La guerra en Medio Oriente está cobrando tintes de estar saliéndose de lo inicialmente calculado por Estados Unidos e Israel, no sólo porque la contienda se ha prolongado más de lo “deseado” sino por las implicaciones globales que está generando la confrontación.
Irán le ha asestado un duro golpe a los Estados Unidos y a todo el sistema financiero y económico mundial que está resintiendo no sólo el cierre del estrecho de Ormuz, las afectaciones a los distintos centros de producción de petróleo están prácticamente destruídos y por consecuencia paralizados acausa de los bombardeos iraníes a los países vecinos de la región.
Hasta el momento, se estima que al menos 44 refinerías han sido dañadas por los bombardeos en la región entre las instalaciones de Israel e Irán que están impactando la producción de petróleo pues se calcula que se están dejando de producir unos 11 millones de barriles diarios de petróleo que, sumados al cierre de la circulación de buques petroleros por el estecho de Ormuz, están impactando los precios del energético ante la posibilidad de un desabasto global.
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Estas afectaciones están golpeando los mercados financieros pero sobre todo, comienzan a generar ya estragos en las diferentes cadenas de suministros que demandan el consumo de hidrocarburos para la producción industrial en diversos países, es decir, la crisis energética no sólo está generando un desabasto de combustibles que ya afecta a algunos países así como a las aerolíneas que reportan escasez de turbosina.
La afectación no para ahí, el petróleo en un commoditie de la industria petroquímica que además de producir fertilizantes, también suministra componentes para la producción del acero y aluminio insumos que también están reportado aumento de precios debido a la crisis energética provocada por la guerra contra Irán.
El golpe de Irán a los Estados Unidos y a Israel en esta guerra radica justamente en el caos que los ataques a las refinerías está generando en los mercados financieros que presentan alta volatilidad, además de desabasto de combustibles en varios países, retraso en la entrega de suministros, falta de derivados petroquímicos para industrias como el acero y aluminio, alimentos, farmacéutica, automotriz y aeroespacial entre otras.
Irán golpeó el epicentro de los negocios globales ya que el peaje en el estrecho de Ormuz hoy se está pagando con yuanes y no con dólares, esto no es cosa menor pues amén del impacto que hoy tiene en la moneda norteamericana, una de las condiciones iraníes para detener la guerra es mantener la administración del peaje de estrecho lo cual de llegar a suceder, generaría un cambio profundo en las operaciones financieras e intercambio comercial a nivel mundial.
Estas condiciones son parte de la urgencia de Trump por detener el intercambio de bombardeos pues de prolongarse las hostilidades, no sólo el sistema económico global se estaría acercando a un potencial desabasto energético, pues no sólo es el petróleo, también Gas LP y Gas Natural e incluso el carbón están registrando aumento de precios ante el desabato petrolero, los efectos de agudizarse este escenario ya son evidentes con una inflación mundial que podría generar una recesión global sin precedentes.
Para el gobierno de Trump, esto sería catastrófico no sólo por registrar niveles de inflación no vistos en la economía norteamericana que en marzo reportó un incremento de los precios al consumidor del del 4% pues en algunas ciudades como San Diego, el precio de la gasolina alcanzó los 7 dólares el galón, sino porque está afectando a muchas empresas de su país.
Y mientras estos incrementos ya son evidentes en prácticamente todos los países del orbe, Israel y Estados Unidos siguen bombardeando instalaciones estratégicas de Irán. Al cierre de esta entrega, el precio del barril de petróleo West Texas Intermediate en los mercados internacionales se ha incrementado desde el día previo al inicio de la hostilidades 73%, el Brent 52%, el aceite de calefacción 69% y el Gas Oil 102%.
Hoy, las hostilidades parecen estar al borde de salirse de todo control ante las amenazas y advertencias de Trump para que Irán abra el estrecho de Ormuz, coerción que los iraníes han rechazado ya en más de una ocasión. Es muy difícil prever lo que vendrá en los siguientes días, pues para cuando esta entrega esté en manos del lector, se habrá cumplido el plazo de Washington antes de “desaparecer a toda una civilización” como lo prometió Trump.
Lo cierto es que en esta volatilidad financiera, energética y económica que se está configurando, hay ganadores y vencedores, cierto, lo mercados financieros están viviendo fuertes eventos de volatilidad pero los grandes fondos de inversión principalmente de origen estadounidense, están ganando en este maremagnum de incertidumbre pues son quienes marcan el ritmo de las salidas y las compras en los mercados bursátiles, no en la bolsa de Nueva York, en prácticamente todo el mundo pues, las petroleras norteamericanas y europeas así como países como Rusia, México, Venezuela, Colombia y Brasil, están recibiendo ingresos extras por los altos precios del petróleo, mientras que las exportaciones de Irán pese al conflicto continúan en marcha enviando el energético a China y la India principalmente, así como a los países de Asia Pacífico.
El problema vendrá cuando los inventarios no sólo de Irán también de los Estados Unidos comiencen a mermar, pues en el primer caso, las afectaciones a sus refinerías así como las atacadas en los países de la zona, no se repondrán en el corto plazo de las afectaciones y daños a la infraestructura para seguir refinando hidrocarburos mientras que en norteamérica, la extracción de llamado gas shell es cada vez más costoso y con procesos más complicados y tardados lo cual hace más caro a ese tipo de energético.
En ese escenario, Rusia, Noruega y Nigeria, así como los países latinoamericanos podrían tener una ventana de oportunidad para aumentar su oferta ante una demanda que irá creciendo conforme avancen los meses y los daños a las infraestructuras petroleras de Medio Oriente hayan sido evaluadas con exactitud. El asunto es que esa oferta no será suficiente.
Por ahora, fiel a su estilo, Trump intenta por medio del discurso coercitivo, intimidatorio e incriminador derrotar a un adversario que rompió con todos los cálculos realizados cuando en la Casa Blanca se dio la orden de atacar Irán. Lo que está en juego no es sólo derrocar un gobierno indeseado para Washington sino el futuro del planeta en los próximos cien años.
Aquí hablamos ya mucho sobre la guerra energética que se venía y hoy, ya no debe haber duda para nadie que la guerra es por el control de los energéticos, Trump lo ha declaró en más de una ocasión en tono arrogante y descarado que lo que les interesa es hacerse con los recursos energéticos de Irán y recientemente señaló que el “ganador”de esta guerra, se queda con “todo” haciendo alusión a la riqueza energética del país persa.
Derrotar a Irán significa firmarle una carta abierta a Israel para hacer su voluntad en Oriente Medio y expandir sus fronteras anexandose no sólo la totalidad de Palestina, sino territorios como Cisjordania, el Líbano, Siria y hasta Egipto, lograr esto, sería la mayor carta de entrada para que los Estados Unidos occidentalicen una región que siempre han soñado con dominar.
Así que la derrota de Irán no sólo supone acabar con una forma de gobierno, sino un cambio en el poder geopolítico mundial, de suceder, entonces se confirmaría lo que Trump y Washington suponen, que son el país omnipotente y único para gobernar el planeta y eso significaría que el resto de los países, incluídos China y Rusia, siguieran las pautas marcadas por Estados Unidos e Israel. El asunto es que eso no sucederá pues entregarle a occidente Irán, sería arrodillarse y el juego del tablero mundial apunta a que nos dirigimos a un mundo multipolar, así que, los norteamericanos están jugando con fuego con su deseo de arrasar a Irán.
