DÍA MUNDIAL DE LA LIBERTAD DE PRENSA

Los riesgos y las realidades del periodismo en México

El periodismo es como un animal vivo, ha encontrado la forma, a través de quienes lo ejercen, de seguir hablando. | Leonardo Bastida

Escrito en OPINIÓN el

Este 3 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Libertad de Prensa con la finalidad de reflexionar sobre el estado de este derecho en distintos países y el ejercicio del periodismo en todos los rincones del mundo. Una labor considerada como esencial para la cultura democrática de todas las sociedades y garantía de la salvaguarda del derecho al acceso a la información por parte de la ciudadanía. 

Al respecto, Julieta Brambila, especialista en comunicación política, libertad de expresión y periodismo, dilucida en su nuevo libro “El oficio de resistir. Periodismo, poder y violencia en México” (Siglo XXI Editores, 2025) sobre la situación de las y los periodistas en México a partir de múltiples miradas, como la historia, la política, la comunicación y la sociología, para dar posibles respuestas a la pregunta del por qué existe un escenario adverso a la labor periodística.

Sobre estos temas, comparte algunas reflexiones durante una charla con quien escribe esta columna. 

La Silla Rota: Los ataques a la prensa mexicana han sido constantes a lo largo de dos siglos. ¿Qué les hace diferentes hoy en día?

Julieta Brambilla: Por un lado, hay cambios sustantivos en las instituciones sociales, eso es el periodismo en sí mismo; el estado mismo, que no es el mismo, y un tercer elemento es la relación de estos dos con la sociedad y la violencia en la sociedad. En el primer caso, si bien es cierto que la violencia contra la prensa es un elemento de control de la prensa, de lo que se dice y no se dice, de los límites entre lo que se puede expresar a través de una nota o no, es algo sustantivo. 

El periodismo de hace 100 años tenía parámetros muy diferentes a los de la prensa actual. Si bien se mantienen en su aspecto prototípico algunos de los valores iniciales con los que surgió como la importancia de la noticia, la oportunidad, el hecho de acentuar todo a partir de aspectos factuales, la figura del reportero. Actualmente es más complejo. Cuando hablamos de violencia contra la prensa, tenemos que definir qué tipo de prensa. Las barreras de entrada al campo del periodismo han variado con el paso de los años. Como profesión, cuando surgió estaba en competencia con otras esferas de la vida social como la literatura y la política, surge en competencia directa con estos campos más desarrollados. Actualmente, definir quién es o no un periodista y cuando se ejerce violencia es más complejo, porque las barreras de entrada han cambiado, hay generadores de contenido influencers, información a través de las redes digitales. Entonces, es acuoso cuando hablamos de una cosa u otra.

En la actualidad, nos encontramos con un Estado invertebrado, como lo define Claudio Lomnitz, que por un lado puede tener mucha soberanía, pero por otro, un reiterado abuso del poder y muy poca administración. En el caso que nos interesa, mucha administración y poca justicia, es decir impunidad. Estos elementos son importantes para entender porque a lo largo del siglo XX, con un régimen hegemónico, la violencia si existía, en las entidades federativas, pero no se comparan los niveles de crueldad ni la cantidad ni los niveles de la misma con los que tenemos ahora. El tercer punto es la naturaleza de la violencia, lo que hemos vivido en los últimos 20 años es un incremento cuantitativo y un cambio cualitativo en la violencia contra los periodistas.

LSR: ¿En qué consisten estos cambios?

JB: En lo cualitativo hemos presenciado escenarios y agresiones, que antes, eran esporádicos o inexistentes, como la desaparición forzada de periodistas. Es un hecho documentado que han pasado en más de 20 ocasiones en los últimos 20 años. El Estado no está en un conflicto armado abierto, a pesar del número de desapariciones forzadas, y no es el único fenómeno, están los asesinatos y otro tipo de agresiones, que marcan un cambio en la violencia contra la prensa. Este cambio está enmarcado en una grave crisis de derechos humanos y de seguridad, sostenida con altas tasas de impunidad. Habla del papel de la prensa en un momento histórico en donde algo sucedió, y esto fue, mayores incentivos para publicar temas como corrupción, ecocidios, violaciones a derechos humanos. 

Historias importantes para la sociedad, que se fueron publicando a la par de esta crisis de seguridad. Poco antes de la misma, no había condiciones para ejercer ese mismo tipo de periodismo en el país. Entramos en una paradoja, un momento en el que se puede hablar más de varios temas, desde los medios de comunicación, pero hay condiciones más adversas para hacerlos, en cuanto a cuestiones de seguridad. Este elemento, influye y delimita los episodios tan altos de agresiones contra periodistas que tenemos en la actualidad.

LSR: En una parte del libro, propones tres patrones de explicación de este fenómeno, a fin de no caer en la explicación sencilla de vincular toda la temática con asuntos del crimen organizado ¿Cómo ver el problema desde diferentes perspectivas? ¿Cómo construiste ese camino de reflexión?

JB: Nunca ha existido un gran censor a la prensa, sino lo que ha habido es una retícula de silencio. Es multiforme y tiene múltiples nodos. Esto nos ayuda a entender que no es un muro, sino que a veces se atraviesa y a veces no, y te atrapa, por lo que hay una porosidad e incertidumbre. No siempre son claros cuáles son los límites, de que se puede hablar o no, escribir o no, documentar o no, un periodista una historia y publicarla. Creció esta percepción, que está anclada en que el principal emisor de la violencia es el narcotráfico. Lo que se ha documentado, y que dice el libro, es que el principal censor sigue siendo el Estado, y es difícil de comprender como funciona en un país tan extenso y desigual. 

Esta idea de la retícula ayuda entender cómo se alimentan esos nodos de poder es relevante porque muchas veces, un mismo actor o comunicador, puede ser muy incómodo para varios sectores como el Estado mismo, políticos, empresarios, cuerpos de seguridad, empresarios del crimen organizado. Esto auspicia esa dicotomía moral de que entre los que están en el estado y los que no, y nos deja ver los entramados sobre los que debe navegar la prensa. Sobre todo, en los niveles más locales, donde se ha visto más violencia

LSR: Como parte de este análisis, abordas otros temas, entre ellos, las condiciones en las que se ejerce el periodismo en nuestro país, un aspecto que muchas veces se deja de lado ¿Cómo caracterizas esa precariedad? ¿Y cómo está es más latente cuando hay periodistas de comunidades rurales, indígenas, afrodescendientes, mujeres, entre otras condiciones de vulnerabilidad?

JB: La desigualdad es una realidad en el oficio periodístico en muchos sentidos, pero el aspecto material es muy importante debido a las condiciones económicas en las que lo hacen muchos. La primera parte del título del libro, El oficio de resistir, nos lleva a pensar en una materialidad de una actividad, un servicio público necesario, pero esta materialidad nos lleva a ver que a pesar de la plataforma en que se cree y se difunda un mensaje, por lo que la pregunta es cuál es la relación que juegan quienes crean los contenidos y las historias desde sus condiciones materiales y cómo al hacerlo se exponen más o menos a diferentes limitaciones, incluyendo riesgos de violencia y de discriminación.

La profesión es muy desigual por diferentes razones. La estructura económica, la ubicación geográfica, los vaivenes financieros de los modelos de negocio y eso pasa al eslabón más débil de la cadena que es el periodista, sobre todo, el de la calle. Si esto lo vemos desde el prisma de los espacios rurales o los pequeños núcleos urbanos, y no las grandes ciudades, donde cada vez hay menos periodismo de calidad, la profesión está precarizada y esa subyace inevitablemente a la violencia. En las cifras que se comparten sobre las agresiones contra periodistas, salen a relucir algunas realidades como que la gran mayoría de quienes son asesinados son periodistas que trabajaban para medios de comunicación locales, ubicados entre las periféricas simbólicas, culturales y noticiosas. 

Suelen tratar temas que pueden concitar diferentes riesgos de seguridad como ecocidios, vulneraciones a derechos humanos, violencia. Este fenómeno sería incompleto si no vemos que en los últimos años, no sólo hemos visto asesinatos, sino otro tipo de agresiones que han crecido dramáticamente contra otros tipos de periodistas como influencers, creadores de contenidos para redes, freelancers, quienes tienen sus propios espacios. Eso nos habla de una mayor precarización y exposición, y con mayores niveles de varios tipos de violencia. 

Hay patrones mucho más profundos, pues se siguen castigando a quienes pertenecen a las minorías, y sufren aspectos de violencia, que se conjuntan con otros que ya existen. Por ejemplo, las violencias de género, pues se quiere impedir que sean las mujeres 

LSR: ¿Qué esperanza queda para el ejercicio del periodismo en México, en específico, para aquel de corte crítico?

JB: El libro no es muy esperanzador, pero casi al final, rescato una frase de Marcela Turari, quien dice que el periodismo es una apuesta por la vida. Entonces el provenir de la profesión está en su adaptación a los cambios tecnológicos y las realidades derivadas de esto. Lo cual, no demerita, porque los valores y las razones por las cuales alguien ejerce el periodismo siguen siendo las mismas desde que surgió la profesión. Es decir, se dedica a reportar, a documentar y a poner ante el ojo público hechos que merecen ser conocidos. 

El oficio no necesita que alguien lo salve, el oficio se ha salvado a sí mismo por la gran cantidad de periodistas de diferentes medios que siguen apostando por hacer, desde diferentes ámbitos, un periodismo crítico que importa. 

Es como un animal vivo, ha encontrado la forma, a través de quienes lo ejercen, de seguir hablando. Parece ser una profesión sola, pero están las y los lectores, quienes son la ciudadanía y apoyan estos proyectos de diferentes maneras.  

El último gran reto es apostar por un cambio cultural en nuestras élites, ya que quienes acceden a los espacios de poder, a pesar de que puedan provenir de causas sociales, suelen tener una visión propagandística de la prensa, cuando deberían delimitar qué es el periodismo y su función social.

Pero debido a la complejidad de esto último, la esperanza está en generar ese vínculo entre medios y ciudadanía, y leer, observar, escuchar e incentivar la creación de esos productos periodísticos críticos

Leonardo Bastida

@leonardobastida