Se cumplió ya un mes del inició de los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán, la llamada operación “Furia épica” ya fracasó no porque los bombardeos contra el país persa no hayan inflingido daños significativos sino, porque el plan tenía previsto que la intervención militar sólo duraría cinco días.
La guerra de misiles se ha tornado en una franca confrontación económica pues tanto Irán como Israel y Estados Unidos están atacando objetivos esenciales que en breve comenzarán a evidenciar efectos económicos no sólo en sus respectivos sistemas económicos sino en el sistema del comercio mundial.
El primer ejemplo de esto por supuesto es el incremento de los precios del petróleo y del gas a nivel mundial, situación que tiene sus pros y sus contras específicamente para Irán y que con el cierre del estrecho de Ormuz, los navíos que cruzan por esta vía marítima, deben pagar el habitual peaje en pretroyuanas contra lo que sucedía antes de la guerra que se pagaba en petrodólares. Ese simple hecho junto con la subida de los precios internacionales del petróleo, le dejan mayores dividendos a Irán y de paso, importantes márgenes de beneficios económicos para China.
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Los bombardeos a refinerías y centrales nucleares tanto en Irán como en Israel, amenazan con generar una crisis energética global que llevaría a la economía mundial a una especie de parálisis cuando países como Tailandia, Indonesia y Malasia comienza a reportar escasez de combustibles mientras que, en los mercados financieros, los operadores de fondos hacen su mayor esfuerzo mediante la especulación, por mantener el precio del barril de petróleo menor a los 110 dólares.
Una crisis energética que no sólo afectaría la producción de combustibles que ya está ocurriendo, también derivaría en un incremento de las tarifas de energía eléctrica, encarecería los costos logísticos debido a los bloqueos y junto con la destrucción de refinerías y pozos petroleros, mandaría por los cielos los precios de los fertilizantes encareciendo el precios de los alimentos en todo el mundo.
Pero en este mar de factibles escenarios, el aumento de las tarifas eléctricas no sólo impactaría el consumo de electricidad en los hogares, el mayor impacto estará en los centros de producción que demandan gas y petróleo para mantener en funcionamiento sus plantas industriales, el efecto de ello si la guerra se agudiza y se prolonga, sobre todo con la destrucción de los centros esenciales energéticos de los países de Oriente Medio, derivará en una nueva espiral inflacionaria y una crisis económica global sin precedentes.
Los gestores de fondos de inversión están jugando un papel importante en este momento de crisis bélica pues la disposición de liquidez para salir de posiciones de riesgo en los mercados financieros se puede convertir en un problema toda vez que los inversionistas, principalmente los dominantes, están saliendo del mercado antes de que estalle una mayor crisis bélica y financiera. Hasta antes de esta entrega, al menos cinco bancos y fondos de inversión en Europa y los Estados Unidos, han restringido los retiros de sus inversionistas haciendo suponer un riesgo de quiebre por falta de liquidez de dichas instituciones.
Amén de eso, lamentablemente, la mayoría de los medios de comunicación occidentales, están manejando esta narrativa como el principal foco de afectación de la guerra impulsada por Israel y a la que Estados Unidos se sumó como parte de una estrategia por controlar la producción de petróleo en Irán como ya lo ha reconocido Donald Trump bajo su más cínico y mordaz estilo de retórica. Nos encontramos ante la deshumanización del mundo en donde se privilegia la narrativa de las afectaciones económicas por sobre la muerte de miles de personas tanto en Irán como en Israel, mientras que la armada estadounidense se empeña en negar y esconder a sus muertos en esta guerra.
Está claro que detrás de este conflicto, existe un interés más allá de sólo llevar la “democracia” occidental a una región con una cultura que de este lado del planeta no sólo no se respeta, simplemente no se entiende. Una región que ha sido violentada con la entrada de occidente hace poco más de cien años y que inició una guerra que en este momento estamos presenciando quizás, su punto más alto desde que se plantearon el objetivo de construir lo que llaman el “Gran Israel”.
La censura global para criticar cualquiera de los actos belicistas y de abuso de poder de Israel en Medio Oriente, está presente en prácticamente todos los rincones y grandes instituciones del planeta, nadie se puede pronunciar abiertamente contra el genecidio perpetrado por Israel en Palestina y tampoco nadie puede cuestionar el ataque desmedido contra el Líbano que en este momento está ocurriendo por parte del ejército israelí que tiene por objetivo, anexarse buena parte de la franja sur de ese país o, la casi ocupación total que están llevando a cabo en Cisjordania. Quien se atreve a cuestionar esa política expansionista y belicista del gobierno de Israel, es inmediatamente tipificado como antisionista.
Pero en este espacio no pensamos eludir la responsabilidad de señalar que el actual gobierno de Israel es genocida, colonialista y belicista, debemos apuntar que parece no ser casualidad que el pueblo “elegido por Dios”, por segunda vez en la historia reciente, es el actor principal de una conflagración mundial aunque la actual aún no se reconozca como tal aunque que estamos en la antesala de una guerra generalizada pues detrás de Irán están China y Rusia asistiendo con inteligencia y tecnología contra Estados Unidos e Israel y del otra lado, están aunque veladamente, los gobiernos de Reino Unido y Francia para atacar Irán.
La guerra contra Irán está cerca de salirse de control y de convertirse en una guerra global abiertamente, las hostilidades alcanzarían un nivel que llevaría al gobierno de Netanyahu y de Trump a pensar en utilizar armas nucleares contra Irán no porque el pueblo iraní esté gobernado por terroristas, sino porque la resistencia del pueblo persa colocaría contra las cuerdas a sus contrincantes que lo han subestimado y ante una inminente desventaja, el estado israelí implementaría la planeada y llamada “Operación Sasón” que significaría arrasar con su arsenal nuclear, toda la región de Oriente Medio en caso de verse superado por los enemigos que su invasión creó en Medio Oriente.
Estamos ante un escenario en el que desde la Casa Blanca, se promueve una narrativa de este conflicto como si de un guión de Hollywood se tratará, mientras que los medios de comunicación, priorizan el “precio del petróleo” por sobre las vidas humanas que se están perdiendo y se seguirán perdiendo en medio de esta feroz confrontación de misiles entre ambos bandos.
