líderes con el crimen organizado y el incumplimiento de promesas, así como por la ostentación que muchos exhiben en su estilo de vida y la falta de resultados en los temas que más preocupan a la gente, se entiende mejor el potencial que tienen las candidaturas surgidas desde la sociedad civil.

Sobre esta base, se podría pensar que el triunfo contundente del PRI en las elecciones de Coahuila abrió la posibilidad de un cambio en la correlación de fuerzas a nivel nacional. No es así. Sin tratar de simplificar el análisis, no hay duda de que el resultado fue excepcional, que aún no marca ninguna tendencia, ni que ha afectado la hegemonía de Morena y sus aliados.

De igual forma, el resultado no se explica sólo por la intervención del PRI nacional. En contraste, la evaluación positiva de la gestión del gobernador Manolo Jiménez sí incidió de manera determinante. Por eso, el profesionalismo de algunos actores políticos resurgió como una vía paralela que se complementa con la necesidad ineludible de renovar y fortalecer los liderazgos dentro de los partidos.

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Que quede claro: fortalecer el modelo de contrapesos sólo será posible si se recupera la confianza en los partidos. Para lograrlo, es indispensable crear un punto de inflexión, con la incorporación de liderazgos surgidos desde la sociedad civil. Es lo que en apariencia está tratando de hacer el PAN. Parece ser el pilar del proyecto de Somos México. Es lo que en algún momento quiso hacer Movimiento Ciudadano. Es lo que proponen algunos empresarios y líderes de opinión.

Aún más. Recordemos que las candidaturas independientes no funcionaron. Nuestro sistema jurídico lo ha impedido y, por eso, la competencia a partir de los partidos políticos sigue siendo la mejor opción de nuestro sistema político. Si en verdad se quiere asumir el reto, es preciso elaborar un proyecto innovador que permita buscar, capacitar y entrenar, a hombres y mujeres que sean identificados como auténticos luchadores sociales.

Impulsar líderes ciudadanos no es una fórmula mágica ni garantiza el éxito electoral de los partidos de oposición. El riesgo es que se les asociará muy rápido con la política tradicional y se les atacará como políticos. Pero hay formas de resolver el problema. Lo más importante es hacer un buen proyecto, diseñar un método de selección transparente y confiable y, ciertamente, una estrategia de comunicación de alto impacto con la capacidad de imponer agenda durante un periodo largo de tiempo.

Recomendación editorial: Gideon Rachman. La era de los líderes autoritarios. Barcelona, España: Editorial Crítica, 2022.

 

José Antonio Sosa Plata

@sosaplata