El jueves pasado se conmemoró una edición más del Día del Libro, y su resaca nos llega hasta este día debido a la gran cantidad de actividades alrededor de estos compendios de páginas en lo que se encierran ideas, pensamientos, posturas, visiones, reflexiones, imágenes, entre muchos otros elementos que encuentran un lugar y quedan disponibles para la consulta, la lectura y la reescritura de estos, además de incentivar la imaginación y la creatividad.
A pesar de la alegría que puede producir el incentivar el acercamiento a los libros y estimular la lectura a fin de propiciar miradas críticas sobre nuestro alrededor, no en todos los lugares del mundo se comparte esta opinión. En los últimos años, en varios países, se han propiciado una serie de políticas a fin de limitar el acceso a los libros. En concreto, aquellos cuyos contenidos están relacionados con el género, la diversidad sexual o los derechos humanos.
Argentina
En noviembre de 2024, la Fundación Natalio Morelli presentó una denuncia en contra de Alberto Sileoni, ministro de Educación de Buenos Aires, por “la distribución en escuelas de textos que incluyen contenido sexual explícito y temáticas consideradas inapropiadas para estudiantes de entre 12 y 15 años”. Esta situación puso en entredicho la inclusión de algunos títulos en la Colección Identidades Bonaerenses de la Dirección General de Cultura y Educación.
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Entre estos textos, están “Las Primas” de Aurora Venturini, “Cometierra” de Dolores Reyes y “Las aventuras de China Iron” de Gabriela Cabezón Cámara, todos ellos publicados en este siglo, con una amplia recepción por parte de la crítica literaria, y producto del trabajo de escritoras galardonadas por algunas de sus obras, entre ellas, las cuestionadas por la Fundación demandante para que fueran retiradas de la colección, y dejaran de ser repartidas en las escuelas de nivel básico. Medida vigente hasta la fecha.
La censura no es gratuita, pues las novelas se ciñen a la literatura argentina contemporánea, que a diferencia de otras expresiones literarias de tradición, está caracterizada por el protagonismo de las mujeres, y sus tramas versan sobre el trauma del pasado dictatorial, la memoria falsa, los fantasmas y/o desaparecidos, el cuerpo, la preocupación por el lenguaje, el diálogo con los medios de comunicación, la civilibarbarie, y en muchos de los casos, expone una postura feminista ante el mundo.
Frente a un gobierno que ha externado abiertamente una postura en contra de las cuestiones de género, con acciones como el cierre de las áreas de gobierno enfocadas a la atención de las mujeres y el impulso a la igualdad de género, la nueva literatura argentina, colmada de autoras nacidas después de 1970, con una aguda crítica social sin precedentes, tomadora de los espacios editoriales independientes, alejada de los grandes sellos canónicos, por lo regular, perpetuadores de una visión patriarcal, resulta sumamente incómoda.
Canadá
Por varios meses, las personas encargadas de las bibliotecas de las escuelas de educación elemental de la provincia de Alberta, Canadá, dentro de la que están ciudades como Edmonton y Calgary, dedicaron gran parte de su jornada laboral a seleccionar de los anaqueles aquellos libros que tuvieran contenido sexual explícito o hiciera alusión a un acto sexual para retirarlos y dejar de prestarlos.
Dicha acción respondía a la circular emitida por el Departamento de Educación y Cuidado de la Infancia de la localidad el pasado 8 de septiembre, en la que se compartían algunos criterios a tomar en cuenta para sacar a los libros del catálogo. El principal de ellos, contemplar que un acto sexual es todo aquello que tiene una clara naturaleza sexual como la masturbación, la penetración vaginal o anal, el contacto con fines sexuales en diferentes partes del cuerpo, la eyaculación, el uso de órganos sexuales artificiales o cualquier otro sustituto con el que se pueda tener contacto sexual.
Además, a diferencia de intentos anteriores, encabezados por la premier de la provincia, Danielle Smith, del Partido Conservador Unido, se sugirió que como contenidos no sólo se tomaran en cuenta los textos, sino también las ilustraciones gráficas, desde fotografías hasta dibujos, y se exigió llevar a cabo la depuración en cuanto antes, debido a que una disposición anterior, de junio, no se había cumplido en todas las ciudades de la entidad canadiense. En este caso, las novelas gráficas han sido el principal objeto de censura de las escuelas.
Con esta disposición, se pidió a las escuelas que a partir del 5 de enero de este año ya no hubiera materiales con este tipo de contenido disponibles en las estanterías de las bibliotecas escolares de la provincia, lo cual, de acuerdo con una investigación de la CBC, medio de comunicación público canadiense, provocó que, al menos, 166 fueran retirados y cancelados para su consulta.
Entre estos destacan “El cuento de la criada” de Margarte Atwood, “Juego de Tronos” (en su versión gráfica), “Edad de Bronce”, “1984” de George Orwell (novela gráfica), la colección del manga “Black Bird”, los volúmenes del cómic “Walking Dead”, además de libros relacionados directamente con temática LGBT o de corte feminista.
Estados Unidos
De acuerdo con PEN America, organización de la sociedad civil que trabaja desde la intersección de la literatura y los derechos humanos para proteger del derecho a la libertad de expresión en territorio estadounidense, en el último año y medios se ha prohibido la consulta de más de seis mil libros en las bibliotecas de las escuelas públicas de los Estados Unidos.
Una cantidad inusitada en la historia de la nación, derivada de una serie de factores políticos y sociales como el comienzo del segundo período presidencial de Donald Trump, la irrupción de un sinfín de grupos con diferentes posturas con respecto a temáticas de derechos humanos e igualdad de género, la aprobación de algunas leyes en contra de las poblaciones LGBTIQ+ y la igualdad de condiciones de todas las personas y la cancelación de algunas otras aprobadas por gobiernos anteriores a favor de la libertad de expresión y de pensamiento, la igualdad y la no discriminación.
PEN America ha detectado un “ataque persistente en contra de las identidades LGBTIQ+ al considerar que los libros sobre la temática son sexualmente explícitos” por lo que se promueve su censura en las bibliotecas escolares, con mayor énfasis en las de algunos estados de la Unión Americana en particular.
La misma organización reportó que, entre estos destacan Florida, con dos mil 304 prohibiciones, seguido por Texas, con 1781; Tennessee, mil 622; Idaho, 150 e Iowa, 113. Aunque, en otros 28 estados, aún no hay registros de libros censurados en las bibliotecas escolares.
Hace 25 años, en nuestro país, el entonces secretario de Trabajo, Carlos Abascal cuestionó el contenido de la novela “Aura”, de Carlos Fuentes, debido a que en la escuela de su hija era una lectura obligatoria en el tercer grado de secundaria, y él consideraba que contenía escenas sexuales explícitas, no aptas para adolescentes. El resultado fue el retiro del libro de las lecturas del colegio de la hija del funcionario, el cese de la maestra involucrada y el incremento de las ventas de una novela que, en aquel entonces, estaba próxima a cumplir medio siglo de su primera edición.
Lo mismo ha ocurrido con algunos de los libros ahora censurados en otros países, sus ventas se han incrementado, al igual que el interés por convertirlos en series o películas o evadir la censura a través de archivos PDF en internet, sin duda, un reflejo más de que la insistencia en negar la realidad de un mundo diverso, con necesidad de ser más igualitario y más incluyente, sigue siendo superada por la creatividad.
