CNTE

El Mundial de los acreedores

Durante años la CNTE fue uno de los aliados funcionales más importantes del movimiento lopezobradorista, el problema con los aliados es que tarde o temprano pasan a la ventanilla de cobro. | Alberto Capella

Escrito en OPINIÓN el

A unas horas de la inauguración del Mundial, la realidad decidió arruinarle la fiesta a más de uno. Mientras millones de personas se preparan para ver el evento deportivo más importante del planeta, las autoridades decomisaron decenas de explosivos caseros que viajaban en un autobús procedente de Guerrero y cuyos ocupantes se dirigían a las movilizaciones de la CNTE en la Ciudad de México.

Ese decomiso no se puede leer como simple parte policiaco. Exige contexto, memoria política y sospecha profesional.

Una cosa es bloquear avenidas, instalar plantones, cerrar aeropuertos o paralizar una Ciudad. México tiene una larga tradición de movimientos sociales que utilizan la presión política como herramienta de negociación. Otra muy distinta es la presencia de explosivos en una movilización masiva a unas horas de que el país sea el centro de atención mundial.

El problema no nació con el Mundial. Lo único que hizo este evento fue traer cámaras de todo el planeta para observarlo.

La Ciudad de México lleva semanas operando al límite. Tráfico colapsado, bloqueos permanentes, miles de ciudadanos afectados, lluvias que complican la movilidad y un gobierno atrapado por las consecuencias de sus propias decisiones.

Durante años la CNTE fue uno de los aliados funcionales más importantes del movimiento lopezobradorista. Marcharon juntos, compartieron causas, respaldaron candidaturas y coincidieron en la narrativa contra los gobiernos anteriores.

El problema con los aliados es que tarde o temprano pasan a la ventanilla de cobro.

Durante años vieron desfilar nuevos poderosos, nuevos millonarios, nuevos consentidos del régimen y fortunas que aparecieron con una velocidad que haría sonrojar a cualquier emprendedor exitoso. Tal vez llegó el momento en que algunos decidieron dejar de ser espectadores y pasar a la fila de los acreedores.

Hoy la sensación es que han decidido cobrar. Y eligieron el momento perfecto para hacerlo.

Después de décadas observando operaciones policiales, cuesta no detenerse frente a un decomiso tan oportuno. A unas horas de la inauguración aparece un autobús con explosivos caseros, una llamada anónima activa la alerta y un grupo especializado de la policía de la Ciudad de México aparece como protagonista del hallazgo.

Puede tratarse exactamente de lo informado por las autoridades. Un éxito policial producto de inteligencia, coordinación y una dosis de fortuna. También es cierto que, visto desde fuera, parece un auténtico garbanzo de a libra.

La pregunta relevante no es quién encontró los explosivos. La pregunta relevante es quién gana con el hallazgo.

Del lado de la autoridad fortalece una narrativa poderosa. Convierte un conflicto sindical y político en un problema potencial de seguridad. A partir de ese momento cualquier incidente, disturbio o acto de violencia alrededor del Mundial tendrá un responsable anticipado en el imaginario colectivo. La conversación deja de girar alrededor de las demandas y comienza a girar alrededor del riesgo.

Del otro lado tampoco desaparecen los incentivos. El descubrimiento eleva automáticamente el valor de la negociación. Suben los costos políticos de un fracaso, aumenta la presión sobre el gobierno y el reloj del Mundial se convierte en aliado de quienes buscan concesiones.

No tengo elementos para afirmar cuál versión es correcta. Lo que sí tengo es experiencia suficiente para desconfiar de las explicaciones demasiado convenientes.

En medio de todo apareció la teoría más extravagante de la semana. Según algunos, Ricardo Salinas Pliego estaría detrás del movimiento magisterial.

Pensar que una organización con décadas de estructura territorial, liderazgo propio y capacidad de movilización nacional necesita ser manipulada por un empresario para salir a las calles es una explicación tan absurda que termina funcionando como evidencia de la desesperación gubernamental.

En política la casualidad existe, pero cobra caro. Ese hallazgo cambió la mesa. Subió el costo de no negociar, elevó el miedo al desbordamiento y colocó al gobierno frente a la factura de sus propias alianzas. Si endurece, puede incendiar la inauguración. Si cede, confirma que el chantaje funciona.

Cuando el Mundial termine quedará una pregunta difícil de esconder.

Un país puede sobrevivir a bloqueos, plantones, marchas y chantajes políticos. México lleva décadas demostrando resistencia para eso. Lo preocupante es otra cosa. Que aparezcan explosivos a unas horas del evento más importante organizado por el país en décadas y que terminemos discutiendo teorías de conspiración, culpables prefabricados y distractores políticos en lugar de responder una pregunta elemental.

¿Quién los llevaba y para qué?

Todo lo demás son fuegos artificiales. Esos sí, perfectamente controlados.

Alberto Capella

@kpya