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Entre la mancha de Rocha y el fantasma del Maximato

La presidenta enfrenta un doble desafío: mantener la cohesión del movimiento y construir una autoridad propia sin romper con el liderazgo de su antecesor; sin embargo, la controversia en torno al caso Rocha Moya amenaza con empañar los aciertos de su gobierno. | Ricardo del Muro

Escrito en OPINIÓN el

En el momento más delicado de su gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum encabezó el domingo una multitudinaria concentración en el Monumento a la Revolución, en la Ciudad de México, para conmemorar el segundo aniversario de su victoria electoral. Sin embargo, el balance de sus principales logros quedó eclipsado por la referencia al caso Rocha Moya, que amenaza con escalar para  convertirse en un fuerte conflicto diplomático con Estados Unidos.

En su mensaje, Sheinbaum convocó a defender la soberanía nacional y respaldar el proyecto de la Cuarta Transformación. Aunque evitó mencionar por su nombre a Rubén Rocha Moya, el discurso fue interpretado como una defensa del gobernador con licencia de Sinaloa, quien ha pasado del banquillo de los acusados a presentarse como víctima de la supuesta “injerencia” de Washington y de un presunto intento por influir en las elecciones mexicanas de 2027

La mandataria calificó como un hecho grave y sin precedentes la solicitud del Departamento de Justicia de Estados Unidos para detener y extraditar a diez funcionarios mexicanos en activo, y sostuvo que la controversia forma parte de una ofensiva política y mediática promovida desde el exterior por grupos de ultraderecha. 

Más allá de sus implicaciones judiciales y diplomáticas, el caso Rocha Moya y la controversia desatada tras la muerte de agentes estadounidenses en Chihuahua se han convertido en banderas de la oposición y han contribuido al resurgimiento del panismo. Prueba de ello fue la reciente reaparición conjunta de los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón en un acto multitudinario de respaldo a la gobernadora Maru Campos.

Al mismo tiempo, la crisis ha colocado a la presidenta ante una disyuntiva de alto riesgo: desafiar las presiones de Washington o sacrificar a uno de los aliados más cercanos de López Obrador. Cualquiera de las dos opciones implica elevados costos políticos y podría generar una ruptura interna con consecuencias impredecibles para el futuro del morenismo.

Sheinbaum registra la caída más pronunciada de popularidad desde que llegó al poder. Al cumplir año y medio de gobierno conserva una aprobación de 68 por ciento, de acuerdo con la más reciente encuesta de Enkoll realizada para El País y W Radio. 

Ante los múltiples frentes abiertos –señala el reporte-, la mandataria resiente un desgaste reflejado en la pérdida de siete puntos en sus niveles de aprobación desde marzo. Aunque sus niveles de respaldo continúan siendo elevados, se trata de la caída más pronunciada en lo que va de su gestión.

A la crisis desatada por el caso Sinaloa se suman las denuncias de corrupción y prepotencia que involucran a políticos morenistas, así como  una inquietante debilidad económica que amenaza la viabilidad de las políticas sociales, una de las grandes banderas de la Cuarta Transformación. Inseguridad, corrupción y deterioro económico constituyen hoy los principales pasivos del gobierno y las mayores preocupaciones de los mexicanos, cuyos índices de percepción muestran un ligero incremento respecto de la medición anterior.

La administración de Sheinbaum transcurre bajo una singular paradoja: llegó al poder impulsada por el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, pero obtuvo una votación histórica y construyó una popularidad propia que ahora comienza a mostrar señales de desgaste. A ello contribuyen, en buena medida, problemas heredados del sexenio anterior: inseguridad y violencia criminal, una cuestionada reforma judicial, la presión fiscal, los escándalos de corrupción en Pemex, los chantajes de la CNTE y la aparición de cacicazgos políticos regionales. 

Algunos analistas sostienen que su gobierno atraviesa una etapa de transición –hacia el segundo piso de la cuarta transformación– pero también enfrenta una coyuntura decisiva en la que Sheinbaum deberá definir si consolida su liderazgo propio o continúa bajo la sombra política de López Obrador.

En ese dilema reaparece el fantasma del Maximato. La comparación puede parecer exagerada, pero refleja la tensión entre la autonomía presidencial y el peso que aún conservan los personajes más influyentes del obradorismo. El desenlace de ese conflicto que no sólo involucra a Rocha Moya sino también al senador Adán Augusto López Hernández, no sólo definirá el rumbo del actual gobierno sino también el futuro de Morena

El Maximato surgió cuando Plutarco Elías Calles, a través del Partido Nacional de la Revolución (PNR), mantuvo el control político del país con tres presidentes subordinados: Emilio Portes Gil (1928-1930), Pascual Ortiz Rubio (1930-1932) y  Abelardo L. Rodríguez (1932-1934). 

Aunque Lázaro Cárdenas llegó a la Presidencia en 1934, tardó casi dos años en construir una base de poder propia, desplazar a los principales cuadros callistas y consolidar alianzas con obreros y campesinos. Finalmente, en 1936 rompió con Calles y ordenó su expulsión del país.  

Actualmente no se vive una reedición exacta de los años treinta, pero vuelve a plantearse un viejo dilema: ¿quién ejerce realmente el poder cuando un líder carismático deja formalmente la Presidencia, pero conserva una influencia decisiva sobre el partido gobernante?

Sheinbaum heredó no sólo el aparato político de Morena, sino también sus tensiones internas. El movimiento que durante años giró en torno a López Obrador se convirtió en una fuerza de poder integrada  por gobernadores, grupos regionales, operadores territoriales y corrientes con intereses diversos. 

En ese contexto, la presidenta enfrenta un doble desafío: mantener la cohesión del movimiento y construir una autoridad propia sin romper con el liderazgo de su antecesor. Sin embargo, la controversia en torno al caso Rocha Moya amenaza con empañar los aciertos del gobierno de Sheinbaum y con reforzar la percepción de que algunas decisiones fundamentales siguen condicionadas por los equilibrios políticos heredades del obradorismo

Las decisiones que adopte la presidenta Sheinbaum en los próximos meses no sólo definirán el rumbo de su gobierno, sino también el destino del obradorismo como fuerza política y sobre todo, el futuro de la democracia en México.

Ricardo del Muro

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