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La librería de José Juan Tablada en Nueva York

En la primavera de 1920, el escritor y diplomático mexicano José Juan Tablada inauguró en el 118 de East 28th Street, en Manhattan, la Librería de Los Latinos. | Ricardo del Muro

Créditos: Archivo de la UNAM.
Escrito en OPINIÓN el

En la primavera de 1920, el escritor y diplomático mexicano José Juan Tablada inauguró en el 118 de East 28th Street, en Manhattan, la Librería de Los Latinos. Aunque el negocio tuvo una existencia breve y un éxito comercial limitado, se convirtió en la primera librería hispana de Nueva York y en un relevante punto de encuentro para la comunidad latinoamericana.

El local ocupaba parte del Kiamie Arcade Building, inmueble construido en 1912 durante el crecimiento comercial del Midtown neoyorquino. De estilo prewar, típico de las primeras décadas del siglo XX, el edificio aún conserva la estructura funcional de la época: ladrillo y piedra labrada en la fachada, corredores interiores, elevadores y pequeños despachos destinados a oficinas y comercios.

Tablada residió en Nueva York cerca de veinte años, en distintas etapas comprendidas entre 1914 y 1935. Llegó inicialmente como exiliado tras su apoyo al gobierno de Victoriano Huerta y, años más tarde, regresó como diplomático, luego de reconciliarse con los gobiernos de Venustiano Carranza y Álvaro Obregón. 

A mediados de 1945, tras una estancia de diez años en México, volvió a Nueva York como vicecónsul; sin embargo, falleció el 2 de agosto de ese mismo año. Posteriormente, la Academia Mexicana de la Lengua gestionó el traslado de sus restos mortales, que fueron depositados en la Rotonda de las Personas Ilustres. 

En Manhattan, Tablada escribió más de setecientas crónicas para la prensa mexicana, de acuerdo con Rubén Lozano Herrera, principal especialista en su etapa neoyorquina. Además, compuso una decena de poemas inspirados en sus sentimientos encontrados hacia el american way of life, entre ellos “Nocturno alterno” (1919) y “Mujeres de la Quinta Avenida”.     

Publicado en su libro “Al sol y bajo la Luna” (1918), el texto destaca por su agudo verso inicial: “Mujeres que pasáis por la Quinta Avenida, tan cerca de mis ojos, tan lejos de mi vida…”. El tono es irónico, sofisticado y claramente vanguardista:  

“¡Mujeres fire-proof a la pasión inertes,

hijas de la mecánica Venus made in America;

de vuestra fortaleza, la de las cajas fuertes,

es el secreto… idéntica combinación numérica!”

La mezcla de español e inglés refleja la influencia cosmopolita de Nueva York. Tablada utilizó la expresión fire-proof (“a prueba de fuego”) para sugerir mujeres sofisticadas, aparentemente inmunes a la pasión amorosa. A su vez, la metáfora de las “cajas fuertes” transforma el amor y la belleza en símbolos del capitalismo moderno, donde todo parece tener una combinación secreta, fría y numérica. 

Al iniciarse la década de 1920, Tablada y su esposa, Nina Cabrera, decidieron establecerse definitivamente en Nueva York. Inicialmente vivieron al oeste de la calle 154 al norte de Manhattan, según las anotaciones de Guillermo Sheridan en el diario del poeta. Apoyado por su primo Genaro Estrada, había conseguido que José Vasconcelos le remitiera algunos fondos a cambio de conferencias y colaboraciones periodísticas favorables a la causa obregonista, sobre todo a su política educativa. 

Colabora, en esa época, en la revista “El Maestro”, que le paga con inaudita generosidad. Conserva igualmente un estipendio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, que lo ha asignado como escribiente al consulado de Nueva York. Tablada planeaba construirse una casa en el campo y, como se observa en su Diario, vivía entonces sin mayores estrecheces económicas. 

En realidad, como señaló Sheridan, Tablada estaba juntando capital para echar a andar una aventura comercial que no prosperó demasiado: “José Juan Tablada & Co. Librería de Los Latinos (Exporters – Books – Importers, 118 East, 28th. Street)”, que aspiraba a distribuir libros en español y francés en el mercado neoyorkino.  Estaba terminando de redactar “Los ojos de la máscara” (antología poética) y tenía en prensa “El jarro de flores”, que se publicaría en 1922.

Una fotografía de Tablada frente a la Librería de los Latinos, hoy resguardada en el archivo de la UNAM, constituye uno de los testimonios visuales más importantes de su estancia en Nueva York. La imagen, sin embargo, también ha suscitado dudas sobre la ubicación exacta del negocio. 

En la edición del Diario de Tablada, Guillermo Sheridan identificó la librería en Madison Avenue, cerca del Hotel Waldorf, apoyándose en el letrero visible en la puerta. Sin embargo, Nina Cabrera, esposa del poeta, señaló como domicilio el número 118 de East 28th Street. A ello se suman un anuncio clasificado del 3 de abril de 1921 y una carta enviada por Tablada a José María González de Mendoza, documentos que sugieren que la librería pudo haber tenido dos direcciones. 

Había transcurrido poco más de año y medio desde que el matrimonio Tablada se reinstaló en Nueva York. La librería no demoraría en cerrar –como se quejaba el escritor en la carta-. Todo indica que el negocio estuvo en Madison Avenue, al menos hasta la fecha del anuncio clasificado. También cabe la posibilidad de que uno de los dos domicilios fuera solamente oficina administrativa o depósito. 

La foto de la librería de Tablada en Nueva York constituye, sin duda, un valioso testimonio gráfico de su estancia en la ciudad. Sin embargo, lo verdaderamente trascendente de esa experiencia se encuentra en las crónicas que escribió sobre Nueva York y que quiso reunir bajo el título “La Babilonia de hierro”,  proyecto editorial que no llegó a concretarse en vida del poeta.

El primero de agosto de 1920, según la investigación de Lozano Herrera (José Juan Tablada en Nueva York, 2000), comenzó a escribir de manera más constante las crónicas acerca de esa ciudad estadounidense, poco más de un año y medio después de publicar, en enero de 1919, la que se considera su primera crónica neoyorquina. Esa labor periodística se prolongaría hasta 1943.

Estos textos, planteó el investigador, son piedra de fundación de la crónica moderna y estrictamente no son “neoyorkinos”, ya que al escribir acerca de Nueva York, Tablada tiene los ojos puestos en la Ciudad de México; del mismo modo, cuando se refiere a México también habla de Nueva York

Tablada escribió estas crónicas por diversas razones: para prevenir a los mexicanos sobre el modelo de vida estadounidense en su aspecto materialista utilitario; para dar cuenta y ejemplo de la modernidad deseable a los compatriotas –con lo que propone una utopía-; para justificar su misión de legitimar a los regímenes posrevolucionarios y, en un plano más íntimo, para dar rienda suelta a la nostalgia de la patria.

Ricardo del Muro

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